El futuro se juega en la cooperación y en la convicción de que el desarrollo debe unir más que cualquier disputa histórica. La brújula apunta hacia la prosperidad compartida y hacia la seguridad de las fronteras.
Brújula Digital|09|01|2025|
Loreto Correa
La columna de Gonzalo Mendieta publicada en Brújula Digital (07|01|26) nos invita a mirar con calma las coincidencias y desencuentros entre Chile y Bolivia. Estamos a semanas del cambio de mando en Chile, cuando José Antonio Kast asumirá la presidencia. Las relaciones bilaterales han estado atravesadas por la historia y por heridas que aún resuenan. Pero hoy hay espacio para pensar distinto: cuatro ideas ayudan a entenderlo. Chile observa con atención la crisis institucional que enfrenta Bolivia; ambos países pueden construir una relación pragmática centrada en migración y seguridad; Bolivia volverá sobre el tema marítimo, aunque sin resultados; y la prosperidad de Santa Cruz abre un horizonte comercial que puede beneficiar a ambos.
Chile frente a la crisis boliviana
El presidente Rodrigo Paz asumió la Presidencia en medio de un país fragmentado y con instituciones debilitadas. Ha mostrado flexibilidad y capacidad de diálogo, pero la tarea es enorme. Desde Santiago confiamos en sus capacidades y se entiende que la crisis no es solo de un gobierno, sino de un modelo agotado y de una política que no logra consensos.
Son décadas de corrupción, de robo de miles de millones y maltrato a la economía y los ecosistemas, de infructuosa judicialización de todo, de retórica marxista, de un quebrantamiento de la propiedad privada, de división, de fragmentación social y atentar contra los derechos de las personas. El crimen organizado suma más elementos, porque avasalla el desarrollo y repercute directamente en todos los países vecinos de Bolivia. En Chile, repercute sobre todo en migración y seguridad.
Una relación pragmática
La segunda idea clave es que Bolivia y Chile deben emprender una relación útil. La coyuntura invita a dejar atrás litigios y discursos estériles. El presidente Kast propone centrar la agenda en dos temas urgentes: migración y cooperación policial.
El flujo irregular en Colchane simboliza la crisis: miles ingresan sin control, presionando servicios y generando tensiones. Chile espera que Bolivia ordene sus fronteras y coopere en la gestión de flujos, evitando que mafias se aprovechen de los migrantes.
Chile necesita que Bolivia asuma responsablemente el control de sus fronteras y la gestión de los flujos migratorios hacia ciudadanos de otras nacionalidades. No se trata de cerrar puertas, sino de avanzar en mecanismos de cooperación que ordenen el tránsito de personas, aseguren derechos básicos y reduzcan el riesgo de que las mafias de tráfico humano se aprovechen de la vulnerabilidad de los migrantes.
El segundo eje es la seguridad: el narcotráfico y el contrabando afectan al norte chileno y muchas dinámicas se originan en Bolivia. Se requiere intercambio de información y operativos conjuntos, con foco en proteger a las personas.
La cuestión marítima
Bolivia inevitablemente insistirá en el acceso soberano al mar, parte de su identidad política. Pero la Corte Internacional de Justicia ya cerró el tema en 2018. Chile mantiene una posición firme: el fallo es definitivo. Lo que sí puede avanzar es la cooperación logística y portuaria, siempre en el marco del Tratado de 1904.
Paz ha anunciado que vendrá al cambio de mando el 11 de marzo. Confío que el próximo 23 de marzo, en lugar de cantar la Marcha Naval, se entone con orgullo democrático el Himno a Ballivián, recordando al héroe de Ingavi y celebrando que, pese a las dificultades, la democracia sigue viva en Bolivia.
Es esencial celebrar la democracia. Tras los dolorosos y recientes acontecimientos vividos en Venezuela, debemos valorar con gratitud profunda que Bolivia conserve viva su institucionalidad democrática.
Santa Cruz se ha consolidado como motor económico de Bolivia, con dinamismo agroindustrial y exportador. Chile ve allí una oportunidad: la agroindustria cruceña y la vitivinicultura tarijeña necesitan accesos eficientes a puertos, y Chile puede ofrecerlos. A su vez, productos chilenos encontrarían un mercado creciente en el oriente boliviano. El comercio abre un espacio de cooperación positiva y puede equilibrar la relación bilateral. Urge mirar y apoyar culturalmente estas posibilidades desde el mundo empresarial, académico y regional.
Prosperidad compartida.
Chile cuenta con más de 30 acuerdos comerciales vigentes, y llega a países que cubren cerca del 88% del PIB mundial. Bolivia, especialmente Santa Cruz, puede aprovechar esta plataforma para proyectar su producción.
El futuro se juega en la cooperación y en la convicción de que el desarrollo debe unir más que cualquier disputa histórica. La brújula apunta hacia la prosperidad compartida y hacia la seguridad de las fronteras. Allí está la oportunidad: trabajar juntos, con pragmatismo y confianza, para que ambos pueblos vivan mejor. En ese marco, Chile reafirma su interés en una Bolivia próspera, democrática y estable.
Loreto Correa es historiadora chilena.