cerrarSAVE_20260301_150414SAVE_20260301_150414
SAVE_20260314_223345
SAVE_20260314_223345
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
Política | 16/03/2026   02:47

|OPINIÓN|Maternidad: la honestidad en la picota|Jenny Ybarnegaray|

El debate suscitado a propósito de las palabras de Durby ha abierto, por fin, un tema que merece nuestra atención y ojalá que no se cierre, sino que se amplíe en todos los espacios posibles.

La viceministra interina de Igualdad de Oportunidades, Durby Blanco. Foto ABI. Archivo.
Banner
Banner

Brújula Digital|16|03|26|

Jenny Ybarnegaray 

“Estar aquí presente con 32 años y no tener hijos es porque no quiero, o no quería, perder años en casa haciendo un trabajo que no me permita realizar mis sueños. En las comunidades sabemos que son las niñas (las) que hacen el trabajo de cuidado, perdiendo la oportunidad de ir al colegio, de soñar y cumplir sus sueños”, afirmó en un acto por el Día de la Mujer la viceministra interina de Igualdad de Oportunidades, Durby Blanco. ¡Y se encendió la hoguera, como en tiempos de la Inquisición!

El 10 de marzo me pasé alrededor de siete horas debatiendo en el Facebook sobre el tema, hasta agotarme. Empecé escribiendo: 

“Miren no más ¡tamaño zafarrancho! ¡Titulado como “Escándalo: los hijos no permiten cumplir sueños”! (versión de “Sierra TV Bolivia”). Si una mujer, en posición de autoridad pública, admite públicamente que no desea ser madre, le cae encima la granizada de críticas de todo lado y las peores llegan de madres (profesionales) ¿que se sienten aludidas? 

Durby Andrea Bravo ¿les ha dicho acaso que no deberían serlo? ¡No! No les ha dicho eso, sólo ha dicho que ella no quiso serlo. Si decide serlo ¿se la van a cobrar también? Yo, que ya superé la edad reproductiva, tampoco soy madre y cada día me felicito por ello. Ni falta que me hace. Ni siquiera crío mascotas de consuelo. 

Hay millones de formas de ser y estar en el mundo, la maternidad no es destino obligatorio de todas las mujeres y, sean sinceras, a muchas “les tocó” sin siquiera desearlo, muchas quisieron y no pudieron abortar, otras ni siquiera soportan a sus hijos y los maltratan. 

Así es que ¡me alegra mucho escuchar a Durby decirlo abierta y francamente, la felicito! La maternidad debería ser siempre una decisión personal, consciente, nunca un “accidente”; pero, suele suceder y si así es y lo asumen, bien también. 

Mi plena solidaridad con las madres solas o (mal) acompañadas, las que superan obstáculos, las que logran sus metas. Desde ese mismo lugar deberían entender y no juzgar a la que decide no serlo en vez de caerle con sus “modelos perfectos” de vida, que nunca lo son en realidad porque cada una sabe lo que gana y lo que pierde con cada hijo o hija”. 

No voy a reproducir aquí todo el debate que se armó, no hace falta, sólo diré que para mí fue muy esclarecedor sobre el “estado del arte” en materia de juicios y prejuicios acerca de la maternidad. Lo que saco en claro de ello son varias conclusiones que desarrollo a continuación:

La maternidad sigue siendo un mandato patriarcal ineludible para las mujeres, no tanto así la paternidad para los hombres. A diferencia de los hombres sin hijos, a quienes les está permitido elegir el destino que se propongan a sí mismos, en el marco de todas las oportunidades y limitaciones que puedan tener en la vida, en las mujeres sin hijos pesa el estigma de ser/estar “incompletas”, hasta pena les producimos.

Admitir públicamente que no deseamos ser madres resulta ser una afrenta imperdonable para la mayoría de la gente. Alguien me dijo “si no quieren ser madres, es una decisión personal, está bien, pero no tienen por qué ventilarlo públicamente” (palabras más, palabras menos). Es decir, el problema no estaría en la decisión sino en la admisión pública de la misma, quizás porque pone en desequilibrio la balanza, o porque pone en cuestión ese mandato ineludible, obligatorio para las mujeres.

