Es incomprensible que un gobierno con mayoría en el Congreso, sabedor de estar haciendo bien lo que debe hacerse en materia económica, además de contar con amplio apoyo popular e internacional, se haya dejado llevar a un escenario de confrontación de estilo masista.
Brújula Digital|13|01|26|
Luis Fernando Sánchez
Dicen los entendidos que el miedo es el principal insumo del chantaje. Cuando el Estado lo exhibe, se vuelve predecible y vulnerable. Así actúan también nuestros movimientos sociales: miden la debilidad del poder, calculan el costo político de la reacción y avanzan hasta donde saben que no habrá respuesta. El resultado es una capitulación disimulada, envuelta en sonrisas forzadas y llamados al diálogo. Luego viene la tregua, siempre provisoria, hasta el próximo episodio en el que volverán a cobrar su precio.
¿Alguien ganó la pulseta?... Los chantajistas, sin duda. No sólo resucitó la COB, que creíamos sepultada hace 20 años, sino que lo hizo con músculos. También aparecieron emponchados los devoradores del FONDIOC y grupos de laristas hambrientos de pegas en la administración pública. Todos ellos satisfechos de haberle doblado el codo al gobierno, fortalecidos y confiados en el éxito de su ya probada estrategia: impunidad en base al exceso de prudencia del régimen. Esperando, confiados, el próximo round…
Aclaro que no pretendo aquí calificar de cobarde a nadie, en especial al gobierno, merecedor de todo mi respeto; pero, ojo, que el exceso de prudencia bien puede parecer temor. Ahí radica lo valioso del coraje: sobreponerse al temor aún a riesgo de perder mucho. A los políticos que lo poseen, los historiadores suelen llamarles estadistas.
Es incomprensible que un gobierno con mayoría en el Congreso, sabedor de estar haciendo bien lo que debe hacerse en materia económica, además de contar con amplio apoyo popular e internacional, se haya dejado llevar a un escenario de confrontación de estilo masista. Un escenario en el que la delincuencia organizada impone su “diktat”, so pena de escalamiento de la violencia. ¿Y la ley, a quién le importa?
¿Novedad en los malevos actores del drama? Ninguna. ¿Sorpresa en su “modus operandi”? Tampoco. Un delincuente rebelde, con orden de aprehensión por pedofilia; un mosaico sindical corrupto, prebendalista e inservible para sus afiliados; y un vicepresidente inescrupuloso, ignorante y ambicioso tienen en jaque al gobierno legalmente constituido así como a buena parte de la ciudadanía y sectores productivos del país. ¡Vaya panorama! Justo ahora, cuando más se necesita de orden y respeto a la ley, para salir de la grave crisis que los mismos chantajistas han provocado ¡Ironía sofoclea, sin duda!
La grave crisis que pasamos será nada cuando, de verdad y como en un match de box con varios rounds, se decida: disminuir el déficit eliminando centenares de miles de ítems, herencia del masismo; aplicar la justicia en el Chapare en la persona de Evo Morales; reducir los desproporcionados sueldos de mineros y sindicalistas; controlar a los cooperativistas mineros en su comercio ilegal de oro; erradicar la corrupción en la policía y otras entidades públicas; moderar los “patriotismos” regionales y hasta municipales, que ya “vuelan” hacia la prometida federalización ¡Claro pues, que no ha de poderse lidiar contra todas esas amenazas, si no es con el peso contundente, oportuno e inexorable de la ley! Y ese peso, señoras y señores, lleva uniforme y tiene bayonetas, así de simple.
Pero no son nuestras Fuerzas Armadas un peso pesado, ni mucho menos. Demasiados son los molinos de viento a batir y muy enmohecida está la adarga protectora del Quijote estatal, montado en un Rocinante apenas vivo, para solucionar rápidamente y bien tales entuertos.
Hace algún tiempo y por este mismo medio predije la posibilidad de ocurrencia de lo que acabamos de vivir y viviremos otra vez. No fui el único, se aclara; pero sí en lo referente a la no preparación del Estado y sus instituciones de seguridad para sortear la tormenta, por la inexistencia de una Ley de Seguridad y Defensa. Indispensable herramienta es esta para normar los estados de excepción: sitio, emergencia, desastre, convulsión y guerra, así como las responsabilidades y atribuciones de las fuerzas legales. Indispensable, reitero, porque en adelante será definitoria si el gobierno piensa todavía cumplir sus promesas de estabilidad económica y seguridad jurídica como bases de desarrollo integral.
En ese entendido, es muy posible que el empleo de las FFAA en apoyo a una policía eventualmente sobrepasada, ocurra nuevamente. Y aquí viene lo increíble: es posible también que aquellas se atrevan, una vez más, pese a las experiencias pasadas (mandos militares juzgados y presos los años 2003 y 2019) a empeñarse en cumplir su misión constitucional. Así fue y así será posiblemente; pero ¿podrán hacerlo esta vez? Me temo que no. ¿Y sabe por qué, amable lector? Porque sus componentes carecen de protección jurídica suficiente.
Habida cuenta de la premura, no es indispensable esperar las reformas constitucionales sobre los estados de excepción. Por urgencia y circunstancias se puede adoptar otras medidas, junto a la mencionada Ley de Seguridad y Defensa: dictar otras leyes aprovechando la mayoría parlamentaria gubernamental. Iniciativas como la de sancionar con drasticidad los bloqueos se dieron ya en la Asamblea Plurinacional en base a la CPE vigente. Con la misma base será necesario además modificar el código penal; aplicar los códigos militares de justicia y sus ámbitos de aplicación; poner en vigencia la ley del Consejo Supremo de Nacional de Defensa (Cosdena) y crear el Fondo Nacional de Seguridad y Defensa, como reserva financiera operacional.
En apariencia, gobierno y ciudadanía no creen en el Armagedón al que los extorsionadores pretenden llevarnos. Parecieran pensar que será sólo un pequeño y breve temblor, cuando bien lo sabemos por experiencias propias y ajenas, podría ser un grave terremoto y de muy larga duración. No es seguro este escenario, se reitera; pero muy posible.
De ahí mi preocupación e insistencia en el tema.
Cabe entonces plantear estas interrogantes: ¿Qué pasa con el Ministerio de Defensa y el alto mando militar? ¿Por qué se crea el anunciado “gabinete de crisis” publicitado hace poco, existiendo el Cosdena desde 1928? ¿Por qué no le explican al presidente que, si no se planifica con tiempo suficiente los próximos y más graves rounds, amén de procurar los medios legales y logísticos pertinentes, nada puede salir bien? ¿Obsecuencia, pereza o ignorancia? No lo creo, ¿pero entonces?
El escenario actual tenderá a agravarse (narcotráfico mediante), salvo que el gobierno “agarre al toro por las astas” o, al contrario, y por exceso de prudencia, ceda. Capitule una y otra vez, al más puro estilo UDP, generando la posibilidad de su renuncia. Catastrófica hipótesis porque implicaría dejar al vicepresidente Edmand Lara el timón del país. Un escenario patético e impensable por la magnitud del desastre que ello supondría.
¿Qué espera el gobierno? ¿Que los extorsionadores empiecen a atacar con más saña hasta lacerar irremediablemente el cuerpo del Estado?
Fernando Sánchez, Gral. SP, es historiador y analista estratégico.