La prohibición de llevar móviles a las aulas debe analizarse considerando varios factores que van desde lo pedagógico a la seguridad de los menores.
Brújula Digital|08|01|26|
El lunes 5 el Ministerio de Educación emitió una resolución que, entre otros puntos, establece la prohibición del uso de celulares en aulas, tanto por parte de los estudiantes, como de los profesores, y recalca que, si se lleva el dispositivo a la unidad educativa, se lo debe dejar en la dirección.
La determinación generó diferentes reacciones, aunque primaron las positivas, según se vio, por ejemplo, en un sondeo de opinión realizado en las redes sociales de Brújula Digital. Al tratarse de un tema que trasciende lo disciplinario, educativo, comunicacional e incluso roza aspectos de control y seguridad, este medio se contactó con una especialista que ayuda a reflexionar estas y otras aristas.
La psicopedagoga Karin Escarleth Arce Yamaca opina, respecto a la determinación, que “es algo de doble filo”. A favor del uso de celulares por estudiantes, recalca “que muchos de los adolescentes y niños hoy por hoy son ‘nativos digitales’; es decir que prácticamente han nacido con la tecnología y tienen altas capacidades para su manejo”, por lo que se justificaría el uso guiado y funcional de estos aparatos. Pero a la vez, la experta recomienda que los profesores deben estar capacitados para estar a la altura en el manejo de las tecnologías de información y comunicación (TIC), “ya que ahora hay un montón de recursos pedagógicos para enseñar desde álgebra hasta comprensión lectora”, a través de aplicaciones e internet.
En ese sentido, Arce afirma que se debería considerar el uso de estas herramientas en las aulas, pero de la mano con una formación crítica para que los menores tomen consciencia y no recurren a lo fácil: la copia o el mal uso de la inteligencia artificial. También propuso algunos mecanismos para controlar el buen uso de los teléfonos móviles, y puso como ejemplo normas de algunos países de Europa en los que las escuelas tienen lugares seguros para que los estudiantes guarden sus móviles y los recuperen solo en momentos específicos, para usarlos en tareas bajo supervisión. El texto emitido por autoridades bolivianas, ya especifica que, si se lleva el equipo, se lo deje en dirección; pero hacen falta especificaciones y reglamentación.
En cuando a la parte negativa, la especialista advierte que el uso excesivo de pantallas “genera problemas cognitivos en la capacidad de atención y memoria”, por lo que los padres juegan un rol importante para establecer reglas y límites.
Por otro lado, la psicopedagoga hizo notar también que la regulación podría tropezar con temas coyunturales y emergencias: clases a distancia por epidemias o conflictos sociales, situaciones que se presentaron no pocas veces en los últimos años. Si se limita el acceso a celulares en las aulas, ¿cómo pedirles a los alumnos que luego se valgan de ellos en estos casos excepcionales?
A manera de conclusión, Arce apunta al equilibrio y planificación: que no se admita uso irrestricto, pero que tampoco se lo limite por completo. A fin de cuentas, los móviles son a veces necesarios incluso para el monitoreo y control por la seguridad de los menores.
“Es una buena idea la de que los colegios tengan lugares para guardar los celulares (…) para que los papás se sientan seguros de que, al final del periodo de clases, sus hijos van a tener su teléfono y se van a poder comunicar con ellos”, concluye.
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