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Mundo | 16/01/2026   20:06

Cuba: ¿el siguiente objetivo de Trump?

Con la captura de Nicolás Maduro, la Isla perdió a su mayor aliado en América Latina en medio de un contexto de crisis generalizada. La intervención de EEUU en Venezuela ¿presagia la caída del régimen comunista, tras 67 años en el poder?

Una de las calles de La Habana con una fila para la compra de alimentos. Foto El Toque. Archivo.
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Melissa Cordero 

En un negocio privado en La Habana dejaron de aceptar transferencias electrónicas como método de pago, solo se acepta efectivo. 

“No sabemos lo que va a suceder aquí, mira lo que acaba de pasar en Venezuela”, dice el dueño.  Ese mismo día, el gobernante Miguel Díaz-Canel gritaba histérico y alterado en la Plaza de la Revolucón “¡abajo el imperialismo!” mientras agitaba una bandera cubana y otra venezolana. 

En el lugar se había reunido la cúpula ministerial junto a decenas de personas convocadas tan pronto se supo que EEUU había atacado Caracas y capturado a Nicolás Maduro y a su esposa. Al día siguiente, el 4 de enero, declaró duelo oficial en la isla por los 32 cubanos abatidos durante la operación estadounidense, los mismos que el régimen había negado que estuvieran a cargo de la seguridad del dictador caído. 

Al otro extremo del país, en Santiago de Cuba, apareció un cartel colgado en la puerta de una vivienda en el que se leía: “Cayó Maduro, vengan por Canel”. En Villa Clara, encima de un carretón de caballo –el transporte público más usado en las provincias– la gente comenta que “ahora sí se va a poner fea la cosa”, más de lo que ya está, porque se va a acabar la entrada de petróleo y subirá el precio de las divisas.

En la capital se respira un ambiente demasiado tenso, pero la gente siente esperanza; está dispuesta a que en Cuba suceda algo similar a lo ocurrido en Venezuela con tal de librarse de la miseria y la opresión. Como lo soñaron en 1989, tras la caída del Muro de Berlín. Desea que Díaz-Canel fuera un Gorbachov. 

La gente está cansada. Cansada de las extensas horas de cortes de luz –en 2025, el día que menor afectación hubo fue el 11 de mayo, cuando el 33 % del país estuvo a oscuras en algún momento–. 

Cansada de la falta diaria de alimentos, de medicamentos; de las tiendas en dólares y de la devaluación extrema; de las enfermedades, las muertes por éstas, de la falta de todo o casi todo. La gente está cansada del abandono estatal y de los dirigentes que solo piden resistencia y sacrificio. 

A bastante gente le hace gracia que Marco Rubio vaya a dirigir Cuba, como insinuó Trump. Quieren un cambio que no han podido impulsar por sí mismos en seis décadas. Quieren oortunidades, comida, luz, libertad. 

Otros cubanos exigen la liberación de los presos políticos, la caída del sistema. Justicia para los responsables de las penurias y violaciones de derechos, la restauración de las víctimas, el regreso de los desterrados, democracia. 

Otros aseguran que con la dictadura no se negocia. Otros están en contra de cualquier intervención de Trump en los asuntos internos de la isla. Dicen que solo los cubanos tendrían que resolver sus problemas, porque esa idea aviva los fantasmas del pasado, cuando EEUU intervino en la Guerra de Independencia, 1898, y se quedó hasta 1959. 

Movilizados

La cúpula del poder ha movilizado su anquilosada maquinaria discursiva y performática, tanto para posicionarse contra la acción militar en Venezuela como para asegurar que los cubanos están dispuestos a “derramar su sangre” para defender el sistema. 

Después del 3 de enero, ordenaron un movimiento inusual de armamento en las calles de la capital. También, hicieron un llamado general de preparación para la defensa, un ejercicio en el que la misma gente que pasó sin electricidad la noche anterior debe acudir a trincheras de entrenamiento para simular que lanzan una granada y que disparan un fusil. 

