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Tiempos líquidos | 09/03/2026

¿Importa el 8 de marzo?

Isabel Navia Quiroga
Isabel Navia Quiroga

Aunque esta conmemoración comenzó a gestarse a inicios del siglo XX –alrededor de 1908– y la Organización de las Naciones Unidas instituyó oficialmente el Día Internacional de la Mujer hace 51 años, con el tiempo surgen cuestionamientos. Para algunos, esta reiteración es innecesaria, como si las principales reivindicaciones de las mujeres ya hubieran sido resueltas. 

Esta percepción se alimenta, en parte, de discursos conservadores, del uso oportunista del concepto y también del rechazo que provocan ciertas expresiones radicales dentro de las luchas de género, que han llevado a caricaturizar el feminismo como un movimiento que promueve confrontación u odio, cuando en realidad su núcleo histórico ha sido la búsqueda de igualdad.Sin embargo, la historia demuestra que ningún derecho conquistado es irreversible. Las libertades políticas y sociales requieren ser permanentemente defendidas. En un contexto global donde crecen las tendencias autoritarias, el avance de los derechos –no solo de las mujeres, sino de toda la sociedad– enfrenta nuevos riesgos. 

Como lo ha señalado la analista Gabriela Keseberg Dávalos, por primera vez en la historia reciente hay más autocracias que democracias en el mundo y más del 70 % de la población vive bajo algún tipo de régimen autoritario. Esta realidad se traduce en restricciones a la libertad de expresión, en elecciones menos confiables y en un deterioro del diálogo democrático.

El feminismo, que en sus inicios fue percibido como una lucha por derechos básicos –como el voto o el acceso a la educación–, hoy es visto por algunos sectores como un movimiento radical. Parte de esa percepción proviene de la evolución misma del pensamiento feminista, que ha incorporado debates más complejos sobre identidad, sexualidad, raza o desigualdad económica. Otra parte responde a simplificaciones mediáticas que presentan al feminismo como “antihombres”, una imagen muy distante de sus principios fundacionales.

En esencia, el feminismo busca algo mucho más simple: igualdad de derechos y de oportunidades. Ninguna sociedad puede prosperar si ignora o limita el potencial de la mitad de su población. Diversos estudios han demostrado que la inclusión y la igualdad de género están directamente vinculadas con mejores indicadores de desarrollo humano, crecimiento económico, cohesión social e incluso sostenibilidad ambiental.

¿Existen entonces motivos para seguir con el tema? Algunas cifras destacadas responden:

Solo en Bolivia, en los primeros 60 días del año se registraron 18 feminicidios; en 2025 fueron más de 80.

A nivel global, el 61 % de las víctimas de trata de personas son mujeres y niñas, en su mayoría explotadas sexualmente.

En el mundo, una de cada cinco mujeres de entre 18 y 29 años sufrió violencia sexual antes de cumplir los 18.

En 41 países las hijas no tienen los mismos derechos de herencia que los hijos.

En 43 países las viudas carecen de los mismos derechos sucesorios que los viudos.

En 2025 las mujeres recibían el 28 % de los ingresos laborales globales, pese a realizar cerca del 55 % del trabajo total, incluyendo el trabajo doméstico no remunerado.

En todos los países los ingresos de las mujeres siguen siendo inferiores a los de los hombres.

En Afganistán, las niñas solo pueden estudiar hasta la primaria; después tienen prohibido continuar su educación.(Datos de informes del Banco Mundial, ONU Mujeres y el World Inequality Report)

Vistos los datos, el 8 de marzo no ha perdido sentido, tampoco es un festejo ni la repetición de un ritual vacío. Es mantener viva la memoria de luchas que ampliaron derechos y reconocer todo lo que falta.

Ninguna sociedad puede considerarse plenamente libre mientras una parte de su población viva bajo condiciones de desigualdad estructural. Por eso, más que una celebración, el 8 de marzo es una invitación a reflexionar. Y el feminismo, lejos de ser una amenaza, es una de las herramientas más valiosas para imaginar sociedades más justas, más democráticas y más humanas.

Isabel Navia Quiroga es comunicadora y periodista


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