“Ustedes los periodistas y el ciudadano común no saben ni el 3% de lo que realmente pasa en política”.Me lo dijo hace años un candidato. Era nuevo. Todavía no aprendía a disimular. Aún estaba sorprendido -y quizá incómodo- por lo que veía tras bambalinas.
Tiempo después, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez me comentó algo que parecía literatura, pero era diagnóstico: la ficción suele quedarse pequeña frente a la realidad.
Hoy, cuando en Santa Cruz de la Sierra vemos a su alcalde enviado a la cárcel de Palmasola por el único caso que prosperó en la Fiscalía -entre más de veinte denuncias, muchas rechazadas sin mayor explicación-, aquella frase vuelve a cobrar sentido.¿Qué hay detrás de todo esto?
Durante años, las acusaciones se amontonaron. Denuncias por presunta corrupción, cuestionamientos por abandono de la ciudad, críticas por una gestión que dejó retrocesos visibles. Sin embargo, los procesos no avanzaban. Se archivaban. Se diluían. Se dirigían hacia funcionarios de rango medio, nunca hacia la cúspide del poder municipal.Hoy, en cambio, el escenario cambia de forma abrupta.
Jhonny Fernández, el alcalde de la sonrisa y la sorna -como muchos lo describen- comienza a quedarse solo. Sus colaboradores más cercanos ya no aparecen con la misma frecuencia en la Alcaldía. La institucionalidad que antes parecía blindada muestra grietas. Y, curiosamente, la Fiscalía ahora sí encuentra delitos donde antes veía insuficiencia de pruebas.
¿Es el resultado de una denuncia valiente y oportuna? Sería ingenuo pensarlo así.
Mamen Saavedra actuó en el momento político exacto. Ni antes ni después. Cuando sus denuncias no alteraban el equilibrio de poder, se quedaban en el segundo anillo administrativo. Hoy, cuando el ciclo parece agotarse, la ofensiva alcanza la cima.
Esto no es una defensa de Fernández. Hace mucho que la crítica al abandono urbano, al deterioro institucional y a la falta de visión estratégica está planteada. La ciudad más poblada del país, la que recibe migrantes de todos los departamentos y del exterior, no puede gobernarse entre ironías y excusas.
Pero tampoco se puede analizar la política como una secuencia de hechos aislados.
Cuando Fernández llegó a la Alcaldía, sepultó políticamente a Angélica Sosa. Cinco años después, los famosos “ítems fantasma” y otros casos emblemáticos de presunta corrupción siguen sin sanciones claras ante la opinión pública. La memoria institucional es corta; la impunidad, persistente.
Ahora estamos ante otro cambio de ciclo. La historia parece repetirse: caída, escándalo, proceso judicial, transición. Lo que aún no sabemos -y quizá no sabremos pronto- es si estamos frente a un acto genuino de justicia o ante el espectáculo necesario para reordenar el tablero antes de la próxima administración municipal.
Porque la política no opera en el vacío. Opera con tiempos, cálculos, alianzas y sacrificios.
Tal vez el 3 % que vemos es apenas la superficie: la cárcel, la denuncia, el titular. El 97 % restante son negociaciones, pactos, rupturas y silencios que nunca llegan a la portada.
Al final, usted y yo seguimos mirando la escena desde la platea.
Y, como me dijo aquel candidato hace años, probablemente no sabemos ni el 3 % de lo que realmente ocurre en política.
Mónica Machicado es periodista.