El domingo 11 de enero, apenas una semana después de su incursión en Venezuela, Trump escribió en Truth Social: “¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba! ¡Cero!”; y luego añadió: “Les sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”. Ese mismo día, también aseguró, desde el Air Force One, que estaba “hablando con Cuba”. Horas después, Díaz-Canel negó las palabras de su homólogo. No sabemos quién dice la verdad.  

La isla y EEUU tienen rencillas históricas. El régimen cubano ha logrado sobrevivir –a golpe de apoyo exterior, concentración del poder y represión– frente a la retórica guerrerista de su viejo enemigo. Ha usado el embargo económico como excusa y ha sumido al país, no solo en la pobreza,  sino en un escenario de alarmismo, en el que el enfrentamiento siempre está por llegar. Le ha pedido abnegación al pueblo cubano, le ha pedido entregar la vida para salvar la “revolución”. Le ha pedido la muerte.

Casi 70 años

Cuba, es cierto, ha vivido en una crisis constante e in crescendo desde el triunfo de la revolución y el país ha prosperado en poca cosa. El Estado, como el gran hermano, todo lo ve y todo lo controla; la propiedad privada es un demonio y rezago del pasado capitalista, aunque haya tenido que permitirla en momentos críticos. 

Mientras tanto, los derechos políticos no existen y los pilares sociales –salud, educación– se desmoronan como los edificios de La Habana Vieja. Se pensó que no podía venir algo peor que el Período Especial de los 90, que los apagones no regresarían, que la gente iba a prosperar. Pero no era así. Por eso ha habido ciclos de protestas masivas más o menos cada 10 años.

¿Sobrevivirá el régimen a una crisis tan aguda como la actual? ¿Qué condiciones reales hacen pensar a muchos que el país “socialista” caribeño va a caer al perder el apoyo de Venezuela, su salvavidas hace más de dos décadas? ¿Por qué otros creen que no sucederá absolutamente nada?

Las claves del régimen de La Habana 

1. La estructura. Resultado de una revolución violenta, advierten los politólogos Levitsky y Way. Estos regímenes suelen ser notablemente duraderos y culminar en un autoritarismo. Suelen, también, sobrevivir a pesar de la hostilidad exterior, los malos resultados económicos y los fracasos políticos a gran escala. 

Cuatro elementos explican la resistencia de sistemas como el cubano: a) destrucción de centros de poder independientes; b) partidos gobernantes cohesionados; c) un estrecho control partidista sobre las fuerzas de seguridad; y d) poderosos aparatos coercitivos.

No obstante, las herencias revolucionarias no son permanentes; muchos de los elementos que los sostienen se degradan con el tiempo –en especial con la muerte de la generación revolucionaria–. 

Ello se suma al papel central y único del Partido Comunista que, según la Constitución, está por encima del Estado y la sociedad. La ley no tiene sentido en la isla porque ha sido usada sistemáticamente como herramienta de castigo.

La oposición política es ilegal en Cuba. Tantos años de ausencia de práctica democrática han cancelado el ejercicio opositor. No hay figuras visibles ni un programa concreto para aplicar si mañana cayera el castrismo.

Ningún individuo menor de 75 años tiene experiencia alguna en libertad y en haber ejercido su papel como individuo. El miedo generalizado a la represión ha paralizado aún más las vías de participación.

2. La realidad. Y lo peor es que la Cuba de 2026 ni siquiera se parece a la de años anteriores, pues coexisten a la par varias crisis. Crisis que se han acentuado tras la pandemia, que cerró la válvula del turismo, y una fallida reunificación monetaria impuesta por el régimen que disparó la inflación, la devaluación del peso y la precariedad.

Según el economista Pavel Vidal, las condiciones económicas y financieras actuales son mucho más débiles que cuando se derrumbó el bloque soviético. La situación del Sistema Electroenergético Nacional se ha depauperado más en el último quinquenio. Las centrales térmicas rezuman obsolescencia. Salen del sistema con frecuencia y hay averías constantes por falta del mantenimiento necesario. Estas centrales trabajan con crudo cubano, excesivamente azufrado y por lo tanto corrosivo. Las centrales viven en un ciclo de arrancadas y paradas que dejan al país a oscuras. 

