Entender cómo se construyen –y cómo se erosionan– los equilibrios entre economía, política e instituciones es clave para cualquier país que aspire a sostener crecimiento con estabilidad democrática.
|Brújula Digital|19|03|26|
Diálogos al Café
La última edición de Diálogos al Café Marcos Escudero puso el foco en una pregunta que intriga a analistas de toda la región: ¿cómo puede un país crecer mientras atraviesa una profunda crisis política? El conversatorio reunió las miradas de Ricardo Uceda, periodista de investigación y fundador del Instituto Prensa y Sociedad; del politólogo Arturo Maldonado, director de la ccarrera de ciencia política en la Universidad Católica, y del economista Daniel Córdoba, presidente de Invertir.
Ellos abordaron el caso peruano desde el periodismo, la ciencia política y la economía. A partir de esas perspectivas, la discusión permitió entender mejor una de las paradojas más llamativas de América Latina: la convivencia entre inestabilidad institucional y dinamismo económico.
Crecimiento en medio de caos político
Uno de los ejes centrales del diálogo fue precisamente esa aparente contradicción. Perú ha atravesado en los últimos años una sucesión de crisis políticas, con presidentes destituidos, enfrentamientos constantes entre el Ejecutivo y el Congreso y una ciudadanía cada vez más distante de sus instituciones. Sin embargo, a pesar de esa turbulencia política, el país ha logrado sostener durante largos periodos crecimiento económico, estabilidad macroeconómica y niveles significativos de inversión privada.
Los panelistas coincidieron en que este fenómeno no puede entenderse si se observa únicamente la coyuntura política. Durante décadas, Perú construyó un marco económico estable, basado en reglas claras para la inversión, apertura comercial y disciplina macroeconómica. Ese andamiaje permitió que sectores productivos clave –como minería, agroexportaciones y servicios– continuaran operando y generando crecimiento incluso cuando el sistema político atravesaba episodios de gran inestabilidad. En otras palabras, la economía logró adquirir una inercia propia que, al menos por ahora, ha amortiguado el impacto de las crisis políticas.
Sistema político fragmentado y sin anclaje institucional
Si el desempeño económico peruano sorprende por su resiliencia, el sistema político genera la impresión contraria. Arturo Maldonado subrayó cómo el colapso de los partidos tradicionales y la fragmentación del Congreso han producido un escenario de extrema volatilidad política. En lugar de organizaciones partidarias estables, la política peruana se caracteriza hoy por movimientos electorales efímeros, liderazgos personalistas y coaliciones parlamentarias frágiles.
Esta debilidad estructural del sistema de representación explica en buena medida la recurrente confrontación entre poderes del Estado. Presidentes con escaso respaldo parlamentario enfrentan congresos igualmente fragmentados y con incentivos para bloquear o desestabilizar al Ejecutivo. El resultado es una dinámica de crisis recurrentes, destituciones, investigaciones cruzadas y una gobernabilidad permanentemente tensionada.
Ricardo Uceda, desde su experiencia como periodista de investigación, destacó además el papel que han jugado los escándalos de corrupción en el deterioro de la confianza pública. Los repetidos casos que han involucrado a figuras políticas de alto nivel han profundizado la percepción de que las instituciones funcionan más como arenas de conflicto que como espacios de representación democrática.
La resiliencia del modelo económico y sus límites
Daniel Córdoba aportó la perspectiva económica al analizar por qué, a pesar de este escenario político adverso, la economía peruana ha mostrado capacidad de adaptación. Su origen se remonta a la Constitución de 1993, que estableció reglas claras en su capítulo económico, abriendo espacios para un sector privado dinámico, con reglas macroeconómicas estables y una integración importante con los mercados internacionales.
Estos factores han permitido que la actividad productiva continúe avanzando incluso cuando la política atraviesa momentos de gran incertidumbre.
El conversatorio también dejó planteada una pregunta crucial: ¿hasta qué punto puede sostenerse esta separación entre economía y política? Si la crisis institucional se prolonga o se profundiza, el riesgo es que termine erosionando también los fundamentos que han permitido la estabilidad económica.
Consideraciones finales
Más que ofrecer respuestas definitivas, el diálogo permitió iluminar una tensión central en el caso peruano. La experiencia reciente del país demuestra que un modelo económico sólido puede resistir durante cierto tiempo la inestabilidad política. Pero también sugiere que esa resiliencia tiene límites. Cuando las instituciones políticas pierden legitimidad y capacidad de acción, esa fragilidad comienza a proyectarse sobre la economía y el desarrollo de largo plazo.
El caso peruano funciona, así como una advertencia y, al mismo tiempo, como una oportunidad de reflexión para la región. Entender cómo se construyen –y cómo se erosionan– los equilibrios entre economía, política e instituciones es clave para cualquier país que aspire a sostener crecimiento con estabilidad democrática.
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