En instituciones con estructuras maduras, ambos perfiles coexisten y se complementan: el comunicador diseña la política de comunicación; el periodista garantiza que los contenidos producidos tengan rigor, veracidad y capacidad de conectar con la ciudadanía.
Brújula Digital|05|02|26|
Alex Vargas
La comunicación pública en Bolivia ha experimentado una progresiva pérdida de jerarquía institucional desde la creación del Ministerio de Comunicación en 2011 hasta su reciente conversión en una unidad dependiente de la Jefatura de Gabinete, mediante Decreto Supremo 5550 del 20 de febrero de 2026.
Este proceso de degradación, lejos de constituir una mera reestructuración administrativa, implica consecuencias profundas para la capacidad del Estado de garantizar el derecho ciudadano a la información y para la calidad democrática en su conjunto.
El Ministerio de Comunicación fue creado el 15 de febrero de 2011, mediante Decreto Supremo 0793, durante el segundo gobierno del presidente Evo Morales Ayma. Esta cartera de Estado contaba con una estructura jerárquica completa que incluía dos viceministerios (Políticas Comunicacionales y Gestión Comunicacional) y cinco direcciones generales especializadas en estrategias comunicacionales, información gubernamental, estudios y proyectos, medios estatales y redes sociales. Además, ejercía tuición sobre los medios públicos como Bolivia TV, Radio Illimani, el periódico Cambio y la Agencia Boliviana de Información.
Este Ministerio tuvo una existencia de nueve años, hasta el 4 de junio de 2020, cuando, mediante Decreto Supremo 4257, fue disuelto durante el gobierno de Jeanine Áñez, transfiriendo sus funciones al Ministerio de la Presidencia. Posteriormente, en noviembre de 2025, bajo la presidencia de Rodrigo Paz Pereira, se dispuso que el Viceministerio de Comunicación dejara de existir para dar paso a una Dirección de Comunicación con "un carácter sumamente informativo". Finalmente, el Decreto Supremo 5550 de febrero de 2026 convierte esa dirección en una "Unidad de Comunicación Estratégica del Estado Plurinacional de Bolivia" dependiente directamente de la Jefatura de Gabinete de Presidencia, separando además la gestión operativa de los medios estatales, que permanecen bajo tuición del Ministerio de la Presidencia.
La pérdida de jerarquía reduce la capacidad de coordinación interministerial. Un ministerio tiene la facultad de convocar y coordinar con otras carteras de Estado para implementar políticas comunicacionales transversales. Una unidad dependiente de la Jefatura de Gabinete carece del peso político para articular estrategias con otros ministerios en condiciones de igualdad.
La progresiva pérdida de rango de la comunicación estatal boliviana tiene consecuencias mensurables en la calidad democrática: menor transparencia por estructuras débiles con menor capacidad para difundir información sobre gestión pública, asimetría informativa que deja a la ciudadanía en desventaja para acceder a información verificada, pérdida de memoria institucional por reestructuraciones que dispersan equipos y rompen continuidad en políticas comunicacionales, e incapacidad de respuesta ante crisis que requieren comunicación ágil y coordinada.
En este contexto de precarización institucional, resulta imperativo comprender la distinción técnica entre los perfiles profesionales que requiere una comunicación pública de calidad. El periodista es un profesional entrenado para investigar, analizar y comunicar información de interés público, con capacidad para moverse entre fuentes, datos y hechos, transformando temas complejos en contenido comprensible para la ciudadanía.
Sus funciones específicas incluyen la verificación rigurosa de información, el contraste de fuentes, la investigación profunda de asuntos de interés público y la capacidad de narrar lo esencial con precisión. El periodista de investigación, en particular, requiere cualidades como la curiosidad, la paciencia, el método riguroso y la capacidad de estar atento a los detalles más insignificantes que pueden revelar tramas de corrupción o malas prácticas gubernamentales.
El comunicador social, por su parte, tiene un perfil complementario pero distinto: su formación está orientada a diseñar estrategias, gestionar audiencias, liderar campañas y trabajar transversalmente con otras áreas del Estado.
Mientras el periodista se especializa en la generación de contenidos rigurosos y la investigación, el comunicador social se enfoca en la planificación estratégica, el relacionamiento con públicos diversos, la gestión de la comunicación interna y externa; el cuidado de la imagen y reputación institucional, y el manejo de crisis comunicacionales.
En instituciones con estructuras maduras, ambos perfiles coexisten y se complementan: el comunicador diseña la política de comunicación, diagnostica permanentemente las percepciones de los públicos y planifica los mensajes estratégicos, mientras que el periodista garantiza que los contenidos producidos tengan rigor, veracidad y capacidad de conectar con la ciudadanía.
Alex Vargas Barrios es comunicador social.