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Política | 21/03/2026   00:49

|ANÁLISIS|Una integración global cercana en un nuevo orden global|Victor Rico|

Debemos ser conscientes que, pese a las importantes transformaciones en materia tecnológica, comunicaciones y transporte, y que nos enfrentamos a un mundo inestable e impredecible, la geografía importa.

La Cancillería de Bolivia. Foto ABI. Archivo.
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|Brújula Digital21|03|26|

Víctor Rico

Nos encontramos en un orden global en el que la lógica del poder se impone al mundo de “reglas e instituciones”; en el que las alianzas son flexibles y se reconfigura el mapa geopolítico. America Latina por la polarización y fragmentación imperante aun no define su rol en ese nuevo orden mundial.

Este contexto global, con una disputa hegemónica en proceso y un claro deterioro del sistema institucional multilateral, le exigen a Bolivia el establecimiento de una capacidad estatal estable y un enfoque de pragmatismo estratégico para relacionarse de forma eficaz en el sistema internacional; es decir, disponer de una política exterior que se sustente en los intereses nacionales permanentes pero que, al mismo tiempo, incorpore de manera flexible las tendencias globales y regionales.

Bolivia ha vivido en los últimos 20 años aislada internacionalmente, con una política exterior definida con criterios ideológicos y tutelada desde el exterior.

Con el cambio de gobierno, en noviembre del pasado año, se inicia un nuevo ciclo político que ha generado gran expectativa y esperanza a nivel interno e internacional. 

En el plano internacional, el presidente Rodrigo Paz ha señalado que el objetivo de su gobierno es “llevar a Bolivia al mundo y traer el mundo a Bolivia”. Se trata de dejar atrás el aislamiento y la ideologización, y tener una política exterior que le permita a nuestro país tejer alianzas con beneficios tangibles. 

Una de esas alianzas es con los países vecinos y, en particular, con el Mercosur. La participación del presidente Paz en la firma del Acuerdo Union Europea-Mercosur, en Asunción, y su discurso alusivo a este trascendental acontecimiento, han dado una señal muy clara sobre el compromiso de Bolivia con una integración que funcione en beneficio de los países.

En esa misma línea,  la reunión en Brasilia de los presidentes Paz y Lula, acompañados por una amplia delegación de ministros y empresariosm constituye un acontecimiento de gran trascendencia para nuestro país. La firma de varios acuerdos en sectores  estratégicosm como energía, comercio y seguridadm definen una agenda bilateral sustantiva.

El presidente Lula ha señalado que la integración regional “no es un proyecto ideológico; es una necesidad histórica”, lo cual refleja un cambio respecto del enfoque que se le dio a proyectos como Unasur. Nuestros países no tienen otra alternativa que integrarse para enfrentar un orden global, en el que el multilateralismo y el derecho internacional están relegados y subordinados a la geopolítica y el poder.

Los procesos de integración regional CAN, Mercosur y Aladi, como espacios institucionales con capacidad normativa y una agenda menos política y mas orientada a lo sectorial (integración física, carreteras, trenes y puertos, corredores interoceánicos, migración y crimen organizado transnacional, entre otros temas), hacen que lo territorial sea aún más pertinente. 

Para Bolivia es fundamental establecer prioridades en su relacionamiento vecinal, en función de la importancia de las economías más cercanas y de las potenciales sinergias con agendas internacionales relevantes, como la relacionada con la Amazonia. Vinculando estos elementos con tendencias globales innegables, como la promoción de un comercio basado en productos sostenibles o el desarrollo de cadenas de valor cercanas (demanda cercana, producción cercana), menos vulnerables y más resilientes. 

El reordenamiento de las posiciones globales hace que un mayor relacionamiento vecinal nos pueda ayudar a ampliar nuestra vinculación con las grandes potencias, en particular con Estados Unidos, con las cuales debemos celebrar acuerdos puntuales de preferencias arancelarias para incursionar en mercados maduros habitualmente asociados a mejores precios. 

En este sentido, se plantea el concepto de integración global cercana; es decir, la búsqueda de canales de relacionamiento con el mundo a partir de potenciar las relaciones con los países geográficamente más cercanos. 

Por integración global cercana entendemos una estrategia que inserta a Bolivia en la economía y la política mundial a través del fortalecimiento sistemático e integral de sus vínculos con los países vecinos y geográficamente próximos, aprovechando sus redes ya existentes de comercio, inversión, migración y turismo. 

Uno de los principales activos de nuestro país es su ubicación geográfica y su capacidad de gravitar en el Pacifico, la Cuenca del Plata y el Amazonas.

Pero ese activo geográfico adquiere sentido para el desarrollo del país si se traduce en una presencia activa en los foros regionales, en proyectos de integración física, en nuevos y mayores flujos de exportación, y de poner en valor el potencial en recursos naturales y de biodiversidad de esas cuencas. Ello será posible si articulamos de manera virtuosa la política regional y bilateral.

Los infaltables críticos de la integración y del potencial de los mercados regionales olvidan que cuando se debatía, a finales de la década de los 60 del siglo pasado, el ingreso de Bolivia al Grupo Andino, nadie imagino que 30 años después ese mercado se convertiría en el principal destino del complejo oleaginoso de Santa Cruz. Pero en ese momento no existían los elementos materiales para predecir ese escenario.

Afortunadamente se impuso la visión estratégica de los cancilleres de entonces y del negociador nacional Gustavo Fernández, quien en su libro recientemente publicado La Caravana Sigue señala con claridad: “Insistíamos que si un país necesitaba ampliar mercados para dejar su condición de atraso, ese país era Bolivia, monoproductor de estaño. Que era riesgoso, lo era. Que, era costoso también. Pero, el aislamiento no era una opción”.

Debemos ser conscientes que, pese a las importantes transformaciones en materia tecnológica, comunicaciones y transporte, y que nos enfrentamos a  un mundo inestable e impredecible, la geografía importa. Más aún para un país como el nuestro con limitadas capacidades productivas y tecnológicas.

El gobierno ha dado señales y mensajes muy claros de priorizar las relaciones con nuestros vecinos. En el caso de Chile, las reiteradas expresiones del presidente Rodrigo Paz de apertura y de tener una mirada de futuro, hasta el momento, no han sido correspondidas, más allá de la apertura de zanjas en la frontera.

Victor Rico Frontaura es economista experto en relaciones internacionales.



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