Es evidente que las tareas del cuidado de la familia recaen principalmente en las mujeres, aquí y quizás en todo el mundo. Hubo quien lo puso en números apelando a la tesis de Claudia Goldin, que le valió el Premio Nobel de Economía en 2023, al demostrar que la participación laboral femenina no tuvo una tendencia ascendente lineal, sino en forma de “U” a lo largo de la historia (entre otras conclusiones sumamente interesantes).

Así es que lo afirmado por Durby Blanco tiene respaldo científico y cuantitativo (como gusta más a la racionalidad, prioritariamente masculina) y no es sólo el resultado de una decisión personal subjetiva, egoísta y condenable. 

Esas tareas no empiezan con la maternidad, muchas veces empiezan en la niñez, cuando nuestras madres agotadas nos encargan el cuidado de nuestros hermanos más pequeños, ni terminan en ella, sino cuando asumimos la responsabilidad del cuidado de nuestros progenitores envejecidos, nuestros hermanos con discapacidades, u otros miembros de la familia.

Así es que, de una u otra manera, con o sin maternidad, somos las mujeres quienes principalmente tenemos la tarea de “quedarnos en casa y no poder cumplir nuestros sueños”. 

La honestidad no tiene premio, tiene castigo, y esto vale para cualquier persona en posición de función pública. Preferimos al presidente, gobernador o alcalde  (hombre o mujer) que nos miente y nos dice que “estamos muy bien” aun cuando todos los días comprobamos lo contrario al contar nuestros saldos hasta el fin de mes y saber que no alcanzarán, al caminar por las calles y tropezarnos con la agobiante mendicidad que denuncia lo mal que estamos, al acudir a las oficinas públicas a realizar trámites con el riesgo de un infarto frente a la indolencia y estupidez de la burocracia.

Preferimos la falsa publicidad electoral que promete bienestar sin recursos que lo sostengan a la que nos indica que harán todo lo que esté a su alcance aun a sabiendas de que vienen tiempos de austeridad.

El mundo en el que vivimos y el futuro que vislumbramos no son muy amigables para la maternidad. Las noticias cotidianas hablan de crisis climática, guerras, agotamiento de los recursos que sostienen la vida, riesgos nucleares; en consecuencia, me parece que la maternidad puede ser un grandioso acto de generosidad y confianza en la vida, a pesar de todos los pesares; al mismo tiempo que la decisión de no serlo puede ser un acto extremo de responsabilidad ante el futuro. 

Cualesquiera sean las decisiones que tomamos, en las circunstancias que nos rodean, particular y colectivamente, son igualmente plausibles y comprensibles. Nadie tiene el usufructo de la verdad frente a nadie.

Finalmente, las circunstancias pueden ser más determinantes en el hecho de ser o no ser madres, que cualquier decisión que tomamos al respecto. Están ahí las mujeres que no desean ser madres, se embarazan y, frente a la disyuntiva del aborto, asumen la maternidad y la llevan a cabo. 

Están las mujeres que desean ser madres y no pueden embarazarse por diversas razones, entonces desean adoptar, pero las normas se lo impiden a condición de tener pareja. Están las que tienen hijos y recurren al infanticidio seguido de suicido cuando ya no les alcanza las fuerzas para seguir sosteniendo solas a sus familias.

Están también las mujeres que pueden contar con la presencia y apoyo de sus parejas para asumir la maternidad sin mayores conflictos. Y, así, podemos seguir describiendo circunstancias favorables y adversas que no dependen enteramente de nuestras decisiones personales.

En suma, pienso que el debate suscitado a propósito de las palabras de Durby ha abierto, por fin, un tema que merece nuestra atención y ojalá que no se cierre, sino que se amplíe en todos los espacios posibles con el resultado deseable de desatar juicios y prejuicios para extender nuestra capacidad de comprensión y nuestro sentido de humanidad.



Tags:



WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50
BEC_DPF-Digital-970x120px
BEC_DPF-Digital-320x50px