En últimas semanas, el gobierno de Trump ha ido estrechando su cerco alrededor de la Isla. ¿Cuáles serían los escenarios futuros del régimen comunista, cuya caída sería la noticia del siglo en Latinoamérica?
Brújula Digital|Agencias|12|02|26
Cristian Ascencio Ojeda|Connectas
A la periodista Mariana Camejo le cuesta recordar un momento de su vida en el que su país no estuviera atravesando alguna crisis. “Imagínate que nací en el periodo especial”, dice desde La Habana, en referencia a la caída de la Unión Soviética, que entonces se veía como el final inevitable del régimen castrista.
Lo hace en una videollamada que se entrecorta en ocasiones por la inestabilidad del internet. Pero Camejo describe lo de ahora como una “policrisis”, muchas crisis en una: constantes cortes de electricidad, falta de medicamentos, escasez de comida y transporte público paralizado. Y todos los días sale algo nuevo: 48 horas después de la videollamada, el régimen anuncia que se quedaron sin combustible para los aviones.
Al otro lado del Caribe la también cubana Hilda Landrove, antropóloga radicada en México, teme por sobre todo que la actual situación haga literal esa famosa frase revolucionaria Patria o Muerte. “Porque la muerte va a ser del pueblo. Las élites se van a salvar de alguna manera”, asegura.
Detrás de los dogmas del Partido Comunista de Cuba y los juegos geopolíticos de Donald Trump, cerca de 9 millones de habitantes conviven con el hambre. “¿Se le puede hablar de la libertad a un paciente de cáncer que no sabe cómo llegar al hospital para su tratamiento?”, se pregunta Camejo. En la isla los médicos escriben en sus redes sociales que necesitan gasolina para ir a los hospitales. Es una de las cientos de paradojas cubanas: el país que exporta profesionales de la salud hoy no tiene cómo atender a sus propios enfermos.
Camejo dirige La Joven Cuba, uno de los pocos medios digitales independientes que permanecen en un país donde eso no está permitido. Muchos ya han tenido que irse o, en algunos casos, después de largas horas de interrogatorios, se vieron obligados a firmar compromisos de que no ejercer más el periodismo.
Por ejemplo, a sus colegas de El Toque los acusaron, a fines de 2025, de ser “un instrumento de la guerra cognitiva contra Cuba”. Según el Gobierno, al publicar las referencias de valores para las múltiples divisas cubanas, estaban provocando el caos económico en la isla. El Gobierno incluso, como forma de intimidación, publicó los datos personales de los miembros de El Toque.
José Jasán Nieves, editor de este medio, explica que “de la isla se han ido en los últimos cuatro años más de 150 periodistas independientes al exilio y los que quedan sufren un nivel de acoso importante. Muchos ciudadanos han cubierto ese espacio, convirtiéndose en creadores de contenido que reportan su realidad. Sobre ellos también está cayendo la presión del régimen”.
Nieves ejemplifica con el caso de Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, fundadores del proyecto audiovisual independiente El4tico, arrestados el 6 de febrero. El proyecto tiene 80 mil seguidores en Instagram y es un espacio de debate y crítica que, como su nombre lo indica, se transmite desde “un cuartico” de una casona de Holguín. “Ellos enfrentan acusaciones de instigación a cometer delitos, sólo por sus opiniones contra el régimen”, dice el periodista.
La directora de La Joven Cuba, por su parte, explica que los cubanos hoy por hoy viven una precarización extrema. “Los servicios y derechos básicos ya no están garantizados. Estamos hablando de más de 20 horas de apagones sobre todo fuera de la capital, es decir que las horas con electricidad son las no comunes”, relata. “Estamos hablando de serios problemas con el abastecimiento de agua, serios problemas con el acceso a la alimentación mínimamente digna. Hay un creciente número de familias que ha tenido que reducir sus comidas a una al día”, agrega. Según Camejo, esta crisis proviene tanto de la baja del turismo postpandemia, como de las malas decisiones económicas del régimen.
Para Camejo, una de ellas es la insistencia del estado en un sistema económico obsoleto, “lo que ha sido advertido por académicos dentro de Cuba”. A esto se suma una desatención a la infraestructura energética, una de las causas de los apagones.
Camejo cuenta la experiencia de su familia en el interior del país. “En Pinar, donde vive mi familia, ya no es para nada normal tener luz. De pronto te llegan estos mensajes que son muy chocantes y conmovedores, que dicen: ‘Estoy aquí hirviendo la leche en el patio con carbón’. Eso no es del siglo XXI”.
