Una relación marcada por la historia y la desconfianza exige hoy pragmatismo, integración fronteriza y cooperación estratégica para transformar la vecindad en una oportunidad compartida.
Brújula Digital|19|02|26|
Loreto Correa
Bolivia revive periódicamente la memoria de la mediterraneidad. Es un tema histórico y sensible, pero no puede seguir siendo rehén de un expresidente que busca protagonismo desde las redes sociales. Evo Morales, al acusar de “traición a la patria” al presidente Rodrigo Paz por reunirse con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, no hace más que intentar volver al centro de la escena política con un discurso anacrónico y dañino.
Lo primero: Rodrigo Paz no ha transgredido la Constitución boliviana. Ha ejercido un acto elemental de diplomacia al reunirse con quien será el jefe de Estado de un país vecino. Hablar de restablecer relaciones diplomáticas rotas desde 1978 no es claudicar, es reconocer que Bolivia necesita abrirse al mundo y dejar de vivir atrapada en un conflicto que ya fue resuelto en La Haya. Chile no volverá a esa corte por capricho de Morales ni de ningún otro político que busque réditos internos a costa de la relación bilateral.
Lo más grave es que Morales no solo daña la relación con Chile, sino que también erosiona la política interna de Bolivia y tiene un acólito que por años le mintió al país. Se trata de su asesor Víctor Hugo Chávez quien, en El Diario de Bolivia, dio recientemente una entrevista que el medio de prensa intituló “Bolivia debe demandar vía arbitraje a Chile ante La Haya”. Los dichos de Chávez, al igual que la de Morales, alimentan un muerto al insistir en judicializar un tema cerrado, alimentando expectativas irreales y debilitando la capacidad de Bolivia de construir una política exterior limpia y útil para el país, dichos que no representan la voluntad de quienes buscan integración y desarrollo.
Bolivia merece líderes que miren hacia adelante, no hacia atrás. Evo Morales ya tuvo su tiempo y su oportunidad. Dejó un país empobrecido, unas instituciones corruptas y un gasto en juicios que no pagó nadie. Hoy, su insistencia en monopolizar el tema marítimo y en descalificar a quienes buscan diálogo es un estorbo para la cooperación, obstáculo que no solo no debe oírse, sino que debe desecharse como el modelo económico fracasado que creó.
Basta de Evo: Bolivia necesita voces distintas, responsables y constructivas. Chile, responde frente a esta provocación con la claridad de los tratados, la firmeza de sus instituciones, y las sentencias que avalan sus actos y no caerá en el juego provocador de un exmandatario que, sin cargo ni representación, un prófugo de la justicia, busca arrastrar la relación bilateral a un terreno estéril.
Loreto Correa es historiadora chilena