Representantes del TIPNIS llegaron a La Paz para pedir ayuda por las lluvias, evocando la marcha de 1990. El texto recuerda cómo el gobierno de Jaime Paz Zamora reconoció derechos territoriales indígenas, sentó bases legales, impulsó protección ambiental y transformó la relación Estado–pueblos indígenas.
Brújula Digital|03|02|26|
Susana Peñaranda Del Granado
Hace pocos días llegaron a la sede de gobierno los representantes de los pueblos indígenas del TIPNIS para exigir atención al gobierno ante la difícil situación que viven a causa de las precipitaciones pluviales.
“No vinimos a violentar a nadie. Vinimos a darle la mano al Presidente y a pedirle que nos de la mano en esta situación tan difícil que estamos viviendo”, señaló uno de sus representantes, recordando cómo en septiembre de 1990 el presidente Jaime Paz Zamora fue al encuentro de la Marcha por el Territorio y la Dignidad, a darles la mano. La marcha ingresó entonces a la ciudad de La Paz al son de las notas del himno nacional entonado por los paceños desde sus calles y veredas.
Hasta entonces el Estado mantuvo durante décadas una política de asimilación y paternalismo hacia los pueblos indígenas; por eso para el presidente Paz Zamora la situación planteada era una cuestión cardinal: ¿cómo recibirlos sin domesticarlos y reconocerlos sin asimilarlos, como se acostumbraba?
En una conversación personal sobre esa situación Jaime Paz me dijo: “sentíamos que debíamos ver a esos pueblos no como amenaza a neutralizar, sino como condición de posibilidad de la plenitud de nuestra humanidad y de la Bolivia total y profunda”. El Presidente interpretó lo que los paceños sentíamos ante esos pueblos: solidaridad. Por eso nos volcamos a las calles y a la plaza Murillo con nuestros hijos (yo llevé a mi pequeño hijo sobre mis hombros para darles la bienvenida, viviendo una profunda emoción).
El gobierno de Paz Zamora respondió a las demandas emitiendo una serie de decretos históricos que sentaron las bases del reconocimiento territorial indígena en Bolivia. Declaró el TIPNIS como territorio ancestral de los pueblos mojeño, yuracaré y chimán, estableciendo una "línea roja" para evitar nuevos asentamientos y reconociendo su doble condición de área protegida y territorio indígena.
El Decreto Supremo 22611 reconoció el Área Indígena Chimanes para los pueblos chimán, mojeño, movima y yuracaré, protegiendo sus territorios ancestrales y fuentes de vida; el Decreto Supremo 22612 reconoció territorios indígenas en el bosque de Chimanes y el área de El Iviato para los pueblos chimán, mojeño, yuracaré, movima y sirionó, garantizando su propiedad colectiva y el aprovechamiento sostenible de recursos naturales. Reconoció en favor del pueblo indígena weenhayek (mataco) la propiedad legal de las tierras que tradicionalmente ocupan, denominándose “Territorio Indígena Weenhayek (Mataco) del Gran Chaco”, el cual está dividido en dos áreas de tierras consolidadas.
También tomó medidas de pausa ecológica histórica, política que detuvo temporalmente la expansión descontrolada de la frontera agrícola en zonas de bosques tropicales y territorios indígenas y estableció un precedente de integración entre conservación ambiental y derechos territoriales indígenas. Así, integró por primera vez a Bolivia la protección ambiental con el reconocimiento de derechos territoriales y culturales indígenas y sentó las bases jurídicas para la gestión sostenible de territorios mediante el protagonismo indígena.
Además, Paz Zamora elevó la propuesta boliviana de un fondo nacional para el desarrollo indígena al plano internacional, logrando la creación del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC). La primera sede de ese fondo fue la ciudad de La Paz, en reconocimiento a la iniciativa del presidente boliviano. En varios encuentros, Paz Zamora destacó las medidas a favor de los pueblos indígenas y ellas se convirtieron en directrices, en un paradigma, para países con población indígena en la región; Paz Zamora se convirtió en el primer mandatario que llevó las demandas indígenas a la esfera internacional.
Siguiendo esas líneas trazadas en 1994-95 Bolivia se reconoció multiétnica y pluricultural con la reforma constitucional impulsada por las principales fuerzas políticas. Esa reforma impactó en el país: todo el territorio fue municipalizado, lo que generó la politización más grande de todos los espacios locales que se dio en el país. Los gobiernos municipales se abrieron a los vecinos, campesinos y pueblos indígenas. La ley 1551 de Participación Popular reconoció a las organizaciones territoriales de base y autoridades originarias. El artículo 171 de la Constitución reconoce las normas y procedimientos de justicia de los pueblos indígenas. Más tarde, en el desarrollo de los procesos de los diálogos nacionales se establecieron los mecanismos de democracia participativa y de control social más importantes de la historia democrática, así como también se abrió la participación en procesos electorales a los pueblos indígenas con candidatos propios.
El gesto de darse la mano entre el presidente Paz Zamora y los pueblos indígenas de tierras bajas tiene un profundo significado ético (una ética de la otredad); el Presidente no buscó cooptarlos ni reducirlos a clientelas. No concedió nada, no dijo "les doy tierras", sino que reconoció los derechos territoriales preexistentes de estos pueblos y reconoció su autonomía o autodeterminación, dando lugar a un acontecimiento ético sin precedentes.
Así, los pueblos indígenas alcanzaron el sentido de su marcha: territorio y dignidad. Y Paz Zamora transformó así la relación entre Estado y pueblos indígenas.
Susana Penaranda es coautora de “EL MIR entre el pasado y el presente” y “Jaime Paz Zamora: Un político de raza”