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Mundo | 02/03/2026   17:43

Embajador Gali Dagan: “Irán no es sólo un problema de Israel”

El embajador de Israel en Bolivia y Perú, Gali Dagan, afirmó que la campaña militar preventiva contra Irán busca evitar que obtenga el arma nuclear, amenaza que calificó como global.

Embajador de Israel en Bolivia y Perú, Gali Dagan/David Mercado/Archivo
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Brújula Digital|02|03|26|

Robert Brockmann

En un contexto de confrontación creciente en el Medio Oriente, Gali Dagan, embajador de Israel en Bolivia y Perú, ofreció una entrevista en la que expone la posición de su país sobre la actual campaña militar contra Irán, la reacción de los actores regionales y cómo perciben los cambios dentro de la propia república islámica. Para Israel, la operación militar actual no es una guerra impulsiva, sino una campaña preventiva con objetivos estratégicos claros.

Dagan conversó con Brújula Digital desde una perspectiva estratégica y política, articulando un diagnóstico que va más allá de una simple confrontación entre dos estados.

RB: Embajador Dagan, Israel ha lanzado lo que define como una campaña militar preventiva contra Irán. Desde su perspectiva, ¿qué está en juego?

GD: Antes que nada, quiero expresar nuestras condolencias al pueblo boliviano y a las familias afectadas por la reciente tragedia ocurrida en El Alto. Israel acompaña al Gobierno y al pueblo de Bolivia en este momento difícil y desea la pronta recuperación de los heridos. En cuanto a su pregunta, Israel se encuentra en una campaña militar preventiva contra el régimen iraní. Desde 1979, el régimen de los ayatolás ha declarado abiertamente su intención de destruir al Estado de Israel. Durante casi cinco décadas ha trabajado para dotarse del arma más poderosa que existe: el arma nuclear. Paralelamente, ha desarrollado un ambicioso programa de misiles balísticos con capacidad de alcanzar no sólo a Israel, sino también a Europa.

Esta campaña, coordinada con Estados Unidos, tiene un objetivo claro: impedir que Irán se convierta en una amenaza existencial para Israel. Si logramos neutralizar esa amenaza, el resultado será un Medio Oriente más estable. Lo que comenzó como una amenaza regional se estaba transformando en un problema de alcance global.

RB: Pero sólo dos días antes del ataque, el presidente Donald Trump había afirmado que las negociaciones con Irán avanzaban positivamente. ¿Qué cambió?

GD: El presidente Trump dejó claro desde el principio que prefería una solución negociada y que no buscaba la guerra. Su objetivo era que Irán nunca obtuviera un arma nuclear ni la capacidad de enriquecer uranio en su territorio. Sin embargo, se llegó a la conclusión de que las autoridades iraníes no negociaban de buena fe. Las conversaciones en Ginebra parecían ser una estrategia para ganar tiempo mientras trasladaban instalaciones nucleares y sistemas de misiles a emplazamientos subterráneos cada vez más protegidos. El tiempo jugaba en contra. Cuando se percibe que la contraparte utiliza la negociación como táctica dilatoria mientras avanza en capacidades estratégicas irreversibles, llega un momento en que se deben tomar decisiones. Esa fue la evaluación.

RB: Tras los ataques, Teherán respondió atacando a varios países de la región: Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudita, e incluso hubo incidentes en el sur del Líbano. ¿Cómo interpreta Israel esta reacción contra otros países musulmanes?

GD: Es la demostración de que Irán no es un problema exclusivo de Israel. Es un factor estructural de desestabilización regional. El régimen iraní opera a través de redes de actores armados aliados, de proxies: los hutíes en Yemen, Hezbolá en el Líbano y Hamás en Gaza. Allí donde Irán interviene, surgen tensiones e inestabilidad. Los recientes ataques contra países árabes del Golfo y la activación de Hezbolá en Líbano confirman que el régimen prioriza sus ambiciones ideológicas por encima de la estabilidad regional, incluso por encima de los intereses de los propios pueblos árabes o del pueblo libanés. Irán ha estado implicado también en atentados en América Latina, como el ataque a la AMIA y la embajada de Israel en Argentina en 1994. Investigaciones recientes han determinado que ese mismo año, el vuelo 901 de la aerolínea panameña Alas Chiricanas, que fue destruido en vuelo, muriendo las 21 personas a bordo, incluyendo una mayoría de empresarios judíos, así como tres ciudadanos estadounidenses, fue llevado a cabo por Hezbolá, un día antes del atentado a la AMIA. El caso nunca llegó a juicio. Entonces, este no es un conflicto de dos días. Es la culminación de una estrategia que comenzó en 1979.

