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Política | 09/02/2026   02:15

|OPINIÓN|El tren de Antonio Eguino| Carina Oroza|

En ese homenaje del Congreso pudimos agradecer a Antonio por ser ese conductor de trenes que, aunque sabe que es un trabajo de “alto riesgo”, no se detiene con tal de contar historias maravillosas.

Antonio Eguino, director de cine boliviano. Foto Archivo.
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Brújula Digital|09|02|26|

Carina Oroza

Antonio Eguino, uno de los más importantes cineastas del país, acaba de recibir un justo homenaje en la Cámara de Diputados, homenaje que fue impulsado por los técnicos de cine (fotógrafos, sonidistas, editores, escenógrafos, etcétera) que en gran parte fueron formados por este maestro. 

Fue muy emotivo ver el cariño que le demostraron al entregarle como regalo un chaleco de trabajo para seguir recorriendo montañas y selvas bolivianas. Al entregarle el obsequio lo calificaron como “un jefe generoso que enseñó el oficio a muchos, pero también un jefe severo” y sí, me consta, Antonio no pierde el tiempo en rodeos, usa palabras directas y acciones concretas. Con esa tenacidad, por ejemplo, cuando fue Viceministro de Cultura trasladó el monolito Benett desde el estadio de Miraflores a Tiwanacu, en una caravana enorme.

Antonio es, pues, una persona capaz de cargarse sobre sus hombros tareas difíciles, pero sobre todo es un artista capaz de soñar en grande. Gracias a esa mezcla de virtudes pudo plasmar películas grandes y complejas. Así, por ejemplo, en su película Amargo mar, consideró fundamental mostrar las dimensiones geográficas y humanas de nuestra pérdida en la Guerra del Pacífico y son inolvidables las secuencias de miles de soldados en batalla.

En cambio, en Chuquiago, las batallas de sus personajes son internas, pero tan bien logradas que el público se sintió totalmente identificado con esos personajes paceños que contaban tristezas, esperanzas y frustraciones. Así que el público agradecido llenó las salas por semanas enteras. ¡Todo un exitazo!

Es más, Chuquiago sigue vigente 48 años después de su estreno y debería ser una película obligatoria en el currículum educativo. Pero lo que quiero mencionar de esta película es la secuencia de la persecución en la historia de Jonny; era necesario que el protagonista se escabulle la fiesta del Gran Poder y la solución de Antonio fue simple y a la vez compleja: hacer una filmación mitad ficción y mitad documental, y el mérito está en que no se percibe esa yuxtaposición. Prueba superada por ese jefe dispuesto a asumir los retos con severidad profesional y flexibilidad artística.

Otro momento donde Eguino carga en sus hombros el compromiso con su obra es en su última película Los Andes no creen en Dios; adaptar la novela de Adolfo Costa du Rels era un proyecto ambicioso que lo persiguió por mucho tiempo; él consideraba que era una misión fundamental para contar una parte valiosa de la historia de Bolivia.

Así que un día decidió intercambiar su casa por su película y solo se quedó con lo más importante: las esculturas heredadas de Danielle Caillet, su esposa.

Antonio además consideró que en esta película era narrativamente importante ver el tren cruzando los imponentes Andes. Sin embargo, había un pequeño detalle: ¡no había trenes funcionando hace muchos años por esa ruta! Pero, como era previsible, Eguino lo logró luego de muchas investigaciones y trabajos monumentales. 

Es más, gracias a él y por un breve tiempo, los ferrocarriles bolivianos volvieron a unir regiones. Seguramente el público que fue a ver la película el año 2007 quedó maravillado con la obra, pero, en mi caso, ver el tren acercarse a la pantalla me provocó ganas de aplaudir de pie.

(Como nota aparte, debo mencionar que a la lista de trabajos de “alto riesgo” en el país debería aumentarse la de “director de cine”, porque te provoca enfermedades graves: el primer síntoma se da cuando buscas auspicios y la enfermedad se agudiza cuando la taquilla no cubre tus deudas).

Así que en ese homenaje del Congreso pudimos agradecer a Antonio por ser ese conductor de trenes que, aunque sabe que es un trabajo de “alto riesgo”, no se detiene con tal de contar historias maravillosas. En ese tren además lo acompañan sus hijos, que emocionados y orgullosos contemplaban los abrazos que su padre recibía.

Antonio, en el homenaje que te hicieron en la Cámara de Diputados me permitió darte el aplauso de pie que te debía desde el 2007.

Carina Oroza Daroca es comunicadora y cineasta, directora de la pelicula La casa del sur.



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