Diez años después de aquel 21F, Evo Morales se encuentra aislado, restringido políticamente al Chapare, sin la sigla del partido y con la posibilidad de ganar algunos municipios en las próximas elecciones subnacionales, pero ninguno bajo la sigla del MAS
Brújula Digital|21|02|26|
Raúl Peñaranda U.
El referéndum, del 21F de 2016 implicó un hito de gran importancia: fue el inicio del fin del régimen del MAS. Aunque después de eso tuvo nueve años más de gobierno, el FE es el símbolo más importante del inicio del fin del ciclo de Evo Morales y de su antiguo partido.
Diez años después de aquel 21F, Evo Morales se encuentra aislado, restringido políticamente al Chapare, sin la sigla del partido y con la posibilidad de ganar algunos municipios en las próximas elecciones subnacionales, pero ninguno bajo la sigla del MAS. Su única carta fuerte para una gobernación es el exsenador Leonardo Loza como candidato a la Gobernación de Cochabamba.
Morales ya no podrá controlar ninguna de las nueve capitales de departamento ni las principales ciudades del país. Su poder va a estar restringido a pequeños municipios rurales, especialmente de Cochabamba y del occidente del país. Hasta su aparición del jueves pasado, estuvo 47 días clandestino, sin aparecer en público, con la dudosa explicación de que sufrió de chikungunya. Y, lo peor, un fallo constitucional le prohíbe participar de elecciones en el futuro.
El ocaso político de Evo Morales comenzó exactamente hace diez años. El gobierno de Morales impulsó en 2015 la aprobación de una ley para convocar al referéndum, porque la Constitución ya le impedía al expresidente Morales acudir a un cuarto mandato.
Este se realizó el 21 de febrero de 2916 pocos meses después de un importante fallo del tribunal internacional de La Haya, que establecía que Bolivia sí podía acudir a ese tribunal para intentar esclarecer el diferendo marítimo que mantiene desde hace más de un siglo con Chile. Chile había acudido a esa instancia para señalar que Bolivia no tenía ese derecho. Ese primer fallo de La Haya fue una victoria resonante para Bolivia y, políticamente, también para Morales. Con el impulso de ese fallo, el gobierno consideraba que Morales ganaría fácilmente ese referéndum.
Sin embargo, una Sala Plena que lideraba de facto Antonio Costas, estableció que el resultado había sido negativo para el MAS. Había ganado el No.
En vez de cumplir su palabra empeñada, Morales inició de inmediato una campaña para poder postular nuevamente. Junto a su entonces vicepresidente, Álvaro García Linera, y a todo el gobierno, intentó, ya ilegal e ilegítimamente, ese derecho a la reelección.
Nuevamente acudió al Tribunal Constitucional, que en otro polémico fallo dijo que Morales tenía el “derecho humano” de participar de manera indefinida como candidato presidencial.
Para entonces, fines de la década de 2010, el Gobierno ya se estaba desmoronando. Las acusaciones de corrupción, la economía que se había ralentizado y las denuncias de que Morales tenía relaciones con menores de edad terminaron por generar un gran movimiento en su contra.
Pese a ello, cuando se presentó a las elecciones de 2019, era el candidato favorito. El día de las elecciones, las acusaciones de fraude debido al cierre del sistema de conteo rápido de votos, cuando la tendencia era menor a 10 puntos, lo que forzaba a una segunda vuelta. prendieron una mecha que se extendió por todo el país. Morales y García Linera abandonaron el país en medio de patéticos lloriqueos.
De haberse podido organizar elecciones de manera rápida tras la renuncia de Morales, probablemente hubiera ganado algún líder opositor como Carlos Mesa o Luis Fernando Camacho. Sin embargo, el TSE pospuso las elecciones debido a la incertidumbre sobre la magnitud de la pandemia. El Gobierno de Jeanine Áñez, que debía durar tres o cuatro meses, se extendió por un año.
La pandemia perjudicó gravemente la economía nacional y también las posibilidades de continuidad de esa línea política. En 2020, el MAS volvió al poder con el 55% de los votos, con un candidato de clases medias, Luis Arce Catacora.
Evo Morales, sin embargo, ya había recibido una estocada mortal. Su renuncia y su salida del país afectaron su liderazgo. Al retornar, no optó por alinearse con el nuevo Gobierno, sino que emprendió una estrategia de confrontación, acusando incluso a los hijos del presidente Arce de corrupción.
El Gobierno respondió utilizando su influencia en el Tribunal Constitucional. Primero, se le retiró la representación del MAS y, posteriormente, se emitió un fallo que le impide ser candidato en el futuro. Además, se activó una orden de aprehensión por supuestas acusaciones de estupro.
Hoy Morales mira, con sus ojos delineados cual faraón, y seguramente llorosos, sus nulas posibilidades de retorno al poder.
BD/RPU