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Política | 31/01/2026   01:50

|ANÁLISIS|Qué podemos aprender de Venezuela|Moira Zuazo|

Aún es muy temprano para entrever lo que surge, pero la lucha por la recuperación de la democracia de los venezolanos nos muestra un panorama desolador: la constatación de que Venezuela está sola.

Nicolas Maduro, expresidente de Venezuela (centro( junto a agentes de seguridad de EEUU durante su captura. Foto EFE. Archivo.
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Brújula Digital|31|01|26|

Moira Zuazo

Cuando observamos el primer cuarto de siglo XXI, una constatación es el retroceso global de la democracia. Lo que el 2010 aún parecía una recesión de las democracias, hoy se muestra como un claro retroceso de las democracias en el mundo (Fukuyama 2025:1). Estamos ante una ola de autocratización en que nuevas autocracias abiertas emergen, citando solo Iberoamérica: Venezuela El Salvador, Nicaragua, Haití. 

Algunos países antes democráticos transitan a ser regímenes híbridos, donde hoy podemos contar a EEUU a partir del segundo gobierno de Trump y viejas autocracias como la de Rusia y China se fortalecen. Por primera vez, en más de dos décadas, el número de autocracias en el mundo (91) supera al número de democracias (88) (Varieties of Democracy. Informe de la democracia 2025) .

Si observamos la situación de la democracia en el mundo en este periodo, un hito importante es la guerra de Rusia contra Ucrania (2014). Ucrania es en un país no solo vecino sino cultural, histórica y socialmente muy cercano a Rusia. De hecho, miles de rusos/as tiene raices familiares en Ucrania. 

Esta guerra fue detonada por la derrota en las elecciones de Ucrania, del candidato “amigable” a Rusia (Viktor Yanukovych) y el temor de Putin a un gobierno elegido democráticamente que pudiera contagiar el “virus democrático” a la sociedad rusa. 

La democracia venezolana

Sin embargo de su importancia, lo que ocurre en Ucrania parece estar lejos de América latina, pero lo que ocurre en Venezuela es los que nos está pasando a los latinoamericanos.

Desde fines de la década del 50 (1958), Venezuela construyo una democracia representativa basada en elecciones periódicas, partidos sólidos y un Estado con amplia capacidad distributiva dependiente de la renta petrolera. Y fue precisamente una caída de los precios del petróleo (en los años 80), junto al clientelismo de la clase política y una creciente desigualdad en la sociedad, los que llevaron a la crisis general en Venezuela y al Caracazo (1989), que significó el principio del fin de la democracia venezolana.

Esta democracia ciertamente no era perfecta y sin embargo, junto a la costarricense, uruguaya y chilena, por mucho tiempo fue considerada una de las democracias más estables de America Latina.

Posteriormente el país caribeño vivió 25 años de construcción de un régimen que si bien llego al poder a través de elecciones democráticas con Hugo Chavez  (1999 -2013), desde los primeros años optó por la construcción de un régimen autocrático cimentado en una red de corrupción y saqueo del Estado, que tuvo como objetivo central el mantenimiento del poder a cualquier costo. 

Durante el gobierno de Maduro (2013–2025) Venezuela vivió una situación de crisis humanitaria y económica solo comparable con la situación de sociedades en guerra. Este panorama de cancelación de futuro deseable, junto a las innumerables protestas, donde murieron cientos de venezolanos, convirtieron a Venezuela en la fuente de la mayor ola migratoria de América latina en este siglo, con uno de cada cuatro venezolanos viviendo como migrante o refugiado (26 %) en America Latina y en el resto del mundo. 

Las piruetas de Trump  

A inicios del 2026, el Presidente del país más poderoso y rico del planeta, que hasta antes de noviembre del 2024, tan solo con no hacer nada, contribuía poderosamente a la corporeidad y facticidad del orden internacional, que presentaba a las Naciones Unidas como paraguas oficial y cara visible del multilateralismo, sin dar aviso al congreso norteamericano, es decir empujando los límites del Estado de derecho y rompiendo el orden internacional, ataco militarmente a Venezuela y capturo al dictador Maduro. 

El discurso  de justificación de tal maniobra transitó de argumentar primero una guerra contra las drogas, para ensayar después el argumento de defensa de la democracia venezolana y, finalmente, plantear que el petróleo como interés nacional de EEUU justificaba tal acción. 

Pasando horas y días después del ataque armado, Venezuela y America Latina recibimos la noticia de que la captura de Maduro no significa el fin de la dictadura de Maduro, sino que en su lugar, por decisión de Trump, asume su vicepresidenta Delcy Rodriguez tan autoritaria como Maduro , pero con una relación más amigable con intereses norteamericanos, como lo puso Trump en su cuenta X:  “Esta mañana tuve una muy buena llamada con la presidente interina de Venezuela, Delcy Rodríguez (…) Muchas cosas se discutieron, incluyendo petróleo, minerales, comercio y, por supuesto, seguridad nacional”. 

¿Qué significa la intervención de EEUU en Venezuela? Un aspirante a autócrata (Trump) que por la fuerza desaloja al cleptócrata de Venezuela (Maduro) y en su lugar, vía reconocimiento, instala a la vicepresidenta de Maduro,  y, para completar el cuadro, Trump plantea  públicamente que no prevé elecciones en un futuro cercano en Venezuela.

Que podemos aprender de este proceso? 

Pensando en la larga duración, el historiador Fernand Braudel planteaba que las ideas son como prisiones de larga duración, pero hay momentos en que estas estructuras se rompen y el presente es uno de esos momentos. 

Después de la Segunda Guerra Mundial, ante la pregunta existencial ¿Cómo construir una paz duradera?, que estaba presente en la mayoría de las cabezas de la posguerra, con base a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a La Paz, como horizonte se construyó la institucionalidad de las Naciones Unidas, basada en grandes ideales: la paz internacional, la dignidad humana como valor supremo, la cooperación entre naciones, que parte de la visión del mundo como una comunidad y no como un conjunto de Estados en apronte, y la idea de la Igualdad jurídica entre los Estados como los centrales.

El conjunto de estos ideales configuran una narrativa que ha sido la estructura en la que emerge el orden internacional de postguerra. En nuestro tiempo queda claro que este es es el contexto mental imprescindible en el que hemos presenciamos la emergencia de las democracias en el mundo en sus dos últimas olas, así como el contexto imprescindible para la sostenibilidad de las democracias en el mundo hoy. 

La negación de las Naciones Unidas y el multilateralismo significa el principio del fin del orden internacional en que la democracia es posible. Aun es muy temprano para entrever cuáles son los caracteres de lo nuevo que surge, pero la lucha por la recuperación de la democracia de los venezolanos nos muestra un panorama desolador y la constatación de que Venezuela está sola.




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