Quienes quedaron “fuera de juego”, particularmente Cuba y Nicaragua, deben de estar intentando recuperarse del shock. Sin la generosidad petrolera de Venezuela, ¿qué van a hacer? Ya saben que Rusia, China e Irán no correrán a rescatarlos.
Brújula Digital|08|01|2026|
Jenny Ybarnegaray
En el kínder solemos aprender una regla básica para la vida; cuando estamos aprendiendo a escribir, la maestra nos dice: “no te pases de la raya”. Pero hay gente que nunca la aprende, que prefiere escribir fuera de los márgenes. Se podría pensar que lo hacen las personas muy creativas, que es hasta divertido hacerlo. No obstante, esas líneas por algo están ahí, tienen una utilidad.
Esa regla se expresa en lo que se ha venido a denominar “Estado de derecho”, imprescindible para vivir en democracia, y quienes se profesionalizan en ello son los abogados. Pero no podemos vivir consultando abogados cada vez que nos toca tomar una decisión; para ello solemos apelar a nuestro sentido común, a nuestros principios y valores aprendidos a lo largo de la vida.
En el ámbito de las relaciones internacionales también hay márgenes que se deben respetar para vivir en paz entre los pueblos. Si a alguien se le ocurre romper esos márgenes, por el motivo que fuere, por muy justo que parezca, se sienta un mal precedente, porque abre la posibilidad de que otros también lo hagan y en el horizonte se asoma el caos.
Los gobiernos alineados en el denominado “socialismo del siglo XXI”, promovido por Hugo Chávez, se han caracterizado por romper los márgenes de sus respectivos “Estados de derecho”, establecidos en sus respectivas constituciones políticas y, cuando estas les resultaron incómodas, las modificaron para ajustarlas a sus propios fines, que resultaron no ser otros que la acumulación del poder en manos de unos pocos, aunque dijeron que lo hacían por fines nobles como la equidad, la justicia social y el bien común.
Y ahora ya vemos el resultado: desastrosas gestiones que condujeron al empobrecimiento de naciones ricas, emigraciones masivas, represión implacable a las disidencias, exilio, tristeza. ¿O es que me equivoco? ¿Acaso alguno de los países donde se aplicó con más rigor “la línea” está ahora mejor que hace un cuarto de siglo atrás?
Cuando “se cayeron” (en verdad, no se cayeron, fueron derrumbados) el muro de Berlín y la “cortina de hierro” pudimos ver finalmente lo que había detrás de ellos, y lo que vimos fue que no había habido sociedades prósperas ni felices, sino todo lo contrario.
Del otro lado de esos márgenes tampoco las hay, aunque todo apunta a la ilusión de que se vive mejor porque se goza de libertad, esa hermosa palabra a la que se apela, de la que se usa y abusa tanto en los últimos tiempos. No nos engañemos.
El día 3 de enero de 2026, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, encabezado por un señor impresentable, definitivamente se pasó de la raya. Y lo más triste del asunto es que mucha gente “bienpensante” se alegró de ello. Ese acto no fue improvisado, fue largamente planificado, precedido de acuerdos entre los gobiernos de las potencias mundiales que ya se repartieron el mundo entre sí, exponiendo sus respectivas potencias militares por delante, sus capacidades destructivas, sus amenazas abiertas y veladas para imponernos un “nuevo orden mundial”, sobre el que países tan insignificantes, como Bolivia, no tenemos nada que decir.
No tenemos voz ni voto, aun cuando nuestros gobernantes sean invitados a tomar asiento en foros internacionales donde todo ya está predicho, predeterminado, solo para la foto.
Por los resultados que ya conocemos largamente de las intervenciones norteamericanas en diversos países del orbe, yo no puedo alegrarme de lo que sucedió en Venezuela este 3 de enero; me van a disculpar. Ver a la chavista Rodríguez presidiendo la mesa de gobierno esta mañana me lo ha mostrado todo. Lo que ha conseguido Trump con ese acto ha sido “poner en vereda” (en su vereda) a un gobierno “transitorio” que tiene la condición inapelable de entregarle su petróleo, quién sabe bajo qué amenazas y condiciones.
Toda la fanfarria “socialista” del chavismo resultó ser un sórdido chiste (menos mal). Ahora Venezuela se ha convertido en una suerte de “protectorado” norteamericano que debe cumplir a pies juntillas con lo que mande hacer Mr. Trump. ¡Bravo!
Quienes quedaron “fuera de juego”, particularmente Cuba y Nicaragua, deben de estar intentando recuperarse del shock. Sin la generosidad petrolera de Venezuela, ¿qué van a hacer? Ya saben que Rusia, China e Irán no correrán a rescatarlos.
En 2025 Bolivia logró por sí misma “liberarse” de esa influencia. Ahora vemos en las fotos al canciller Aramayo dándose la mano con altos dignatarios norteamericanos, no sin antes haber cumplido Bolivia con la instrucción de restablecer relaciones diplomáticas con Israel, no obstante el genocidio cometido por el gobierno de Netanyahu para borrar de la faz de la tierra a Palestina, cometiendo todos los delitos reconocidos como crímenes de guerra.
Como corolario y nota al margen de este texto, el presidente Paz Pereira ha tenido que emitir un decreto que lo faculta para gobernar Bolivia desde fuera de las fronteras, porque tiene un vicepresidente abiertamente opositor a quien no puede confiar el “bastón de mando” ni por unos pocos días, porque este sí que se pasa de todas las rayas cada vez que abre la boca. ¿Es imprescindible su presencia en Davos?
Aquí les dejo la página en blanco, con los márgenes marcados. Escriban en ella como mejor les parezca. Yo aprendí en kínder a escribir sin pasarme de la raya.
¡Happy new year!