El Gobierno ha ensayado gestos para descomprimir tensiones, como relajar el uso del velo y apelar al nacionalismo secular. No obstante, estas medidas no han contenido el descontento, centrado en la crisis económica.
Brújula Digital|Agencias|06|01|26|
La cifra de muertos por la violencia relacionada con las protestas en Irán ha aumentado al menos a 35, informaron activistas el martes, mientras las manifestaciones no muestran señales de detenerse y se especula que el ayatolá Alí Jamenei planea escapar a Moscú si es que las protestas salen de control.
El Gobierno ha ensayado gestos para descomprimir tensiones, como relajar el uso del velo y apelar al nacionalismo secular. No obstante, estas medidas no han contenido el descontento, centrado en la caída sostenida del nivel de vida. El 29 de diciembre, el presidente reemplazó al gobernador del Banco Central por Abdolnaser Hemmati, economista y extitular de la entidad, un movimiento visto por críticos como insuficiente, dijeron medios internacionales.
Según la Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, más de 1.200 personas han sido detenidas en las protestas, que llevan nueve días y son el desafío más fuerte en mucho tiempo contra el régimen iraní.
Las protestas se han convertido en las más grandes en Irán desde 2022, cuando la muerte de Mahsa Amini, de 22 años, bajo custodia policial, desató manifestaciones a nivel nacional.
Irán ha enfrentado varias rondas de protestas. Tras el endurecimiento de las sanciones y dificultades económicas luego de una guerra de 12 días con Israel, la moneda iraní, el rial, se desplomó en diciembre, alcanzando 1,4 millones por dólar, lo que provocó nuevas manifestaciones, dijo el Times de Londres.
El detonante fue una huelga de comerciantes de productos electrónicos en Teherán el 28 de diciembre. Dependientes de importaciones y afectados por la caída del rial, los vendedores paralizaron actividades, a lo que pronto se sumaron otros sectores, incluido el histórico bazar de la capital, considerado un termómetro político del país.
Las protestas se trasladaron rápidamente a las calles y se expandieron a ciudades como Isfahán y Shiraz, con consignas que fueron del reclamo económico a la denuncia política abierta, recordó The Economist.
El 31 de diciembre, las autoridades ordenaron el cierre de escuelas y oficinas en 21 de las 31 provincias, oficialmente por razones de ahorro energético ante una ola de frío. Sin embargo, muchos ciudadanos interpretaron la medida como un intento de contener las movilizaciones.
La inflación supera el 40% y persisten cortes de electricidad y escasez de agua; en noviembre, el presidente Masoud Pezeshkian advirtió que partes de Teherán podrían ser evacuadas si continúan disminuyendo las reservas hídricas. El presidente enfrenta límites en un sistema dominado por el líder supremo, el ayatolá.
Pese al clima de protesta, la oposición carece de liderazgo y coordinación, y no se observan fisuras significativas dentro de la élite gobernante. Esto sugiere que las manifestaciones podrían disiparse o ser reprimidas, como ocurrió en episodios anteriores.
Sin embargo, dos factores externos introducen incertidumbre: la posibilidad de una nueva escalada militar con Israel y las amenazas de Estados Unidos. El 2 de enero, el presidente estadounidense advirtió contra la represión violenta de los manifestantes.
Según el Times de Londres, el ayatolá planea escapar a Moscú si las protestas salen de control. Jamenei, de 86 años, tomaría un vuelo con su círculo íntimo, incluyendo aproximadamente 20 asesores y miembros de su familia. Su hijo y presunto heredero también huiría, dijo el diario.
El plan de escape de Jamenei es similar al del caído líder sirio Bashar al-Assad, quien huyó de Damasco en avión y aterrizó en Moscú con su familia cuando las fuerzas de oposición del país tomaron la capital en diciembre de 2024.
BD/RPU