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Política | 30/01/2026   00:25

|OPINIÓN|De la esperanza a la debilidad|Esteban Eduardo Burgoa|

Si los políticos liberales en Bolivia se comportan de manera inteligente y estratégica podrán sortear el paso que nuestros hermanos argentinos no pudieron evitar, la vuelta de los seguidores de Perón, previo al gobierno liberal de Milei.

El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz. Foto ABI: Archivo.
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Brújula Digital|30|01|26|

Esteban Eduardo Burgoa

La asunción a la presidencia de Rodrigo Paz fue, para una buena parte de la sociedad, toda una sorpresa, debido a que las encuestas en primera instancia indicaban una segunda vuelta entre Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina. 

Una vez que se tuvo conocimiento de los resultados, varios veíamos un muy posible apéndice de las gestiones de los últimos 20 años de gobierno bajo el liderazgo del MAS, puesto que las promesas y maneras del binomio del PDC mantenían el tenor del populismo y la demagogia que caracterizó al gobierno en el último tiempo.

Sin embargo, nos vimos sorprendidos con varias decisiones que parecían dar un giro de timón en distintos aspectos de la política gubernamental, y se comenzó a tener esperanza en la posibilidad de un gobierno que, aunque no es de derecha ni liberal, por lo menos parecía contar con un mínimo de sensatez al momento de afrontar los problemas estructurales del país, hecho que le valió el respaldo de una buena parte de esa población que no votó por Paz, pero que sentía en sus decisiones una suave bocanada de aire fresco.

La puesta en vigor del Decreto 5503 fue el inicio no solo de un cambio en el norte de la política económica nacional, sino también el comienzo de un campo de batalla que mediría la fuerza, la capacidad de negociación y la madurez del presente gobierno, con miras a lo que sería el resto de su mandato. ¿Paz lograría imponerse o sería vencido por los colectivos de izquierda resultantes y mal acostumbrados a cogobernar con el masismo? El resultado final fue la abrogación del mencionado decreto.

Es verdad que la historia no se repite, pero muchas veces rima, y los estudios de caso y experiencias del pasado pueden darnos luces sobre el acontecer actual. Para ello, deseo realizar un ejercicio de comparación con el caso de Argentina y su proceso histórico, el cual cuenta con muchas similitudes que nos pueden brindar luces sobre nuestra propia realidad.

La toma del poder de manera democrática por parte de Macri hace algunos años atrás, al igual que la de Paz, fue recibida por aquellos que enarbolamos las banderas de la sensatez, la racionalidad y la responsabilidad como una opción de cambio en nuestro país vecino del sur. Al inicio, la esperanza era palpable y se abrazaba la posibilidad de vientos de cambio, hecho que no se consumó y tuvo un final trágico que significó cuatro años de gobierno kirchnerista bajo el liderazgo de Alberto Fernández.

Esto tuvo lugar debido a la debilidad que tuvo el gobierno de Macri al momento de enfrentar a los colectivos sociales de izquierda, su política gradualista y su falta de valor al momento de realizar cambios estructurales, los cuales siempre se traducen en algún tipo de conflicto con algún sector de la sociedad. Todo ello culminó en el fortalecimiento de la izquierda radical y en el desencanto incluso de aquellos que apoyaban en un inicio a este nuevo gobierno.

Este ejemplo de carencias con las que cuenta un proyecto de índole socialdemócrata en un país que requiere cambios profundos y ausencia de tibieza decantó en la vuelta de la izquierda más radical y en una profundización de una crisis que se ahondaba en la medida en que los gobernantes tardaban más en enfrentarla.

Este primer embate político dejó a buena parte de la sociedad con la sensación de que el gobierno de Paz será débil, más aún con el quiebre interno que sufre con su vicepresidente, Edman Lara, quien se reafirmó como oposición de un gobierno al cual pertenece, ahora sumado a que parece ser que cualquier decisión de transformación que se asuma en la presente gestión será puesta en duda y a prueba por estos movimientos sociales y sindicatos que aún exigen su cuota de poder.

El verdadero temor para quienes tienen la vista puesta en el largo plazo es que, al igual que Macri en Argentina con el kirchnerismo, Paz esté abonando el campo para que se pueda dar una posible vuelta del masismo en las siguientes elecciones y, peor aún, de Evo Morales, quien sabe muy bien cómo aprovechar el descontento de una parte considerable de la población.

Los diferentes actores políticos deben tener presente este riesgo, tanto al momento de realizar gestión como al brindar alternativas políticas con miras a 2030, las cuales deben ser construidas desde ahora para que cuenten con un proyecto serio, a la altura de una nación como Bolivia, puesto que uno de los adversarios a enfrentar, y que no se debe subestimar, será el masismo.

Si los políticos liberales en Bolivia se comportan de manera inteligente y estratégica, podrán sortear el paso que nuestros hermanos argentinos no pudieron evitar, que fue la vuelta de los seguidores de Perón, previo al ingreso de un gobierno liberal como el de Milei. De ser astutos, pasaremos de la tibieza de Paz a un gobierno defensor de las ideas de la libertad sin pasar por el masismo, y ese debe ser nuestro objetivo.

Esteban Eduardo Burgoa Cardozo es director Ejecutivo de Generación Bicentenario.



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