Cuba ha dependido notablemente en las últimas décadas del petróleo venezolano –el elefante en la habitación–. Según el cubano Jorge Piñón, experto en energía de la Universidad de Texas, en el último trimestre de 2025, la administración de Díaz-Canel recibió en promedio 35.000 barriles de petróleo diarios de sus socios venezolanos (aproximadamente el 50% del déficit diario de energía de la isla). 

Para Piñón, sin Venezuela, Cuba colapsaría, pues el resto de los socios no lograrían suplir el vacío. El diario Financial Times, sostiene –con base en estudios– que México ha venido suministrando a la Isla mucho más petrólero que el país caribeño; mientras que desde Rusia apenas llega un tanquero cada tres meses. 

CBSNews reportó el 12 de enero –al contrario de las declaraciones de Trump– que EEUU permitiría a México seguir suministrando petróleo a Cuba. Esto porque la administración estadounidense no buscaría un colapso del gobierno cubano; sino negociar con La Habana para desterrar el sistema comunista.

Fuera de estos envíos motivados por negocios geopolíticos e ideológicos, Cuba no tiene liquidez para pagar el combustible en el mercado internacional. Del resto de los aliados tampoco recibe noticias halagüeñas por el momento. Ni Brasil ni Colombia ni Angola ni Argelia están dispuestos a dar sin recibir. La hermandad no alcanza para tanto.

La población cubana atraviesa, además, una gran crisis demográfica: baja natalidad, éxodo masivo de fuerza de trabajo joven y un envejecimiento acelerado. De la cifra actual de 9,7 millones de habitantes, para 2050 se proyecta que la Isla tenga apenas 7,7 millones, un país de ancianos. 

Sumado a ello, el acceso a los alimentos básicos es una quimera.Según estimaciones de economistas, se necesitan más de 10 salarios del sector mejor remunerado para alimentar a una persona. 

Para el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89 % de la población vive en pobreza extrema. El difícil acceso a salud de calidad y medicinas, junto a las crisis sanitarias, vuelven a la isla un lugar insalubre. 

Durante el verano de 2025, miles enfermaron de varias arbovirosis; la epidemia puso en evidencia el colapso del sistema de Salud. Aún se desconoce cuantas personas murieron.

3. Las perspectivas. La determinación del régimen de La Habana por mantenerse en el poder, y los métodos dictatoriales para garantizarlo no son desdeñables. Así, ha sobrevivido casi siete décadas. Por otro lado, la narrativa revolucionaria aún funciona y sigue haciendo eco en muchas partes del mundo.

Para el politólogo Armando Chaguaceda, el Gobierno cubano vive el desafío “más grande al menos desde el gobierno de Reagan, en los años ochenta, y, probablemente, desde la Crisis de octubre de 1962. Claro, ahora es otro momento. Uno en el que el modelo está en una crisis profunda, económica, de legitimidad y política. Aun así, mantienen el control del país. Si Trump ejerce más presión sobre la economía y sobre la élite política, la situación será muy dura para ellos. Son sobrevivientes, pero esta es una presión muy fuerte”. 

Chaguaceda agrega: “No estoy seguro de que haya un ataque contra Cuba en el sentido militar clásico. Si lo analizas, ni siquiera en Venezuela ha habido un ataque de ese tipo: no han atacado ni ocupado el país. Así que yo esperaría más presión, más presión económica, más sanciones e incluso, no lo sé, quizá más acciones encubiertas. Ahora, todas las opciones están abiertas”. Al fin y al cabo, “Cuba cuenta con mayor apoyo diplomático y político internacional”.

¿Qué va a pasar? ¿Será 2026 el año de la liberación y la transición democrática en Cuba; el año del fin de la dictadura más longeva de la región? 

¿La caída de Venezuela es la gota que colmará el vaso y desatará una revuelta popular en la isla?

Es complejo anticiparlo. Al menos muchos cubanos esperan que así sea. Hay factores externos capaces de influir, hay una crisis endógena profunda, hay individuos empobrecidos y despojados de sus derechos y hay una cúpula aferrada, como siempre, al poder. 

Aun así, la realidad es mucho más rica y variable que las teorías que intentan explicarla. Cuba no es Venezuela, aunque, para muchos, se parezca bastante.

BD/IJ



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