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Política | 12/09/2023

OPINIÓN| La "nostalgia" de la izquierda | Miguel Papic |

OPINIÓN| La "nostalgia" de la izquierda | Miguel Papic |

Presidentes de la región conmemoran en Santiago 50 años del Golpe de Estado contra el Gobierno democrático de Salvador Allende. EFE/ Elvis González

Brújula Digital |12|09|23| 

Miguel Papic

El término "nostalgia" se deriva del griego, concebido por un estudiante suizo de medicina en el siglo XVIII. Simboliza el anhelo profundo de un hogar o una época que tal vez nunca existió o que ya no está presente. Es una emoción de pérdida y desarraigo, un coqueteo con una fantasía personal. Un médico de aquella época describió la nostalgia como un "mal del corazón" alimentado por sus propios síntomas.Reflexiono sobre esto al pensar en la conmemoración de los 50 años del término del gobierno de Salvador Allende en Chile. Esta conmemoración parece alejarse de ser un acto reflexivo y sobrio, adecuado para un periodo tan sombrío en la historia chilena. En lugar de ello, se ha llenado de ceremonias, declaraciones y conferencias que parecen más propias de una celebración nacional que de un recuerdo triste.

Sin embargo, el 11 de septiembre de 1973 en Chile fue una jornada marcada por la violencia y la disrupción del orden civil. Representó un retroceso en la civilización, dando paso a un régimen respaldado por muchos, pero que impuso su visión mediante la coacción, sacrificando la dignidad humana con torturas y crímenes. Sin entrar en el debate de si era la única vía para estabilizar un país sumido en revoluciones importadas, no olvidemos que siempre existen alternativas antes de recurrir a la violencia, los secuestros y encarcelamientos que violan el debido proceso.

En estas conmemoraciones percibo un intento de revivir una nostalgia, de reimaginar un pasado; anhelando un tiempo diferente, quizás una infancia idealizada y supuestamente más feliz. Se intenta regresar al pasado como si se pudiera habitar, olvidando que el tiempo es irreversible.

Me pregunto dónde más en nuestra región se vende bien esta nostalgia, y pienso en varios casos: en el mito de Evita y sus descamisados de Argentina, en Fujimori y su orden a ultranza, en el mito de la revolución cubana y esos jóvenes apuestos y barbones que bajaron desde la Sierra Madre para liberar a su pueblo, pero por sobre todo pienso en la adoración a Bolívar que el chavismo-madurismo ha envasado como realidad anterior innegable, presentando al prócer como remedio universal para curar desde la impotencia masculina hasta las arcas del Estado. Bolívar, el William Wallace de la emancipación, no puede sino ser alto, mediterráneo, culto, incansable jinete, que cruzó a galope feroz en días lo que otros solo lograron en semanas. Parece personaje de cinematografía, un Russell Crowe cabalgando de vuelta a su hogar en Gladiador. Un personaje de una realidad envasada y con atractiva presentación. 

Me pregunto cuánta de esta nostalgia nos hemos comprado en nuestro continente y cuánto, en cambio, nos ha costado sacrificar la realidad objetiva. Recuerdo en los días del estallido social en Chile, cómo locatarios y pequeños emprendedores lo perdían todo a manos de turbas que en otros momentos de las protestas entonaban el derecho de vivir en paz de un cantautor chileno. Porque una nueva perspectiva del pasado, que permite "revisar" nuestra historia, también influye en cómo vemos el futuro. Estas fantasías del pasado, moldeadas por las demandas del presente, afectan directamente las expectativas del mañana, añadiendo una tinta utópica.

Con su poderoso llamado, la nostalgia promete reedificar ese "hogar ideal" o aquel "instante perfecto". Esta visión, amplificada por una lente ideológica, puede persuadirnos a abandonar la crítica en favor de los lazos emocionales, considerando las aspiraciones no cumplidas del pasado como el esquema para el futuro. 

Reflexiono sobre la narrativa conmemorativa de Chile entre 1970 y 1973. Se insinúa que en esos 1000 días, Chile vivió un renacimiento cultural, científico y social. Diferenciar entre una visión idealizada y la realidad histórica se torna desafiante. Las conmemoraciones deberían ser una oportunidad para empatizar y comprender nuestra historia colectiva.

Las narrativas de nostalgia no siempre son de supervivencia. A menudo son una conquista de espacios y de tiempos, redefinen lugares, los compartimentan a voluntad; ya no son regiones ni departamentos sino territorios donde habitan unos y no otros. Y tiene lógica, el hogar perdido es de unos y no de todos. Entonces aquello que en principio tiene notas de empatía, termina por dividir y causar incordio. 

Al buscar restaurar un pasado idealizado, se prioriza la reinvención por encima de todo, minimizando la importancia del análisis y la reflexión. Esta visión nostálgica no se ve a sí misma como tal, sino como una verdad absoluta. Pienso en la idea de plurinacionalidad tan difundida en discursos oficiales en Bolivia, y me pregunto si tanto insistir en aquella no es un intento por hacer real un anhelo idealizado. 

Para concluir, pienso en la maravillosa obra cinematográfica Utama, que describe el amor y la entrega de una familia, el diálogo intergeneracional y, por sobre todo, la comprensión y aceptación de unos con otros a pesar del territorio. Lo central en la obra no es lo aymara ni el territorio agreste, hostil y bello a la vez, sino la capacidad de encontrarnos y entendernos en la realidad, y sin una nostalgia que nos nuble el entendimiento. 

Miguel Papic es presidente fundador de la Fundación Libertad Humana.



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