Hoy, nuevamente, ellos necesitan redemarcar su zona “vital” y nosotros (la Bolivia profunda construida en Santa Cruz) el impulso para dar el salto cualitativo faltante (fenómeno económico –Bojan–, fenómeno social–bolivianidad en Santa Cruz, lo cultural
Brújula Digital|20|02|26|.
Alejandro Colanzi
Lo sucedido en Venezuela fue … ¿rapto? o ¿invasión? No, no es una discusión ni jurídica, ni ética, ni ideológica. Es ejercicio pleno y descarnado de poder. En el ocaso del unipolarismo (y pérdida territorial del actor unipolar), se da el reacomodo del emergente multipolarismo, con niveles principales y secundarios (EEUU, Rusia y China y Europa, India, Japón, Árabes y otros).
El clarooscuro que vivimos durante años (espacio entre que muere lo viejo y nace lo nuevo: crisis que permite liberar los peores demonios, o loquitos) comienza a clarearse a partir de la ocupación (¿recuperación?) de Rusia a Ucrania, con una actuación cómplice y borrosa de EEUU, y entendible sólo hasta lo de Maduro. China, aparentemente tiene otra estrategia que, más temprano que tarde, se materializará. Cuando se tienen dos puntos visibles, el tercero es deducible.
La vida animal, en millones de años, ha venido demarcado sus territorios de sobrevivencia o espacio vital. Ha orinado lo que considera su espacio. Para los homínidos, no ha sido ajena esta práctica; al contrario, es muy simbólica y significativa.
El poder no se discute con leyes ni ideología, estas sirven para justificarlo; son usadas.
El Estado soy yo, escupió Luis XIV al Parlamento en 1665, y Trump responde al periodista que “el único límite soy yo”. Una identidad caricaturesca muy popular, el He Man que dice "Yo tengo el poder, soy el poder”. El único límite del peleador de barrio es otro peleador: se miran y dicen cosas feas, pero calculadas y prudentes; se delimitan territorios entre sí.
Está herido, perdió territorio y su hegemonía, es muy peligroso. Sorprenderlo desde dentro es posible y es circunstancial. Será groseramente real el uso del palo y la zanahoria. Palo para quien diga "Chamo cobarde, aquí te espero"; y zanahoria para quien le diga “che viejo, sos una piola como amigo”. ¿Pararlo, contestar? Es suicidio. Es como pretender parar a un tráiler con el pecho en plena velocidad.
Un amigo, en el golpe del 80, me dijo que aprendió a respirar y relajarse cuando lo violaban, aprendió a ser pragmático. Serán sus propias contradicciones, con el pasar del tiempo, que develará y generará sus debilidades.
El “nuevo orden” producirá su legislación y un nuevo imaginario que lo justifique e institucionalice.
El pragmatismo de la sobrevivencia es histórico, como sobrevivir es la visión.
Energía, alimentos y minerales es lo que el poder necesita, y nosotros los tenemos, y en abundancia. El reto está en sacarle la mayor ventaja sin ideologizar, pero para eso también hay que ser pragmático: si no sacamos ventaja a este momento postergamos todo.
Claro, existe un antecedente de coincidencia de intereses. En el siglo pasado, después de la gran depresión y la emergencia del Plan Bojan, la teorización de la CEPAL de diversificar la economía y empoderarla en la clase política latinoamericana se produjo el gran despegue de Santa Cruz (caminos, ferrocarriles, polos de desarrollo y políticas migratorias) que conjugó con la vocación desarrollista expresada el 1904. Ellos necesitaban alimentos y nosotros teníamos como satisfacer.
Hoy, nuevamente, ellos necesitan redemarcar su zona “vital” y nosotros (la Bolivia profunda construida en Santa Cruz) el impulso para dar el salto cualitativo faltante (fenómeno económico –Bojan–, fenómeno social–bolivianidad en Santa Cruz, lo cultural –el colla que cruzas el río y se jacta de ello, y el camba que bolea y brinda con su nuevo “pariente–, para dar el salto político desde y para la bolivianidad). Y estamos preparados, mas allá de los eunucos que pululan.