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Política | 13/01/2026   02:11

|OPINIÓN|Hacia un nuevo orden internacional de pax estadounidense|Arturo Gonzalo De la Riva|

El mundo transita a una realidad en la que el liderazgo de Estados Unidos impondrá los nuevos patrones y diseños de una sociedad democrática con una dinámica más global, empática, humana y tecnológica basada en la IA.

Nicolas Maduro, expresidente de Venezuela; Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto composición EFE. Archivo.
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Brújula Digital|13|01|2025|

Arturo Gonzalo de la Riva

La política internacional siempre se superpone al derecho internacional público. Obviamente, las visiones jurídicas de ayer y hoy coinciden con las visiones progresistas de la cultura Wwke, tan en boga en la decadencia de algunas sociedades occidentales. 

Visión, está última, que ha raptado muchas instituciones internacionales, como gran parte de las legaciones en las Naciones Unidas, que opinan que la extracción del dictador Nicolas Maduro viola el principio de no injerencia en asuntos internos y la autodeterminación de los pueblos, como si ese precepto estaría escrito en piedra para juzgar a quienes usurparon la soberanía del pueblo y transgredieron los derechos humanos de los venezolanos por más de 25 años. Por cierto, el respeto de estos derechos humanos, principio constitutivo de la carta de la ONU, está en colisión con el principio de la soberania de los Estados.   

Sin embargo, se debe entender que a nivel global y desde la óptica de la política internacional, el poder se ejerce y es duro, efectivo y real. Lo fue cuando Rusia invadió Ucrania y ninguna resolución de la ONU altero esa realidad, y lo es ahora, cuando los Estados Unidos de América aplican una nueva “estrategia nacional de seguridad” que rescata la Doctrina Monroe de 1820 y busca un dominio total del hemisferio a la cabeza del poderío estadounidense. 

Hay que subrayar que estamos en una nueva era global en la que la primera potencia mundial, el hegemón, busca dar fin al crimen internacional organizado y sus vínculos con el terrorismo internacional, y construir un nuevo orden internacional basado en el poderío de los Estados y no un nuevo orden mundial, basado en la universalidad de la sociedad internacional, como tendenciosamente e ideológicamente plantean los progresistas defensores del orden multipolar de tres o más bloques de poder globales. 

En el mundo de la dinámica de la globalización existen Estados canallas, fallidos y cómplices; estos últimos, más conocidos como narco-estados, como lo es Venezuela y hasta hace muy poco lo fue Bolivia. 

Luego de la exitosa intervención militar estadounidense a Venezuela, la tarea de la administración Trump es desmantelar las estructuras que se enraizaron a partir de ese narco-Estado. Así, Venezuela entra en una etapa de reconstrucción de su democracia para insertarse en el globalismo con su producción petrolera, dejando de lado la colusión del poder con los carteles de la droga, como el Cartel de los Soles, el del Tren de Aragua, entre muchos otros carteles de la región que operaban a sus anchas en territorio venezolano.

Pero Venezuela también se librará de los condicionamientos de China, Rusia, Irán y Cuba para facilitar su producción petrolera a cambio de financiamiento y seguridad, acciones propias de una injerencia en asuntos internos y violación flagrante de la autodeterminación de los pueblos y la soberanía.  

La colusión del crimen internacional organizado y algunos narco-Estados, implicó un casamiento de estructuras burocráticas y de poder de los gobiernos progresistas que, incluso, involucraron a grupos sociales en las actividades delictivas de estos países. 

En el caso de Venezuela y Bolivia, se demanda debelar e identificar esas relaciones y redes espurias, conscientes de que ese esfuerzo supone un largo proceso, un tiempo de restructuración y purga del veneno del narcotráfico, ya que esta realidad es como sacar el cáncer de un cuerpo, luego de que se ha generado una metástasis. 

Es como sacar la pus de una infección que requiere limpieza continúa y tiende a gangrenar recurrentemente todo el sistema, si no se neutraliza la contaminación a tiempo, de forma metafórica. 

También se puede decir que en Venezuela se ha arrancado el tronco del árbol progresista, pero sacar las raíces de ese árbol demanda esfuerzos para extirpar del todo a los socialistas del Siglo XXI.  

Este nuevo accionar de la administración Trump recién empieza a concretar sus objetivos y, probablemente, en un futuro corto, caigan las dictaduras de Estados fallidos como Cuba y Nicaragua, pero también se reencaucen a la democracia, los progresismos de Brasil, Colombia y México.

Cabe recalcar que cuando hablamos de fallidos nos referimos a aquellos Estados que tienen gobiernos que no pueden controlar todo su territorio y toda su población. 

Así, como ese esfuerzo de limpieza requiere tiempo en lo domestico, en lo internacional, dicha ramificación delictiva supuso que una serie de actores políticos alrededor del mundo que accedieran a recursos del narcotráfico y coadyuvaran en el fomento del terrorismo internacional. 

Ahora, tras la captura del déspota Nicolás Maduro, es probable que se conozca parte de esos vínculos, y más de un partido político y figura pública a ambos lados del océano Atlántico y alrededor del mundo comiencen a ser desenmascarados, debelados y procesados.  

Muy a pesar de esa realidad y del poder tangible que ha demostrado los Estados Unidos de América hay quienes consideran que el mundo transita a una multipolaridad o bipolaridad, cuando en realidad la única bipolaridad existente es la de las mentes o cerebros progresistas que refugian sus complejos, resentimientos y su autoidentificación en el “escudo” del derecho internacional público, del “respeto” de los “derechos humanos” y del estatus quo cuando, hasta hace unas pocas décadas, tildaban a estos principios de conservadores, propios de la derecha reaccionaria y extrema, en su perspectiva de ver el mundo en blanco y negro.  

Afortunadamente, el mundo transita a una realidad en la que el liderazgo de los Estados Unidos de América impondrá los nuevos patrones y diseños de una sociedad democrática con una dinámica más global, más empática, humana y tecnológica basada en la IA, con relación a los límites de la “muletilla” de la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en asuntos internos, especialmente cuando tiranos, déspotas y canallas se apropian del poder del soberano en algunos Estados.

Arturo Gonzalo de la Riva es diplomático de carrera.



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