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Mundo | 26/01/2026   20:08

EEUU y China mueven sus fichas en Latinoamérica

Con sus acciones y amenazas, Donald Trump busca excluir del continente americano a cualquier rival de EEUU. ¿Qué tanto afecta esa decisión a las inversiones chinas?

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Brújula Digital|Connectas|26|01|26

Fabiola Chambi 

Desde que juró como presidente de Estados Unidos por segunda vez,  Donald Trump comenzó a agitar el avispero. En su discurso de investidura, lleno de frases polémicas, dejó en claro que quería volver a la “edad de oro” de su país, con objetivos definidos, uno de ellos en Centroamérica: “China está operando el canal de Panamá, pero no se lo dimos a China. Se lo dimos a Panamá, y lo vamos a recuperar”, dijo.

Washington no ha dejado de arremeter en el istmo, pero lo que parecía una catástrofe geopolítica se fue desvaneciendo cuando Panamá aceptó que tropas estadounidenses realizaran ejercicios de combate en su territorio, mientras aclaraba que eso no implicaba la sesión de la soberanía. 

Esa salida apaciguó las aguas, al menos por ahora, y logró bajar la tensión. Pero el presidente Trump con sus posturas erráticas no permite vislumbrar escenarios apacibles. Lo probó con contundencia en el operativo militar del 3 de enero en Caracas. En la región, México, Colombia y Cuba también han estado en el radar de sus amenazas, y por eso la pregunta parece obvia, ¿cuántas cumplirá?

Más allá de eso, lo cierto es que el orden mundial como lo conocíamos se fue  desmantelando y hoy, mientras Estados Unidos reafirma su postura colonialista, China impulsa su discurso de soberanía de los Estados. Lo cual implicaría, de continuar la tendencia, una confrontación peligrosa. 

En ese sentido, para Parsifal D’Sola, director de la Fundación Andrés Bello y del Centro de Investigación Chino Latinoamericano, Washington ha girado su estrategia hacia acciones más unilaterales, pero eso “no significa que su poder y posicionamiento haya disminuido en otras partes, de la misma manera que China no está cediendo espacios en Latinoamérica”.

Además el experto considera que “la acción militar en Venezuela es una señal clara de hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos para hacer valer sus intereses estratégicos y obviamente esto va a llevar a un nuevo cálculo de análisis de riesgo por Beijing y todas las capitales latinoamericanas (…) Ha habido una ambigüedad bastante barata o fácil que los países estuvieron jugando por muchos años de no tomar posiciones. Pero después del 3 de enero, eso va a empezar a tener costos”.

¿Cuánto poder tiene China en Latinoamérica?

América Latina es el principal destino de inversión de Beijing fuera de Asia. Según la Administración General de Aduanas de China, ese país exportó a la región, entre enero y noviembre de 2025, un 9,3% más respecto al 2024.

A pesar del complejo escenario, en gran parte definido por la política arancelaria de Trump, China ha salido airosa, incluso con el mayor superávit comercial de su historia el año pasado. Hoy es el segundo socio comercial de América Latina después de Estados Unidos y se ha esforzado por consolidar su presencia en la región con estrategias como la Ruta de la Seda o Belt and Road Initiative (BRI), una red global de cooperación que contempla acuerdos diferenciados por país en varias áreas. 

Con el paso de los meses, la disputa entre las dos potencias en la región  se ha hecho cada vez más evidente. Panamá, uno de los primeros en adherirse a la iniciativa comercial de los chinos, no resistió las presiones diplomáticas de Estados Unidos y  anunció su salida en febrero de 2025.

Perú también se ha convertido en un escenario de confrontación debido a la puesta en marcha del megapuerto de Chancay. Se trata de un proyecto clave para la conexión entre Sudamérica y Asia Pacífico, desarrollado por la estatal china Cosco Shipping Ports con socios peruanos y una inversión de 3.500 millones de dólares.

Según el Centro de Estudios del Parlamento Europeo, la creciente presencia del gigante asiático en la región forma parte de una “estrategia deliberada de largo plazo enfocada en asegurar el acceso a recursos naturales, ampliar mercados para sus manufacturas y consolidar su presencia económica y política”. 

Además las estimaciones indican que el intercambio comercial entre China y América Latina podría superar los 700.000 millones de dólares hacia 2035. El país asiático se ha asentado con socios estratégicos como Brasil, México, Perú o Chile en áreas como vehículos, proyectos ferroviarios y carreteros, minería y explotación de recursos naturales como el litio.

