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Mundo | 16/01/2026   12:54

|ANÁLISIS|Machado, Trump y el Nobel: realpolitik en su versión más cruda|Raúl Peñaranda U.|

El resultado, por lo menos por ahora, no es positivo para ella: su decisión no garantizó el respaldo de Trump, no modificó la posición oficial de la Casa Blanca y no alteró la idea del presidente de EEUU, que sigue creyendo (o dice que cree), que Machado carece del apoyo suficiente para liderar Venezuela.

Donald Trump recibe como regalo el premio Nobel de parte de María Corina Machado
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Brújula Digital|16|01|26|

Raúl Peñaranda U.

La visita de María Corina Machado a la Casa Blanca dejó una imagen muy fuerte: la principal figura de la oposición venezolana entregando su medalla del Premio Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un esfuerzo desesperado por halagarlo. 

El gesto fue ampliamente cuestionado. El Centro Nobel de la Paz recordó que la medalla no puede ser transferida ni compartida y dirigentes políticos en Noruega y del resto del mundo calificaron la escena de absurda y dañina para el prestigio del galardón. 

La crítica es comprensible: un reconocimiento internacional concedido por la lucha democrática termina convertido en un instrumento de negociación personal para complacer a un líder fatuo y vanidoso, además de engreído: todos deben rendirse a sus pies si quieren su apoyo, incluso la premio Nobel, una mujer de extraordinarias condiciones políticas y personales. 

La captura de Maduro por fuerzas estadounidenses parecía acercar a Machado y a la oposición democrática venezolana a ese objetivo, pero, en un giro imprevisto, de hecho los alejó: Trump, entre otras cosas porque está dolido por no haber logrado él el premio Nobel (que nunca, si tienen sano juicio los jueces de ese galardón, debería recibir), al final se decantó por otro tipo de transición: alianza con el chavismo y demostrando, de manera explícita, su apremio por controlar el petróleo venezolano. 

Tener acceso directo a Trump y a su megalomanía se ha convertido en un activo político crucial. Machado tuvo que bajar la cerviz ante esa realidad. Es que todos saben que Trump no se guía por afinidades ideológicas ni de valores, sino por señales, lealtades personales y muestras de servilismo. Entregar la medalla del Nobel no fue un acto ingenuo ni improvisado, sino una concesión calculada en el marco de una lógica de realpolitik en la que los principios suelen subordinarse a la necesidad de seguir siendo parte del proceso de negociación. Nadie sabe mejor que ella, en este momento, que la política implica muchas veces tragar sapos: en estas circunstancias le ha tocado lo más desagradable. 

El resultado, por lo menos por ahora, no es positivo para ella: su decisión no garantizó el respaldo de Trump, no modificó la posición oficial de la Casa Blanca y no alteró la idea del presidente de EEUU, que sigue creyendo (o dice que cree), que Machado carece del apoyo suficiente para liderar Venezuela, lo cual es obviamente falso. A cambio, la dirigente opositora quedó expuesta a críticas internas y externas y a la percepción de haber sacrificado capital simbólico sin obtener resultados concretos. Habrá que esperar un poco. El ego de Trump es posible que se haya saciado en este tema y que una mañana despierte y piense que Machado merece estar en la mesa de negociación. 

La política real suele operar así: concesiones asimétricas, costos reputacionales y apuestas que no siempre rinden frutos. Para una dirigenta que aspira a jugar un rol central en la redefinición del poder en Venezuela, la alternativa no era preservar intacto su prestigio sino intentar no quedar excluida de un proceso que hoy se decide en Washington y no en Caracas.

Machado puede ser criticada por haber cruzado esa línea. Pero también es evidente que quien no está dispuesto a hacer concesiones corre el riesgo de quedar fuera de juego. El riesgo de la Premio Nobel es quedar marginada de todos modos, pese a haberse degradado. Quizás, como camino alternativo, pudo haber esperado al fin del gobierno de Trump (faltan tres años) y a la reconfiguración de la correlación de fuerzas internacional. Solo el futuro dirá si el apresuramiento de Machado le dará los frutos que ella espera. 

Raúl Peñaranda U. es periodista.

BD/RPU





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