No tener electricidad también significa no poder guardar los alimentos perecederos. “En un contexto donde el acceso a la comida es tan complicado, las condiciones de vida se vuelven bastante duras”, dice. Según la investigadora Mayra Espina, actualmente entre el 40 y 45% de la población es pobre.
Como no hay situación mala que no sea susceptible de empeorar, Donald Trump intensifica su cerco sobre la isla al prohibir a Venezuela y México enviar más petróleo a Cuba. Pero como reclama la periodista, “hay responsabilidades compartidas. El Gobierno cubano ha cometido muchísimos errores en términos de política económica y de política interna, pero está claro también que eso ha sucedido en un contexto donde hay un esquema de sanciones que dentro del derecho internacional son ilegales”.
El futuro: de la utopía a la distopía
¿Qué podría venir para Cuba? ¿Un cerco al petróleo que asfixie a la población y genere protestas que hagan caer al régimen? ¿Una dictadura que se apegue al lema revolucionario “Patria o Muerte” y prefiera la inanición a ceder el poder? ¿Un gobierno que acepte sus errores y convoque a una transición democrática? ¿Un Trump que negocie con el régimen pensando más en sus intereses personales que en los del pueblo cubano?
Esta última parece descabellada, pero en el mundo Trump, donde ya sucedió la captura de Maduro, adquiere alguna validez.
En efecto, para la académica es inevitable que Estados Unidos intervenga de una u otra manera. “Aunque no por invasión y bombas. Creo que esto ya está sucediendo. Ahora la pregunta es, ¿qué dirección va a tomar? Obviamente la esperanza de muchos cubanos es que eso conduzca al fin del régimen”, dice Landrove. Pero también reconoce que podría haber un tipo de negociación en que “las dos partes (Trump y Díaz-Canel) lleguen a un tipo de negociación en que ambos se sientan satisfechos y no haya cambio. El miedo ahí es que el régimen salga fortalecido”.
Pero como dice Landrove, dentro de la administración de Trump hay varias fuerzas jugando y una de ellas es la que representa Marco Rubio. En efecto, aunque los padres del secretario de Estado llegaron a Miami antes de la revolución de 1959, Rubio es profundamente anticastrista, como casi toda la colonia cubana en Florida. Todo indicaría que, para él, no habría una salida negociada.
De prevalecer esa posición, sería esperable que Estados Unidos apueste por un cambio impulsado por protestas internas que escalen a tal punto que hagan caer al régimen.
Para Camejo, el bloqueo y las actuales presiones de Trump sobre Venezuela y México, “están diseñadas expresamente para dificultar la vida de los cubanos hasta que se produzca un estallido social que haga caer el Gobierno”.
¿Pero un régimen de partido único que acaba de cumplir 67 años en el poder estará dispuesto a abandonarlo, o se aferrará a su viejo lema “Patria o Muerte”? “Hay miedo de que si la situación se pone muy difícil para el régimen, como el 2021, puede haber un escenario de represión generalizada todavía más masiva y más intensiva que la que hemos visto hasta este punto, porque sabemos que están dispuestos a eso”, dice Landrove.
Ya lo dijo el opositor Manuel Cuesta Morúa a la agencia EFE: “Provocar un estallido lo único que hace es fortalecer la maquinaria represiva del Estado sobre los cubanos”. Según Cuesta Morúa, se debe defender la soberanía para una transición entre cubanos, que incluya los de adentro y los de afuera. Sólo desde 2021, más de un millón de personas han abandonado la isla, principalmente con destino a Estados Unidos.
En tanto, para el periodista José Jasán Nieves, hay una sociedad civil en Cuba, pero muy debilitada por años de represión, por lo que ve difícil que pueda liderar una transición democrática. “El régimen invierte muchos recursos en mantener a estas personas aisladas, divididas, atomizadas, agotadas en la propia supervivencia”, afirma.
Aún así Nieves tiene la esperanza de que los mismos ciudadanos comunes tomen la iniciativa para empujar por cambios. “Lo único que tiene el régimen para ofrecer es represión y un llamado a ‘resistir’, pero la realidad es que la gente está cada vez menos dispuesta a seguir resistiendo incondicionalmente”.
La melancolía por la revolución
Esta larga agonía de la revolución no habría sido posible sin el apoyo histórico de México. En el último año, por ejemplo, la petrolera Pemex vendió 496 millones de dólares en petróleo a la isla, sin que se conozca cuanto se envió como ayuda humanitaria. Para Hilda Landrove, ese apoyo subsistió por una especie de nostalgia hacia la revolución. “Hay un discurso que dice que Cuba hay que defenderla porque es el ejemplo de la justicia social y que es un país que ha alimentado, que ha educado y que ha cuidado la salud de millones de personas. Que hay que posicionarse frente al imperialismo norteamericano. Y para posicionarse frente al imperialismo norteamericano hablan de una Cuba que realmente no existe hace muchísimo tiempo. Es como si la maldad de uno hiciera bueno al contrario”.
