Faltando cinco días para la irrupción definitiva de la Bolivia urbana, quienes estudiamos los fenómenos de la participación ciudadana, la gestión pública y el funcionamiento de la administración estamos entusiasmados frente a los aportes que se están produciendo desde todos los ámbitos de la sociedad y el Estado:
1. En el Ejecutivo, con el federalismo del Presidente, el PGDES del Ministerio de Planificación, el trabajo del Viceministerio de Autonomías, y la magia del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, que tendrá que cuadrar propuestas, demandas, recursos, competencias y asimetrías.
2. El debate parlamentario que canalizará iniciativas para aprobar políticas públicas.
3. Las organizaciones políticas que por el proceso electoral de gobernadores y alcaldes convierten a los candidatos en pregoneros de la autonomía.
4. La experticia de la academia, ONG, fundaciones y consultores que, sin falsa modestia, suman desde la Participación Popular la mayor cantidad y calidad de recursos humanos en América Latina preparados en el manejo e innovación de la gestión pública.
5. Los pueblos y nacionalidades, la sociedad civil y las organizaciones sociales y productivas con sus capacidades de movilización en la defensa de sus derechos y el uso del bloqueo para anular decretos impertinentes.
6. La iniciativa privada en economía, crédito, asistencia y servicios que acompaña la producción digna y el desarrollo productivo, y tiene el reto de un territorio abierto, además de la producción tradicional, el "turismo de soledad", la producción de café, chocolate, uva, comida básica para el mundo, fabricación de vestidos, desarrollo económico local, artesanía utilitaria, gastronomía, cultura...
7. Los organismos bilaterales y multilaterales, y la cooperación internacional, gubernamental y descentralizada, en todas sus manifestaciones y modalidades.
8. Los medios de comunicación para facilitar la vocería de la gente; los necesitamos realizando preguntas imprescindibles.
9. Posesionadas en mayo las nuevas autoridades autonómicas, este ejercicio concluirá con la aprobación de los presupuestos del año fiscal 2027. El tiempo técnico para tomar decisiones, aprobar instrumentos y proponer los ajustes es octubre del 2026.
Somos conscientes del riesgo que pueden generar tantas propuestas con relación a la expectativa de los actores. Podemos intuir insatisfacciones por la imposibilidad de cubrir todas las pretensiones, siendo, sin embargo, una hermosa oportunidad para convertirlas en un ejercicio pedagógico que logre acuerdos, consensos y cohesión social. Para aprovechar este momento de construcción colectiva sumo unas ideas a la Línea de Base del debate:
1. Corrijamos inteligentemente lo construido desde la Guerra del Chaco, el Plan Bohan, la Revolución Nacional, las luchas cívicas, la Corporación Boliviana de Fomento, las Cordes, el 10 de octubre de 1982, la descentralización, los fondos, la Ley Safco, la Participación Popular, y la autonomía y plurinacionalidad de los 20 años masistas.
2. Debe enfrentarse la necesidad de servicios básicos y redes viales en el territorio, considerando la población campesina, que abandona el campo y la producción; mientras en las ciudades ya vivimos un 80 %.
3. Deben crearse oportunidades y condiciones de trabajo digno, producción competitiva, con mercados internacionales que no comprarán al lamento boliviano.
4. Aceptemos que el 60 % de la población es menor de 39 años y que necesitamos, de manera imprescindible, inteligencia y conectividad para que nuestros jóvenes no se vayan.
5. El Órgano Ejecutivo tendrá que construir pactos con liderazgos territoriales fuertes, dispersos y posiblemente antagónicos por la ausencia de organizaciones políticas ordenadoras en las nueve gobernaciones y los 343 gobiernos locales, sin caer en previsibles tentaciones centralistas y evitando la aparición de cacicazgos.
6. Luego de la Revolución Nacional, que modernizó el Estado feudal, la Participación Popular, que territorializó el poder, dotándolo de ciudadanía, autonomía y recursos, estamos frente a la construcción de la Bolivia urbana, considerando:
a) tres regiones metropolitanas,
b) seis capitales departamentales fuera del eje central,
c) ocho gobiernos municipales mayores de 50.000 habitantes, dispersos en el territorio, que han alcanzado desarrollo económico con dinámicas propias en cada caso (Riberalta, Yacuiba, San Ignacio de Velasco, Yapacaní, Pailón, Villa Tunari, Puerto Villarroel, Caranavi),
d) creación como política pública de ciudades intermedias dotadas de todos los servicios, que adquieran calidad de nodos de articulación y apoyen a las macro regiones constituidas pensando en la gente que vive en el territorio.
e) debate nacional sobre qué haremos con 1 millón de km2 desprovistos de población cuando, en el 2034, el 90 % de los bolivianos vivamos en ciudades.
Sintámonos privilegiados de ser parte de este momento.
Carlos Hugo Molina es investigador social.