Brújula Digital|04|01|26|
Raúl Peñaranda U.
La detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico ha sido presentada como un hecho histórico y terminal para el régimen venezolano. Sin embargo, lejos de despejar el panorama, el episodio ha abierto una etapa de profunda incertidumbre política, marcada por la exclusión de la oposición democrática, la posible continuidad del chavismo sin Maduro y una estrategia estadounidense centrada más en el control del poder y del petróleo que en la restauración democrática.
Numerosos análisis apuntan en ese sentido. Veamos tres de los más relevantes:
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez –en un texto titulado “Una extraña transición en Venezuela”– plantea desde el inicio la paradoja central del momento: la operación fue militarmente exitosa, pero políticamente inquietante. “Lo que más llama la atención (…) es que (Donald Trump) no tiene entre sus planes permitir que asuma el Gobierno el presidente legítimamente electo, Edmundo González”, recuerda, aludiendo a las elecciones del 28 de julio de 2024, cuyo resultado fue desconocido por Maduro y reconocido por EEUU.
Ramírez subraya que Trump se comporta como “dueño de los destinos de Venezuela, como tierra conquistada”, y que su discurso apunta a una administración directa del país por parte de Estados Unidos hasta una transición “segura y juiciosa”, sin plazos ni reglas claras.
En ese esquema, ni González ni María Corina Machado –líder de la resistencia interna– aparecen como opciones reales de poder. Por el contrario, Trump desestimó a Machado al afirmar que “no tiene el apoyo o el respeto dentro del país”.
En lugar de la oposición, el centro del nuevo tablero parece ocuparlo Delcy Rodríguez, vicepresidenta y ministra de Petróleo del régimen. Ramírez recuerda que Trump llegó a decir: “Ella es, supongo, la presidenta”, una frase que equivale a un reconocimiento implícito.
Más aún, aseguró que Rodríguez estaba dispuesta a hacer “lo que Estados Unidos necesite” para facilitar la transición. Para Ramírez, el escenario resulta alarmante: “Si Maduro es ilegítimo, ella también lo es”, advierte, recordando que Rodríguez es una pieza clave del aparato de la “narcodictadura”.
No es el colapso del régimen
Una lectura convergente aparece en The Economist, que coincide en que la caída de Maduro no implica el colapso del régimen.
“No está en absoluto claro que la salida de Maduro anuncie el fin del régimen”, señala el semanario británico, que describe una mezcla de celebración en la diáspora y cautela dentro del país. El medio remarca que Trump no solo marginó a Machado, sino que ni siquiera mencionó a Edmundo González, pese a haber ganado las elecciones con respaldo estadounidense.
Para The Economist, el plan de Trump “parece consistir en desplegar el capitalismo estadounidense sobre las reservas petroleras venezolanas con la ayuda de un nuevo gobierno venezolano dócil”. El petróleo emerge como el eje estructurante de la estrategia: inversiones “miles y miles de millones de dólares”, reconstrucción financiada por ingresos petroleros y elecciones pospuestas para un futuro indefinido.
Todo ello depende, subraya el semanario, de la obediencia de Delcy Rodríguez, a quien Trump describió como alguien que “realmente no tiene otra opción”.
No obstante, la propia Rodríguez, en una intervención televisada, negó cualquier ruptura con el madurismo: “Maduro sigue siendo el único presidente” y “nunca seremos colonia de ningún imperio”, dijo, calificando la acción estadounidense de “bárbara”.
El factor decisivo, coinciden los análisis, será el comportamiento de las Fuerzas Armadas. The Economist plantea la pregunta clave: si el Ejército venezolano respaldará a Rodríguez y, por extensión, el plan aparente de Trump. Con generales enriquecidos por corrupción y narcotráfico, el alineamiento podría responder más a la preservación de privilegios que a un proyecto político.
Pero también existe el riesgo de fracturas internas, con colectivos armados, guerrillas colombianas y bandas criminales como el Tren de Aragua agregando volatilidad al escenario.
Continuidad del chavismo
Desde una perspectiva similar, el exembajador colombiano en Estados Unidos y exvicepresidente de su país, Francisco “Pacho” Santos, fue aún más explícito al advertir sobre la continuidad del chavismo.
En declaraciones a NTN24, afirmó que Maduro “no lo sacaron, lo entregaron”, asegurando estar “absolutamente seguro” de que hubo una entrega pactada desde el propio régimen. Para Santos, la narrativa de una extracción militar sería parte de un montaje posterior.
Santos vinculó los hechos con la lógica de un nuevo mandato de Trump y alertó sobre un “reciclaje del madurismo”.
A su juicio, la estrategia apunta a “una transición encabezada por figuras del propio régimen y la búsqueda de acuerdos económicos, particularmente en el sector petrolero”.
En ese marco, advirtió que, si no se avanza rápidamente hacia “elecciones libres, un CNE independiente, observación internacional y la participación de María Corina Machado”, el chavismo podría sobrevivir políticamente incluso sin Maduro.
“Así como el chavismo sobrevivió a la muerte de Chávez, podría sobrevivir a la captura de Maduro”, concluyó Santos, trasladando el peso del desafío a una oposición debilitada y a una comunidad internacional cada vez más pragmática.
En conjunto, los tres enfoques convergen en una conclusión inquietante: la captura de Maduro es un golpe simbólico y judicial, pero no un punto de quiebre a favor de la democracia.
Sin una transición basada en la voluntad popular expresada en 2024, y con Estados Unidos privilegiando el control y la estabilidad sobre la legitimidad, Venezuela corre el riesgo de entrar en una nueva fase del mismo régimen, esta vez sin su figura más visible, pero con su estructura esencial intacta.
Raúl Peñaranda U. es periodista.
BD/RPU