La ciudadanía merece respuestas claras y propuestas concretas, no promesas vacías o campañas basadas en la imagen. Es hora de exigir responsabilidad y visión a nuestros futuros líderes.
Brújula Digital|27|01|2026|
Oscar Heredia
La situación electoral en Bolivia es un verdadero rompecabezas. Con tantos candidatos es difícil saber qué esperar. La falta de claridad en las propuestas y la diversidad de perfiles generan incertidumbre.
¿Qué pasa cuando la cantidad opaca la calidad? La saturación de opciones no necesariamente se traduce en mejores alternativas (Mayorga, 2020).
La ausencia de diferencias ideológicas claras entre los candidatos es preocupante. No se trata de propuestas innovadoras o visiones contrastantes para el futuro del municipio, sino más bien de intereses personales o de grupo (González, 2019). Algunos parecen más interesados en su imagen pública que en el bienestar colectivo, lo que genera desconfianza en el proceso electoral.
Un dato clave es que en las elecciones municipales se gana por simple mayoría. Esto significa que cualquier candidato puede resultar vencedor con un margen mínimo de votos. Por eso, los equipos de campaña son fundamentales. Necesitan personas referentes, con presencia e influencia en diferentes sectores de la sociedad.
La capacidad de movilizar votos dependerá de la credibilidad y la red de contactos de quienes apoyan a cada aspirante (O'Donnell, 1996).
La falta de conocimiento de la institucionalidad municipal es un riesgo para la estabilidad democrática local. La conducción del municipio requiere un profundo entendimiento de las normas y procesos institucionales, algo que no puede ser improvisado (Cortázar, 2015).
En este contexto, el ciudadano juega un papel crucial. La decisión electoral no es un trámite, es un acto que puede inclinar la balanza hacia un futuro incierto. ¿Qué municipio queremos construir? ¿Uno que avance hacia el desarrollo y la transparencia? ¿O uno que siga atrapado en la incertidumbre? La respuesta está en nuestras manos. Con un voto se gana.
Ahora, más que nunca, es importante pensar en qué necesitamos de nuestros futuros alcaldes y concejales. Necesitamos líderes que prioricen la inversión en servicios básicos, como educación, salud y seguridad, y que trabajen en estrecha colaboración con la comunidad para encontrar soluciones a los problemas más apremiantes (PNUD, 2019).
También necesitamos que se comprometan a ser transparentes y responsables en su gestión, y que rindan cuentas a los ciudadanos. Solo así podremos construir un municipio más justo y próspero para todos.
Pero, ¿cuál de los candidatos cumple con estas demandas? ¿Quién tiene un plan concreto para abordar los problemas de la ciudad? ¿Quién ha demostrado compromiso y transparencia en su trayectoria?
Estas son preguntas que los ciudadanos deben hacerse al momento de emitir su voto. La ciudadanía merece respuestas claras y propuestas concretas, no promesas vacías o campañas basadas en la imagen. Es hora de exigir responsabilidad y visión a nuestros futuros líderes.
Cada municipio necesita un verdadero servidor público que respete las leyes y esté comprometido a trabajar por el bien de la ciudadanía.
Oscar Heredia Vargas es docente universitario.