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Sociedad | 06/12/2025   10:43

La trinchera periodística de Amalia Pando: de radios clausuradas a la cocina desde donde hoy hace sus programas

La periodista boliviana relató en su discurso de aceptación las amenazas, campañas de difamación y clausuras de medios que enfrentó por sus investigaciones sobre corrupción y poder. En el evento, organizado por la Asociación de Periodistas de La Paz, también se entregaron medallas y premios por distintas categorías.

Amalia Pando/APG
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Brújula Digital|06|12|25

En un emotivo y muy aplaudido discurso al recibir el Premio Nacional de Periodismo, Amalia Pando narró las múltiples formas de persecución y censura que enfrentó a lo largo de casi cinco décadas de carrera periodística, marcadas por investigaciones que incomodaron tanto a mafias como a gobiernos.

Con varias alusiones a su hijo José Manuel, fallecido de un infarto hace un año, Pando hizo un recorrido de su carrera; durante los 40 minutos de discurso improvisado, hubo atención total del público.

En el evento, organizado por la Asociación de Periodistas de La Paz, también se entregaron medallas y premios por distintas categorías. 

La galardonada reveló cómo, tras ser expulsada de varias radios, terminó produciendo sus programas desde su casa, un giro que, gracias a las tecnologías, considera la liberación del periodismo de las ataduras del poder y la pauta publicitaria oficial.

“Siempre fui un éxito periodístico, pero un desastre comercial al mismo tiempo”, confesó Pando ante la audiencia reunida para la ceremonia de premiación.

Pando atribuyó su “olfato periodístico” a su formación política, producto de más de una década de militancia en el trotskismo. “Esa militancia forma, disciplina, consolida una ética y da una perspectiva política”, explicó, señalando que tras la caída del Muro de Berlín se dedicó al periodismo.

La periodista destacó el papel fundamental de tres mentores que la protegieron y le dieron libertad profesional: el padre José Gramunt de Moragas, el padre Eduardo Pérez Iribarne, ambos de radio Fides, y Carlos Mesa, en PAT. 

“Me metí en mil líos, me enfrenté a los chinos, a los italianos, a la policía, a la corrupción; me perseguía todo el mundo, y mis directores me defendían”, recordó.

La mafia italiana y la campaña de difamación

Una de las investigaciones más peligrosas de su carrera fue sobre la mafia italiana y los casinos ilegales en Bolivia. Pando descubrió que los casinos tenían relación con el lavado de dinero y un diputado nacional.

La revancha no se hizo esperar. El diputado involucrado contrató medios de comunicación para una campaña de difamación. “Guerrillera, subversiva, terrorista. Vendían revistas impresas solo con mi foto con una metralleta. Las vendían en las cuatro esquinas de la plaza de Santa Cruz. Durísimo”, relató. Ello se originaba en el hecho de que Pando estudió en Chile, y militó en organizaciones de izquierda, durante los años del gobierno de Salvador Allende. De allí surgió la falsa versión de que era buscada por actos de terrorismo. 

Para desmentir las acusaciones de ser “buscada en Chile”, Pando viajó con la delegación del entonces presidente Tuto Quiroga y se filmó con un policía chileno preguntándole si era buscada. La estrategia funcionó y la campaña en su contra perdió fuerza.

Censura sistemática del gobierno de Evo Morales

Pando narró cómo el gobierno de Evo Morales buscó silenciarla de manera sistemática. Tras diez años en Erbol, la radio recibió un ultimátum: “¿Quieren publicidad? Tienen que sacar a Amalia Pando”. El gobierno retiró toda la publicidad, incluyendo la de ONG, hasta que Pando renunció.

Su siguiente intento en Radio Exitosa terminó antes de comenzar. A las 8:59 de la mañana del día de su debut, cortaron la luz y llegó un grupo de funcionarios de la ATT a clausurar la radio. “Los chicos eran unos pobrecitos; cuando me ven ahora, cruzan a la acera de enfrente”, lamentó.