Pero los envíos se paralizaron en enero, después de la intervención estadounidense en Venezuela, cuando Donald Trump amenazó al gobierno de Claudia Sheinbaum con imponerle aranceles
De concretarse la caída del régimen cubano y por ende, del proceso que comenzó en 1959, ese hecho marcaría un hito histórico en Latinoamérica. Ningún proceso del siglo XX se marcó tanto en el imaginario de la región, y sus líderes siguen siendo íconos de la izquierda, no sólo en Latinoamérica, sino en todo el mundo: las camisetas y los grafitis del “Che” Guevara lo demuestran. “A pocas cuadras de mi casa, acá en México, tengo uno de esos grafitis”, dice Landrove.
José J. Rodríguez Vázquez, profesor de la Universidad de Puerto Rico, politólogo e historiador experto en América Latina y el Caribe, sostiene que la revolución dejó un legado en torno al uso de la cultura y la educación. “Hay que recordar que una de las primeras agendas del gobierno castrista fue, en los 60, llevar a los jóvenes a escolarizar y enseñar a leer y escribir al resto de la población”. Ese esfuerzo-nación impactó profundamente a los académicos e intelectuales de todo el continente. Además la revolución, como dice Rodríguez, reinterpretó el marxismo hacia un “nacionalismo latinoamericanista”, que incluye el mundo rural e indígena.
Pero con el tiempo, y en medio de errores catastróficos causados por el dogmatismo ideológico, esos ideales fueron desdibujándose en medio de un control policial de la población. Y esa rigidez persiste hasta hoy. Este mes en Chile, por ejemplo, dos históricos militantes comunistas —Juan Andrés Lagos y Hugo Gutiérrez— afirmaron que en su partido “no puede haber nadie que crea que Cuba es una dictadura”. A su vez, tacharon al presidente progresista Gabriel Boric como “cobarde” y “servil”, ya que según ellos quiere congraciarse con el “amo”, Estados Unidos, a pesar de que el partido Comunista chileno participa en su gobierno.
Para Rodríguez Vásquez esto es un ejemplo de lo que el historiador italiano Enzo Traverso, define como la “melancolía de izquierda”, que sufre una parte de la izquierda que “extraña sus grandes categorías y que no logra encontrar una forma de ordenar ese pluralismo de identidades y de movimientos sociales, bajo la dirección de un partido único”. Según Rodríguez Vásquez, para este sector resulta “antipático” atreverse a hacer una crítica real a la Revolución Cubana o a su mito. “El melancólico piensa el mundo desde su imaginación y sus creencias y no puede ver que la realidad cubana no tiene que ver con la revolución socialista”.
El académico asegura que esa revolución ya no existe. “Fue importante y no dejó de tener sus aciertos. Pero ya terminó… y terminó de la peor manera. Como una sociedad estatalizada, militarizada, burocratizada de partido único, donde las expresiones de la sociedad civil, de la disidencia, no tienen lugar”.
¿Es posible en este escenario una transición a la democracia? Para el historiador es difícil, pero no imposible. Un ejemplo, según el académico, es el caso chileno: “¿Cómo es que logró darse la apertura democrática chilena después de los 17 años de dominación pinochetista? Era un régimen de una crueldad salvaje y criminal, pero después de que ganó el “No”, el bloque opositor logró una transición”.
Para eso, dice Rodríguez Vásquez, se debe ser flexible, cuidadoso y tolerante. “No se trata de barrer y tomar venganza del enemigo. Me parece que también en los cubanos hay un sector que está vivo política e intelectualmente, y que sabe que esa transición se puede dar”.
¿Está siendo Trump una barrera, más que una ayuda a un giro cubano hacia la democracia? Rodríguez Vásquez dice que sí. “Fortalece el lado más revanchista del exilio cubano, que no son más que las reminiscencias del exilio inicial. Estoy seguro de que a ningún cubano se le puede ocurrir, de adentro o de afuera, que la liberación de Cuba pueda darse a través de una invasión norteamericana. Lo único que hay que decirle a alguien que quiera eso, para que entienda lo que resulta el poderío militar tecnológico destructivo contemporáneo, es que vea una, dos o tres fotos de la franja de Gaza. Nadie va a querer reinstalar la democracia en un cementerio”, advierte.
BD/IJ