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Política | 08/08/2025   02:55

|OPINIÓN| Cambio de ciclo: autoritarismo y democracia|Gustavo Fernández|

Creo que el proceso boliviano representa algo mucho más importante: el paso de un proyecto político autoritario y peligrosamente dictatorial a otro plural y democrático, en el que una ciudadanía informada y libre decide.

Foto ABI Archivo.
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|OPINIÓN| Cambio de ciclo: autoritarismo y democracia|Gustavo Fernández|

Brújula Digital|08|08|25

Gustavo Fernández

Rafael Archondo hizo una excelente entrevista a Rafael López (joven talentoso, al que lamento no conocer personalmente) sobre el mapa electoral. Me gustó mucho el minucioso trabajo matemático y el empleo de instrumentos (algoritmos, inteligencia artificial y no sé qué otras cosas) que permiten ver el conjunto y el detalle con gran precisión, desconocida para una generación como la mía, que usaba para orientarse cuadros sinópticos o cuadros insumo-producto. 

Repito, me gusta mucho, pero me quedo con la impresión de que una mirada al cambiante contexto –económico, político, geopolítico, social– de cada elección enriquecería mucho la investigación y las conclusiones.

Una cosa fueron las elecciones en el período 2005-2014, marcadas por la ola de cambio global y regional de la emergencia de China y el hiperciclo de precios de las materias primas, en el plano económico. En el plano político, por la irrupción del nacionalismo latinoamericano, en sus versiones radical y socialdemócrata, que respondían al rechazo de sectores importantes de la sociedad al aumento de la desigualdad, la privatización de las empresas públicas y la concentración de la riqueza en pocas manos.  

Otra fue la coyuntura de las elecciones entre 2011 y 2019, signadas por la caída de los precios de materias primas ocasionada por la desaceleración del crecimiento chino, la disminución del impulso de los movimientos de izquierda continental (muerte de Chávez, de Fidel, caída de Zelada en Honduras y de Lugo en Paraguay, impeachment de Dilma en Brasil y victorias de Macri y Piñera, en Argentina y Chile). En Bolivia, la represión de la marcha de los pueblos indígenas de oriente, en Chaparina, y el resultado inapelable del Referendo del 21-F marcaron auténticos puntos de inflexión social y político.

Ese proceso culminó en las elecciones de 2019-2020, con los cinco años de gobierno de Luis Arce, incapaz de contener el desplome de las exportaciones de gas, testigo impotente de la caída de Correa en Ecuador, de Cristina Kirchner en Argentina; huérfano del ecosistema regional que apadrinó a Evo Morales, último y solitario eslabón de la cadena del socialismo del siglo XXI.

 2025 es el año en que el MAS implosionó finalmente. Perdió el control de años de estabilidad y crecimiento económico, y desnudó todos los vicios de un sistema carcomido por dentro, con el caudillo y su heredero rebelde y levantisco confrontados a muerte. Uno bloqueando carreteras y la aprobación de créditos en la Asamblea Legislativa y el otro persiguiéndolo con jueces y policías, hasta acorralarlo en su reducto del Chapare.

Con esos datos se pueden explicar mejor las tendencias que se confrontarán electoralmente este 17 de agosto, que llega con todas las señales del fin de ciclo. El país urbano y de clases medias de 2025 es muy distinto al de la República rural de 2005. Por eso Andrónico Rodríguez no es Evo Morales ni 2025 es 2005. Por eso el voto urbano, sobre todo en el eje, toma predominio. Son personajes y épocas distintas.

Me queda otro comentario. Analistas y medios, nacionales y extranjeros insisten en caracterizar el eventual resultado, que las encuestas anticipan de las elecciones de este agosto, como el movimiento pendular de un gobierno de izquierda a otro de derecha; como el de Kirchner a Macri, para citar un ejemplo. Creo que el proceso boliviano representa algo mucho más importante: el paso de un proyecto político autoritario y peligrosamente dictatorial a otro plural y democrático, en el que una ciudadanía informada y libre decide cuáles serán las corrientes políticas que prefiera y que escoja de todo el arco ideológico.

 Esa es precisamente la diferencia entre régimen autoritario de partido único y el régimen democrático y plural. Ese es el umbral que cruzará Bolivia en las próximas elecciones. 

Eso no quiere decir, desde luego, que allí termine la historia. Lo que significa es que la historia que viene será diferente. Será democrática y no autoritaria. Nada más y nada menos.

Gustavo Fernández fue canciller de Bolivia.



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