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Economía | 02/03/2026   02:01

|OPINIÓN|¿Por qué La Paz no alcanza su desarrollo? Las 4 marchas necesarias|Hugo Siles|

Frente a las urnas de 2026, los paceños no solo elegirán un gobernador; elegirán si quieren seguir siendo un archipiélago fragmentado o si, por fin, se deciden a convertirse en un territorio unido, conectado y próspero.

La localidad de Chulumani en e l norte de Laz Paz. Foto RRSS.
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Brújula Digital|02|02|26|

Hugo Siles 

En marzo de 2026, los paceños acudirán a las urnas para elegir a sus nuevas autoridades, tanto departamental como municipales. La campaña electoral, previsiblemente, estará plagada de promesas y obras. Sin embargo, detrás del ruido político late una pregunta fundamental, una que ningún candidato debería eludir: ¿Por qué La Paz, el corazón político de Bolivia y un territorio de biodiversidad y recursos abundantes, no logra su desarrollo?

La respuesta se encuentra en un diagnóstico de fragmentación profunda. La Paz no es un departamento integrado; es un archipiélago de regiones desconectadas, economías desintegradas e instituciones no inclusivas. Y mientras persista esta fractura, el desarrollo seguirá siendo una quimera.

Las tres fracturas paceñas

Un análisis estructural e histórico revela que el subdesarrollo paceño descansa sobre tres pilares rotos:

La fractura carretera. El departamento carece de una red de transporte que articule su geografía. El norte amazónico, el sur altiplánico, el este yungueño y el oeste andino viven de espaldas. No hay un sistema de "venas carreteras" que permita el flujo sanguíneo de la economía y la institucionalidad. Esta no es solo una falla logística, es una barrera que impide la creación de un mercado interno, con proyección nacional e internacional y aísla a las poblaciones.

La fractura económica. La economía paceña sufre de una problema estructural. El enorme potencial del sector primario (agrícola, pecuario, piscícola y forestal, especialmente en la región amazónica) está divorciado de la industria (sector secundario) y los servicios (sector terciario). Un ejemplo gráfica el problema. Las naranjas de Caranavi no  logran convertirse en un jugo industrializado con valor agregado que se venda en La Paz, Bolivia y el mundo.

La fractura institucional. La calidad de las instituciones –salud, educación, seguridad jurídica– se desploma al cruzar la "tranca de Urujara" o la "tranca de San Roque" o la “tranca de Achica Arriba”. Más allá del área metropolitana, el Estado se diluye. Esta "geografía de la desigualdad" crea un desierto de oportunidades, donde el emprendedor rural no tiene acceso al crédito, el niño no tiene una escuela digna y el ciudadano no tiene seguridad. 

Los "drivers del desarrollo" (capital humano, tecnología, reglas de juego claras) recién están aprendiendo a gatear en las provincias.

La teoría que explica el fracaso

Lo que le ocurre a La Paz no es un caso aislado. La economía global tiene nombres para esto. El premio Nobel Paul Krugman demostró que la actividad económica tiende a concentrarse en "centros" (como la ciudad de La Paz y El Alto) cuando los costos de transporte son altos y la movilidad es baja, dejando a su alrededor "periferias" subdesarrolladas y dependientes.

La Paz es un caso de manual: un centro relativamente próspero rodeado de una periferia rural con escaso desarrollo por la falta de conectividad. Mientras no se construyan los corredores que reduzcan los costos de transporte, el desarrollo seguirá siendo un deseo. 

A esto se suma la lección de otro Nobel Douglass North: Las instituciones inclusivas son la base del desarrollo. 

La Paz tiene instituciones de primera para el centro (bancos, universidades, tribunales) e instituciones de tercera para la periferia. Esta fractura institucional es el caldo de cultivo de la informalidad y la desesperanza.

La solución: las "4 Marchas" 

Frente a este panorama no bastan los parches. Se requiere una estrategia geoestratégica y de integración de envergadura mundial. La propuesta es clara: integrar La Paz mediante cuatro grandes corredores económicos que la conecten consigo misma y con los mercados nacionales y globales. Son las 4 marchas.

1. La marcha amazónica (hacia el norte). Más del 60 % del departamento es amazónico. Su potencial agroindustrial (ganadería, piscicultura, turismo) es incalculable. La conexión directa con el Beni es la prioridad máxima. Reducir la distancia de los actuales 1.418 kilómetros (vía Santa Cruz) a solo 596 kilómetros (vía norte de La Paz) no es una opción, es una obligación. 

Según datos del sector logístico, acortar esa brecha reduciría los costos de transporte en más de un 50 %, haciendo competitiva la producción del norte en los mercados del occidente y viceversa.

2. La marcha hacia el Pacífico (hacia el Oeste). El 80 % del comercio exterior boliviano depende de los puertos chilenos. La Paz debe articular su economía a esta realidad. Pero la visión debe ser más audaz: el nuevo megapuerto de Chancay en Perú, financiado por China, y los puertos del sur peruano (Ilo, Matarani) ofrecen una oportunidad histórica para diversificar rutas y convertir a La Paz en un hub logístico bioceánico, dejando de ser un mero espectador del comercio global.

3. La marcha hacia el Atlántico (hacia el noreste). Un tesoro geopolítico olvidado. El Tratado de Petrópolis de 1903 con Brasil garantiza a Bolivia una salida libre e irrestricta al Atlántico por la vía Guayaramerín-Manaos. Esta ruta, hoy subutilizada, es la llave para abrir los mercados de Brasil, Europa y África a la producción paceña, rompiendo la dependencia histórica de una sola salida al mar.

4. La Marcha hacia los valles y el sur (hacia el este). Fortalecer el eje histórico con Oruro, Cochabamba, centros mineros y Potosí es vital. Esta es la columna vertebral del occidente boliviano y su integración vial y energética debe ser una prioridad para consolidar un mercado interno robusto.

El motor de la transformación: un consejo metropolitano

Ninguna carretera funciona sin una institucionalidad que la gestione. Por eso, el segundo pilar de esta revolución es la creación de un consejo metropolitano de municipios de La Paz.

No se trata de una nueva burocracia, sino de un ente de planificación estratégica público-privado, un espacio donde la Gobernación y los municipios coordinen, con visión de largo plazo, las políticas de integración. Este consejo sería el encargado de priorizar las inversiones, armonizar normas y atraer financiamiento internacional para los macroproyectos que las "4 marchas" demandan.

El subdesarrollo de La Paz no es un designio divino ni una maldición geográfica. Es el resultado de décadas de decisiones que priorizaron el centro y abandonaron la periferia, que apostaron por la materia prima y desdeñaron la industrialización.

Frente a las urnas de 2026, los paceños no solo elegirán un gobernador; elegirán si quieren seguir siendo un archipiélago fragmentado o si, por fin, se deciden a convertirse en un territorio unido, conectado y próspero. Las "4 marchas" son el camino. La pregunta es si habrá la voluntad política para emprenderlo.

Hugo Siles Espada es economista y comunicador social. 



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