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Mundo | 14/01/2026   20:30

La Doctrina "Donroe" y el “sálvese quien pueda” en América Latina

Trump oficializó la ley del más fuerte con su ataque a Venezuela e inauguró una era de imperialismo en el que todo el continente se convierte la esfera de influencia de Washington. ¿Hay lugar para la soberanía de los países?

Imagen tomada del portal de Connectas. Archivo.
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Brújula Digital|Connectas|14|01|2026|

Leonardo Oliva

“Este es nuestro hemisferio y el Presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad se vea amenazada”. El mensaje, fijado desde el 5 de enero en el perfil del Departamento de Estado en la red X sintetiza la nueva concepción que Washington tiene hoy del mundo. Y no surgió del bombardeo de Caracas y la captura de Nicolás Maduro: está incluida en la estrategia de seguridad nacional publicada a finales de 2025, que llama a reclutar amigos y ampliar alianzas en América. Una invitación que después del 3 de enero se entiende más bien como una amenaza militar: o estás con nosotros o te las verás con nuestras armas.

Trump denominó “Doctrina Donroe” esta estrategia para convertir a Estados Unidos en el gendarme de occidente. De ese modo ‘actualizó’ la Doctrina Monroe, con la que a principios del siglo XIX Estados Unidos le “marcó la cancha” a Europa en América. Pero la versión trumpista del imperialismo no busca más democracia. Como lo define un artículo en The Economist, “la doctrina trata sobre el poder y los recursos naturales, no sobre los valores”. 

Trump también ha revivido otro concepto: las esferas de influencia. Se trata de un término de la era de los imperios que definía las regiones o zonas donde una potencia ejercía una influencia excluyente. Una expresión que hasta ahora Estados Unidos rechazaba, –al revés de Rusia y China– en función de su presencia global.

El giro es de 180 grados

“El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ponerse en duda”, declaró Trump en la conferencia de prensa en la que presentó la captura de Maduro el 3 de enero. Tras esas palabras –y las acciones que desplegó la Fuerza Delta en Caracas–, no hay nadie que pueda resistirse a la fuerza de las armas de Estados Unidos en América Latina.  

Para Vanni Pettinà, profesor de Historia Americana en la Universidad Ca’ Foscari de Venezia, la intervención en Venezuela significa el retorno de las formas más agresivas del imperialismo estadounidense. 

Se trata, en palabras del experto, de “dar una señal en la región, pero a nivel global. Es decir, es una manifestación de un unilateralismo que ya no intenta cobijarse, aunque sea de forma retórica, en los principios del derecho internacional”. Unos principios donde la soberanía de los países es un concepto primordial. 

Pettinà sostiene que el bombardeo en Caracas acabó con el liberalismo internacional que el propio Estados Unidos había construido después de la Segunda Guerra Mundial: “Es el primer acto, yo diría bélico, que nos dice que desde ahora en adelante podemos esperar cualquier tipo de acción por parte de Estados Unidos”.

Otro analista, Creomar De Souza, señala que la exhibición que hizo Trump del jerarca chavista encadenado en Nueva York recuerda a la del emperador romano Julio César cuando mostró por las calles de Roma al líder galo Vercingetórix como trofeo de guerra. Es decir, como demostración de la eficacia de la fuerza para imponer su voluntad. 

En efecto, De Souza, fundador de la consultora de análisis de riesgo político Dharma, ve en las recientes acciones de Washington mucho más que una nueva versión de Monroe. Se trataría más bien de la teoría de las relaciones internacionales de John Mearsheimer.

Para este autor estadounidense –explica el experto brasileño–, “la política global debe ser guiada y dirigida por los países que tienen más fuerza. Y estos países deben por derecho y por necesidad asumir una práctica, una lógica de acción, que es llamada ‘realismo ofensivo’. Es decir, para cada tipo de amenaza, real o imaginada en el horizonte, debe haber una acción directa y sin ningún elemento de duda. Y básicamente, lo que nosotros vimos en la acción de Trump en Venezuela fue eso”.

América Latina sin voz 

En esta nueva era de poder y fuego, a los gobiernos de América Latina no les quedan muchas alternativas para no terminar como el chavismo, que entrega el petróleo (es decir la soberanía energética) a cambio de su supervivencia política. 

Donroe puede traducirse para nuestra región como la doctrina del “sálvese quién pueda”. El horizonte muestra a la OEA, la CELAC o al Mercosur debilitados: en un mundo sin reglas, los bloques regionales parecen destinados a extinguirse. Y a la lógica del poderoso –que Trump encarna mejor que nadie– esto le viene como anillo al dedo: él negocia con los presidentes latinoamericanos de a uno, con obvias condiciones de inferioridad para ellos.

Las disímiles reacciones tras la captura de Maduro lo evidencian. Hubo elogios ciegos (Milei, Noboa, Mulino), cuestionamientos cautelosos (Sheimbaum, Lula), pataleos acallados luego de una charla telefónica (Petro) y silencios incómodos (Ortega). No hubo una postura regional, pese a que en una reunión de urgencia de la CELAC intentaron  emitir una condena que no encontró unanimidad. 

Como afirmó en una entrevista el exministro de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda, “el problema para que América Latina hable con una sola voz es que la división ideológica se lo ha impedido desde hace 20 años. Y ningún país, ni siquiera Brasil, tiene la fuerza para actuar solo. 

Mientras no haya una coincidencia sobre ciertos principios básicos, tengan gobiernos de izquierda o de derecha, no va a ser posible que la región tenga una voz destacada en el concierto internacional”. Por supuesto, la desunión regional no comenzó el 3 de enero pues, como dice Castañeda, se arrastra desde principios del siglo.

Pettinà cree que el ataque en Venezuela “va a incrementar los niveles de división interna entre los países latinoamericanos”. Y teme que este intervencionismo estadounidense “se vuelva otra vez un factor que las élites latinoamericanas van a intentar utilizar en sus propias pugnas políticas, con la consecuencia de una fuerte polarización, desestabilizaciones de las sociedades y una distorsión del juego político interno”.

En este contexto, De Souza ve en la región tres bloques  bien diferenciados. En el primero están los países que necesitan el dinero o la seguridad provista por Estados Unidos, y en él ubica a El Salvador y también a Colombia (mal que le pese a Petro).

En el segundo grupo están “aquellos que tienen alguna capacidad de movilización, pero con límites muy claros”.  En este incluye a México, “porque sufre muchísimo con el hecho; de que tiene a Estados Unidos como un vecino directo; y a Argentina, “que tiene instancias multilaterales como el Mercosur, pero un gobierno que hace un esfuerzo para ser visualizado como una especie de hijo preferido de Washington”.

De Souza pone en el tercer grupo a Brasil, “un actor que tiene más espacio de acción que los otros pero que efectivamente no es autónomo”. Pettinà añade que ese país realizará elecciones presidenciales este año, y no duda de que Trump intervendrá activamente como ya lo hizo en 2025 en los comicios de Argentina y Honduras.

¿Podrá alguien frenar la prepotencia trumpista? “No necesito el derecho internacional”, le dijo el magnate republicano a The New York Times, envalentonado por el éxito de su operación. No era para menos si, en menos de tres horas, sus efectivos lograron llevarse a un déspota (y a su esposa) de un búnker custodiado por decenas de agentes cubanos, que contaban con armas rusas e inteligencia iraní. Sálvese quien pueda…

BD/IJ





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