Resulta indiscutible la trascendencia que podría llegar a tener la próxima reunión a la que Trump ha convocado a los presidentes de Bolivia, Argentina, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Honduras, países, cuya relevancia no es equiparable a la de Brasil y México, que no han sido convocados.
Brújula Digital|14|02|26|
Roberto Finot
“Estados Unidos ha realizado con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien, junto a su esposa (Celia Flores), ha sido capturado”. Con esas palabras el presidente Trump anunció la intervención en Venezuela el pasado 3 de enero.
La captura de Maduro en ejercicio de sus funciones, mediante una impecable y sofisticada operación militar, sin precedentes, va más allá de las sucesivas intervenciones protagonizadas por las fuerzas militares norteamericanas, después de la Segunda Guerra Mundial, en diferentes escenarios, particularmente del sudeste asiático, el medio oriente y la américa latina.
Todos esos hechos se encuentran, o deberían encontrarse, muy presentes en la memoria colectiva junto a los diferentes argumentos, más o menos sofisticados, que se esgrimieron con el propósito de justificar todas y cada una de esas intervenciones; pero la intervención en Venezuela se concretó en función de un solo objetivo expresamente declarado por el presidente Trump: “Tomar el control del petróleo venezolano y otros productos”.
Entre esos “otros productos”, además del oro -de cada vez mayor demanda y mejores precios- se encuentran el coltán, el hierro y la bauxita, así como también las potenciales llamadas “tierras raras”.
El acceso a todos éstos recursos minerales es considerado “crítico” para el desarrollo de industrias tecnológicas, de defensa y transición energética, en las que China ha llegado a colocarse en la vanguardia, situación frente a la cual Estados Unidos se encuentra ante la urgencia de intentar reasumir el rol protagónico que en esos ámbitos mantenía sin mayor discusión, pero que actualmente le resulta prácticamente imposible volver a alcanzar.
La intervención que se concretó en Venezuela, hace ya un mes y medio, se constituye en un precedente ante el cual, absolutamente todos los países latinoamericanos, se encuentran obligados a identificar la forma en la que deberán emprender la protección del conjunto de sus intereses, lo que sólo será posible en la medida que se pueda llegar a establecer un evidente equilibrio en las relaciones tanto con Estados Unidos como con China, país, este último, cuya presencia, esencialmente económica, es actualmente prácticamente irreversible en un número cada vez más significativo y relevante de países latinoamericanos, como Brasil, Chile, Perú e inclusive en la propia Argentina de Milei.
En el escenario descrito, resulta indiscutible la trascendencia que podría llegar a tener la próxima reunión a la que Trump ha convocado en Miami, para el próximo 7 de marzo, a los presidentes de Bolivia, Argentina, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Honduras, países, todos ellos, cuya relevancia, en el contexto latinoamericano no es equiparable a la de otros países del área, como Brasil y México, que no han sido convocados a la cita de Miami.
Roberto Emilio Finot es analista político con amplia trayectoria en el servicio exterior bolivariano.