RB: Tras la eliminación del líder supremo, Ali Jamenei, y de gran parte de la cúpula militar, ¿quién gobierna hoy en Irán? ¿Con quién se negociará llegado el momento?

GD: El sistema político iraní es complejo y está institucionalizado. Aunque han sido eliminados altos mandos militares, según estimaciones, unas cuarenta figuras clave, la estructura de poder no depende de una sola persona. Probablemente se designará un nuevo líder supremo, que concentrará autoridad religiosa y política, como lo hizo Ali Jamenei. El sistema tiene mecanismos de sucesión. Irán es un país grande, con una sociedad sofisticada y una civilización milenaria. Israel no tiene ningún conflicto con el pueblo iraní. Nuestro problema es con el régimen. El futuro liderazgo dependerá de decisiones internas del propio sistema o, eventualmente, de la presión social.

RB: Las imágenes que llegan desde Irán muestran reacciones divididas: duelo por una parte, y celebraciones por la otra. ¿Cree que existe una predisposición real al cambio en Irán?

GD: Nuestra evaluación es que una mayoría significativa de los iraníes aspira a una vida normal: estabilidad económica, derechos civiles, igualdad para las mujeres, menos aislamiento internacional. Las sanciones han afectado duramente a la economía, y muchos ciudadanos responsabilizan al régimen por priorizar ambiciones nucleares y políticas de confrontación en lugar del bienestar interno. No puedo ofrecer cifras exactas, pero distintos análisis estiman que el núcleo duro del régimen representa una minoría cohesionada de tal vez un 20 %, más o menos, mientras que una parte considerable de la sociedad, quizás no todo el 80 % restante, pero sí una mayoría, desea reformas profundas. Irán posee una cultura extraordinaria: literatura, cine, arte, una historia impresionante. Es una nación con enormes recursos humanos y energéticos. El problema, desde nuestra perspectiva, es un liderazgo ideologizado que limita ese potencial.

RB: Se sabe que, militarmente, sólo con aviones y misiles, no se gana una guerra. Sin que esté prevista la presencia de tropas sobre el terreno, ¿cuál sería la “ruta crítica”? ¿Busca Israel un cambio de régimen?

GD: La decisión sobre un eventual cambio de régimen corresponde exclusivamente al pueblo iraní. Israel no puede ni pretende imponerlo. Nuestro objetivo es neutralizar tres amenazas concretas: el programa nuclear, el programa de misiles balísticos y el apoyo a organizaciones armadas que actúan como extensiones del régimen y amenazan la existencia de Israel y de los israelíes. En toda campaña existen dimensiones militares y políticas. La presión militar puede abrir espacio para soluciones diplomáticas que eliminen amenazas estratégicas. Si el pueblo iraní decide impulsar una transformación política, sería una decisión soberana.

RB: ¿Vería Israel con buenos ojos un eventual liderazgo de Reza Pahlaví, el heredero al trono?

GD: Esa es una decisión que compete exclusivamente a los iraníes. No corresponde a Israel definir quién debe gobernar Irán.

RB: Finalmente, ¿qué mensaje desea transmitir a Bolivia, Perú y la región?

GD: El mensaje es que Irán no es únicamente un actor local; sus acciones han tenido repercusiones en distintos continentes, incluida América Latina. Creemos que la comunidad internacional debe comprender la magnitud del desafío que representa un régimen que combina ambición nuclear, misiles balísticos y redes armadas regionales.

Desde nuestra perspectiva, se trata de una confrontación entre el mundo democrático y un régimen radical. Nuestro objetivo es contribuir a que el mundo sea más seguro.

Robert Brockmann es periodista e historiador.

BD/RED





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