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Sociedad | 06/01/2026   06:59

|CRÓNICA|Los Andes, un cruce aparentemente imposible|Stefan Gurtner|

El autor relata su paso por la región del Aconcagua y recuerda el histórico cruce de los Andes liderado por José de San Martín en 1817. Describe la dureza de la travesía, su impacto decisivo en la independencia sudamericana y el rol poco reconocido del general.

El paso de los Andes, óleo de Franz Van Riel (1848)/Museo del Regimiento de Granaderos a caballo, Buenos Aires.
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Brújula Digital|06|01|26|

Stefan Gurtner

En este y sus próximos artículos, el autor compartirá algunas impresiones sobre los lugares que visitó durante su viaje terrestre de más de 5.000 kilómetros, desde Bolivia hasta Tierra del Fuego, y que consideró especialmente interesantes desde el punto de vista cultural e histórico. 

Nuestra primera estadía más prolongada fue en el norte de la zona fronteriza entre Argentina y Chile, concretamente en la región del Aconcagua, que con sus 6.961 metros es la montaña más alta de las Américas y del mundo fuera de Asia.

Poco antes del túnel del Paso Cristo Redentor, que hoy une a ambos países, se alza un busto del general José de San Martín. Durante la guerra de la Independencia contra los españoles, en 1817, él y sus 5000 soldados cruzaron por aquí los Andes en una marcha forzada considerada imposible, sorprendiendo y derrotando al ejército colonial español que se encontraba acantonado en Chile.

Conviene recordar que antes, el avance de los patriotas venezolanos, colombianos y argentinos –que ya habían proclamado su independencia y perseguían la liberación de toda Sudamérica– se había estancado. Simón Bolívar, la otra destacada figura de aquellos acontecimientos, se encontraba en el norte del Virreinato del Perú (el actual Perú y Bolivia), y San Martín en el sudeste. Ninguno de los dos se animó a atacar directamente el bastión que los españoles habían levantado en torno al estratégico y económicamente vital cerro de plata de Potosí.

Qué esfuerzos y qué penalidades tuvieron que soportar las tropas para realizar esta travesía se describe de forma cruda en una página de Internet del gobierno argentino titulada “Los soldados del Ejército de los Andes”:

A comienzos de 1817, todo estaba preparado para el Cruce de los Andes. Largas columnas del ejército comenzaron el ascenso en el mes de enero por seis pasos diferentes para distraer al enemigo… En la alta montaña, los soldados comían una carne salada y secada al sol, llamada charqui, que mezclaban con harina de maíz y agua caliente; una ración de queso y galletas. Para soportar el frío y evitar el apunamiento los soldados bebían vino y comían cebollas y ajos crudos… Acampaban a cielo abierto y sin carpas en lugares que parecían seguros, muchas veces bajo la lluvia o la nieve, los fuertes vientos de la cordillera y las muy bajas temperaturas de la noche. Aunque les hubiera ayudado a combatir el frío, evitaban prender fuego para no ser descubiertos por el enemigo. 

El agotamiento extremo era muy frecuente entre los soldados… San Martín calculaba que muchos caerían enfermos durante el cruce por el excesivo cansancio, la mala alimentación o la dificultad para adaptarse al clima. Los enfermos y heridos iban recostados en camillas. El mismo San Martín se enfermó en diferentes oportunidades y fue trasladado de esa manera. El ejército tardó entre 20 y 30 días en atravesar los Andes.

“Lo que no me deja dormir es, no la oposición que puedan hacerme los enemigos, sino el atravesar estos inmensos montes”, había dicho el general en una ocasión previa a la partida.  Sin embargo, con eso no bastaba. Avanzó hacia el norte hasta llegar a Lima, donde en 1821 proclamó la independencia del Perú. El virrey La Serna se vio obligado a retirarse a las montañas. 

Un año después, San Martín y Bolívar se reunieron en Guayaquil, en la actual Ecuador. Hasta hoy se debate qué ocurrió exactamente entre ambos generales y cómo se desarrolló la conversación. Lo cierto es que el primero puso sus tropas bajo a disposición de Bolívar y se retiró de la guerra. Su decisión se debió probablemente tanto a diferencias de criterio sobre la estrategia militar y política a seguir como a la negativa del gobierno argentino a sostenerlo económicamente.

El ejército unificado, apoyado por brillantes oficiales como Sucre, Santa Cruz y O’Connor, derrotó en 1824 al último ejército colonial español en las batallas de Junín y Ayacucho, consolidando así la independencia definitiva del Perú y de Bolivia, el antiguo Charcas o Alto Perú. Como es sabido, Bolivia al constituirse en República, eligió su nombre en agradecimiento al Libertador Simón Bolívar, aunque había sido primera en iniciar en 1809, la lucha emancipadora y en debilitar al poder colonial mediante una persistente guerra de guerrillas.

A menudo, tampoco se reconoce en su justa medida el papel de San Martín en estos acontecimientos. La historiadora Teresa Gisbert, en su libro Historia de Bolivia, apenas dedicó una frase a este acontecimiento: “Atravesó la cordillera con su ejército y penetró en Chile, donde venció a los realistas en las batallas de Chacabuco (1817) y Maipú (1818)”.

Sin embargo, el cruce de los Andes puede compararse con las travesías alpinas de Aníbal y Napoleón, tanto por la proeza estratégica y logística como por el enorme esfuerzo físico exigido a oficiales y soldados. Con la diferencia de que los dos primeros actuaron con fines de conquista, mientras que San Martín buscaba liberar a los pueblos de su continente— lo que logró.

Stefan Gurtner, director de teatro, es escritor y miembro de PEN Bolivia





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