Si el Presidente no entendió esto al momento de jurar al cargo no entendió el valor del presente desde la vocación de servicio. La popularidad no define la calidad de un presidente sino sus acciones y el impacto en el largo aliento.
Brújula Digital|18|02|26|
Carlos Armando Cardozo
Bolivia vive días complejos de describir. Por un lado, las personas sienten cierto alivio con relación a años pasados y, paralelamente, existe una sensación de desesperanza y desconfianza con un gobierno que apela al discurso grandilocuente para pintar un programa implementado hace ya 90 días y que a la fecha no termina de consolidarse como para dar certezas acerca de una estabilización sostenible en el tiempo.
Nuevamente el corto plazo se impone ante el largo plazo. A diferencia de otros gobiernos, este entro con la promesa de hacer lo necesario para recomponer un país desbaratado por la corrupción, desinstitucionalizado por los clanes de burócratas que hacían de sus escritorios verdaderos peajes en la tramitologia, tranzando justicia, licencias, permisos, impunidad por dinero, tanto en lo común del ciudadano como en lo ilegal propio del crimen organizado.
A la par, la figura del Presidente Paz Pereira se eleva no por mérito propio sino por el antagonismo de su compañero de fórmula, Edmand Lara. El nivel de bravuconeria del Vicepresidente se tradujo en una sarta de declaraciones personales al Presidente y a su entorno, que quedaban en las pantallas de las plataformas inmortalizadas como otro más de los espasmos verbales de un descolocado intento de autoridad.
Esto parece haber envalentonado a Paz Pereira, que en sus participaciones internacionales ha vendido el discurso de buen alumno habiendo estabilizado la economía boliviana en tiempo récord, levantando la subvención vigente desde 2010, tras el intento fallido de nada menos Evo Morales Ayma.
Adicionalmente, señalar que la estabilización coyuntural del tipo de cambio paralelo es un reconocimiento tácito de la confianza del boliviano en su gobierno es una verdad a medias, porque en lo que va de gestión el Banco Central de Bolivia con autoridades interinas no ha dado ninguna señal de autonomía institucional frente al Ejecutivo; es más su rol parece secundario alrededor de una crisis que demanda asumir aún más protagonismo que el Presidente.
"Mono no aware" es una expresión japonesa que se refiere a la forma de percibir la belleza de las cosas a partir de su efímera existencia: mientras más corta la belleza es mayor entre una sensación de tristeza y regocijo por la inevitable llegada del fin.
Los japoneses usan de ejemplo la flor de cherry, cuya belleza solo puede ser apreciada por una semana antes de que esta muere. Su corta existencia hace de su belleza algo único digno de ser apreciado.
La vida así como el amor tienen esa belleza, el permanente asedio de su final hace que el prisma con el que se las ve cambie respecto a lo superfluo de lo material.
Esta forma de apreciar lo no eterno, lo frágil de la existencia, debería hacer pensar al Presidente Rodrigo Paz Pereira acerca de su popularidad, su nivel de aceptación y, por supuesto, sus aspiraciones en la carrera política que, probablemente, considere aún con perspectivas racionales de continuar a un nivel superlativo.
Pero es una irresponsabilidad no pensar en la integridad, paz y expectativas del ciudadano promedio al postergar la estabilización real por una mediática, alegórica y completamente improvisada. Hacer lo correcto, aunque en el corto plazo eso signifique hipotecar su aceptación y popularidad es de estadistas y no así de políticos de campaña.
Es una apuesta arriesgada, pero el costo lo asume su impulsor no la ciudadanía, porque la inacción o –peor– la fanfarria del casi estar haciendo algo coloca al ciudadano promedio en una situación de alta vulnerabilidad, cuando es este el que, al final del día, tomará la decisión de no invertir, de migrar, manifestarse, organizarse y parar el país todo gatillado por no tomar en cuenta que la estabilidad del ciudadano pende de un hilo tan fino que hoy vale más que cualquier capital político o aspiraciones futuras al poder.
Si el Presidente no entendió esto al momento de jurar al cargo pues no entendió el valor del presente desde la vocación de servicio.
La popularidad no define la calidad del Presidente sino sus acciones y el impacto en el largo aliento.
Carlos Armando Cardozo Lozada es economista y miembro fundador de la Fundación Lozanía.