03/08/2020
Articulista Invitado

No habrá reprobados, el “prematuro cierre” del año escolar

Willy W. Chambi
Willy W. Chambi

La noticia de cómo se cerrará el año escolar 2020 ha sido dada a conocer por las autoridades de educación: “no habrá reprobados”. Desafortunadamente, la noticia fue dada de manera prematura y en desmedro de los esfuerzos de maestros, padres de familia y directores de unidades educativas y, en última instancia, de la ya débil calidad de la educación boliviana.

De manera general, un buen número de maestros estuvo haciendo grandes esfuerzos para darle continuidad a la educación de niños y adolescentes desde el inicio del confinamiento en marzo de este año. Con dificultades de conexión a internet y aprietos en la disponibilidad de dispositivos de comunicación, los maestros tuvieron que sortear las barreras y poner a prueba su creatividad. Algunos maestros dieron ejemplos fabulosos de cómo superar la adversidad, como aquel que recorría largas distancias en bicicleta visitando uno a uno a sus estudiantes, otro que vestido de hombre araña lograba captar la atención de sus alumnos, entre muchos otros silenciosos ejemplos.

Por su parte, numerosos padres de familia “volvieron” a la escuela y se convirtieron de facto en “profesores auxiliares”, todo para dar continuidad a la educación de sus hijos, eludiendo dificultades para compartir un celular o un computador con más de un hijo, buscando señal de internet, comprando paquetitos de telefonía, o finalmente, contratando algún servicio de internet para el hogar a pesar del abusivo incremento de los costos por parte de algunas empresas.

Sin embargo, cuando el calendario escolar apenas lograba llegar al cincuenta por ciento de su ejecución, las autoridades de educación decidieron develar el destino del año escolar 2020, anunciando que en esta gestión “no habrá reprobados”, algo similar de lo que ya había ocurrido el año1968, en el gobierno de René Barrientos Ortuño, cuando todos aprobaron por decreto.

Esta noticia, desafortunadamente, generó desconcierto en varios maestros que estaban haciendo esfuerzos por continuar con la educación de sus alumnos. Si escuchásemos testimonios de ellos, varios asegurarían que desde que se conoció la noticia del “no habrá reprobados” un buen número de estudiantes dejó de responder a las comunicaciones de los maestros, las responsabilidades asignadas a los alumnos ya no son asumidas con la misma seriedad, varios padres de familia abandonaron su rol de “profesores auxiliares”, quienes pudieron se marcharon al campo y, en definitiva, parece ser que la gestión escolar 2020 está “cerrando” de manera prematura, con mayor impacto en sectores periféricos y rurales.

Para nadie es desconocido que la calidad de la educación en nuestro país tiene grandes desafíos a la hora comparar sus resultados frente a otros países de la región. Mientras Bolivia “cierra prematuramente” el año escolar, desalentando los esfuerzos de los maestros, padres de familia y directores, países como Chile discuten cómo renovar su modelo de evaluación para la nueva generación de bachilleres 2020, quienes, dicho sea de paso, propusieron reemplazar en este año la Prueba de Selección Universitaria (PSU), instaurada en 2003, y decidieron implementar la Prueba de Transición (PDT), la cual será aplicada en enero de 2021 y para la cual los alumnos de último año de educación secundaria ya empezaron prepararse.

Por su parte, Perú anunció que no se volverá a clases presenciales en este 2020, pero para dar continuidad a la educación compró 719,000 tabletas para estudiantes de áreas rurales y 124,000 para estudiantes del área urbana, todas con conexión a internet. Sus autoridades educativas esperan que esta pandemia no afecte los alentadores resultados que sus estudiantes alcanzaron en las pruebas PISA de 2018, en la que Perú subió 13 puntos en comparación con la prueba PISA de 2015. El desempeño de los alumnos peruanos en matemáticas es comparable a los de México, Costa Rica y Colombia; en ciencias han superado a Brasil y Argentina (www.andina.pe).

Fernando Raimers, Profesor de Harvard, en una entrevista en Oppenheimer Presenta, manifestaba que los gobiernos no deben tener el monopolio de la educación y que los países que están involucrando a otros sectores de la sociedad están teniendo mejores resultados educativos en el tiempo de la pandemia. Esta semana se cumplen cuatro meses del confinamiento en Bolivia y la promesa gubernamental de educación por radio y televisión no termina de despegar.

Por más buena voluntad que tenga, el Ministerio de Educación no podrá hacerlo solo, el aparato educativo es demasiado grande. Se necesita de un diálogo nacional de generación de alianzas con empresarios, directores/dueños de TV, radio y empresas de telefonía a nivel nacional, para disponer de una hora o dos horas diarias de su programación o servicio con fines puramente educativos. Otro sector que seguramente está dispuesto a colaborar es la Iglesia, que tiene una extensa red de medios de comunicación católicos a nivel nacional, junto con la experiencia educativa de salesianos, jesuitas, lasallistas y otros.

Este debería ser el momento de aunar esfuerzos en pro de un “modelo de educación cooperativa por la continuidad de la educación” junto a un currículum alternativo, al menos hasta que termine el confinamiento. El contexto es bastante adverso y la noticia del “no habrá reprobados” simplemente pone aún más cuesta arriba los esfuerzos por darle continuidad a la educación. Con casi un año perdido de escolaridad, quienes más sufren los efectos adversos son los alumnos, especialmente aquellos de los sectores más vulnerables, quienes seguirán siendo sujetos de la reproducción de la desigualdad social y económica de nuestro país.

Willy W. Chambi es licenciado en Ciencias de la Educación, magister en Administración Educativa de la Universidad de Illinois y docente universitario.