En el caso de Venezuela, la relación comercial se tradujo en un salvavidas económico para Caracas ante las restricciones de los mercados occidentales. Pero Beijing se limitó a calificar la captura de Nicolás Maduro como un “comportamiento hegemónico” de Washington. 

De hecho, como dice D’Sola, esa relación bilateral con Caracas ya venía deteriorándose. “En gran parte se debe a que el gobierno de Maduro despilfarró mucho del dinero que fue prestado y que debió haber ido por una lado a inversión en materia petrolera, pero también en estructura vial y social. El último préstamo que le otorgó China fue en 2016”.

Esta nueva realidad hemisférica apunta a que las relaciones bilaterales serán más pragmáticas que excluyentes, y un buen ejemplo es Argentina. El presidente Javier Milei, conocido por su cercanía y admiración confesa a Trump, dejó en claro que se mantienen los vínculos comerciales de su país con China, algo que resulta lógico pues la potencia asiática es su principal socio comercial.

Según el historiador y escritor peruano Rodrigo Murillo, China invierte y administra muchos recursos en el continente y Estados Unidos no puede negar eso. “Dependiendo de quién suceda al presidente Trump podrían cambiar las políticas de los países latinoamericanos. ¿Tendremos a un Estados Unidos agresivo intentando recuperar su dominio o a uno más conciliador que pierda posición? Hoy es difícil de prever”. 

El caos mundial

El “America First” de sus primeros discursos hicieron pensar que Trump iba a concentrarse en los problemas internos de su país. Pero lejos de ello, sus decisiones han ocasionado un verdadero caos en la región, lo que ha puesto en evidencia la fragilidad global y claro, las tensiones geopolíticas. 

Al incursionar en Venezuela, el magnate pasó de la retórica a la realidad y por eso resuenan más fuerte las amenazas de anexar Groenlandia, el territorio autónomo del Ártico gobernado por Dinamarca. 

Trump parece estar decidido a dar rienda suelta a sus aspiraciones expansionistas, sin importar el costo. Tanto, que no le importó asegurarle al primer ministro de Noruega que ahora que su país le negó el Premio Nobel de Paz, ya no le importa tanto la paz. Y concluyó: “El Mundo no está seguro a menos que tengamos el Control Total y Completo de Groenlandia. ¡Gracias! Presidente DJT”

En cuanto a la tercera gran potencia mundial del momento, Rusia, su presencia en América Latina se ha visto fuertemente afectada por la captura de su principal aliado, Nicolás Maduro, que no solo afecta a Venezuela sino a Cuba.

Para D’Sola, “Rusia no ejerce una influencia económica importante o por lo menos nada comparable con China, Estados Unidos o la Unión Europea. Y dado el contexto actual de la guerra en Ucrania, su interés y enfoque están mucho más centrados en Europa”.

Murillo lo confirma y asegura que “si esta potencia logra encontrar una plaza soberana al costado de China de igual a igual, el binomio podría ejercer un contrapeso más respetable hacia los Estados Unidos. No por sí sola”.

En medio del Foro Económico de Davos y como ya es típico de Trump, este sorprendió con una nueva polémica al publicar dos montajes generados con IA para hacer referencia a la conquista de Groenlandia y Canadá. Washington sostiene que si no da el paso en su propósito anexionista, Rusia y China sentarán su hegemonía en el Ártico.

Ante esa actitud,  la Comisión Europea, con su presidenta Ursula von der Leyen responde en forma contundente: “Consideramos al pueblo estadounidense no solo nuestro aliado, sino también nuestro amigo. Sumirnos en una espiral descendente solo ayudará a los adversarios que ambos estamos determinados a mantener al margen del panorama estratégico. Así que nuestra respuesta será firme, unida y proporcionada.

En un panorama como este, en el que el presidente de Estados Unidos amenaza a sus aliados más tradicionales a ambos lados del Atlántico, Europa dio un paso más allá al estrechar sus lazos con China. Así lo expresó el presidente francés Emmanuel Macron al darle la bienvenida a Beijing en el Viejo Continente. ¿Es esa la única salida para contrarrestar el poder hegemónico de Washington? ¿Debe mirarse América Latina en ese espejo?

BD/IJ



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