En radio Líder de la Gobernación de La Paz, Pando lideró la campaña por el “No” para el referéndum de 2016. “Yo parecía loquita: 'Hay que votar por el No'“, recordó. Su pronóstico fue acertado, pero la victoria tuvo consecuencias: el entonces gobernador Félix Patzi, que supervisaba la radio, negoció su salida a cambio de que su partido obtuviera personería jurídica.

Desde radio Cabildeo, transmitiendo por internet desde la Asamblea de Derechos Humanos, Pando relató la caída de Evo Morales en 2019. “Cuando vi que en las discotecas de El Alto se bailaba y cantaba 'Evo, Evo, cabrón', dije: este gobierno no tiene vuelta”, afirmó.

El 10 de noviembre de 2019 narró en vivo la llegada de las flotas de simpatizantes opositores, la balacera promovida por los evistas, el pedido de las Fuerzas Armadas y la renuncia de Morales. “Era fiesta. Salimos a las calles a abrazar policías”, recordó, aunque luego tuvo que ocultarse cuando llegaron grupos masistas a su barrio.

Sin personal ni presupuesto, cerró radio Cabildeo en diciembre de 2019 y se refugió en las redes sociales. “Ahora hago mis programas desde mi cocina. Y ha sido fantástico. Ese ha sido el factor que salvó al periodismo”, declaró, señalando que las redes liberaron a los periodistas de depender de gobiernos y patronos.

Un premio dedicado a las madres

Pando dedicó el galardón no a su hijo José Manuel, a quien le dedicó “su vida”, igual que a su nieta Kiara, sino “a las lágrimas de las madres que han enterrado a sus hijos”. Mencionó a las madres de las 419 mujeres asesinadas en Bolivia en los últimos cinco años, las 70.000 personas muertas en Gaza, los soldados caídos en Ucrania, los muertos en Israel y los 275 periodistas asesinados entre 2024 y 2025.

“Creo que las lágrimas de esas madres deben sensibilizarnos. Deben marcar la pauta de nuestro trabajo periodístico. Para eso estamos. Y este gran premio es para ellas”, concluyó.

Otros premios

Prensa: Fátima Molina, por su crónica “Una pesadilla llamada Tomonoco, 50 años después”, publicada en Brújula Digital.

Prensa, mención especial: Por la investigación periodística que destapó el caso Botrading.

Radio: “Madres encarceladas, infancias condenadas”, de Nicolé Laura Vallejos y Omar Escobar, difundido por Erbol.

Televisión: “Crisis penitenciaria y el abuso de la detención preventiva en Bolivia”, de Mari Luz Vaca y Carlos Hinojosa, difundido por Abya Ayala.

Documental: “Minería ilegal de oro en Yanacachi: de ataques a defensores del medio ambiente a la criminalización de productores de flores”, de Jimena Mercado y Adriana Gutiérrez, difundido por ANA.

Documental, mención honrosa: “Memorias de mi cámara”, de Elvis Freddy, difundido por Radio Universitaria.

Periodismo digital: “El millonario desvío de diésel en la minería del oro en la Amazonía boliviana”, de Karen Gil, publicado en la revista La Brava.

Categoría Generación de Oro: Carlos Ossio Amatler, María Eugenia Verástegui, Grover Echavarría y Germán Arauz Crespo.

Medallas:

Medalla Bautista Saavedra, en defensa de los intereses públicos, para Helga Velasco.

Medalla Daniel Sánchez Bustamante, por la formación de periodistas, para Judith Prada Ribera.

Medalla Franz Tamayo, por creación intelectual, para José Luis Aguirre.

Medalla Eduardo Pérez Iribarne, por desempeño sobresaliente en innovación y gestión en medios periodísticos, para S. J. Sergio Montes.

Medalla Huáscar Cajías, al profesional sobresaliente de las nuevas generaciones, para Joaquín Martela.

Medalla Ana María Romero de Campero, por defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos, para Amparo Carvajal y Guider Arancibia.

Medalla Adela Zamudio, por trayectoria profesional, para John Arandia, José Manuel Loza y Freddy Flores.

BD/RPU





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