Las políticas del gobierno deberán virar en un ángulo suficiente como para cumplir con las expectativas de modernización tecnológica y cuidado ambiental que formuló el Presidente en su discurso de inicio de gestión.
Brújula Digital|23|02|26|
Roger Carvajal
La base financiera de los anteriores gobiernos estuvo constituida principalmente por los ingresos de la venta del gas. Al haber disminuido las reservas y lo disponible para la comercialización –por no haber previsto su reposición con base en la exploración y hallazgos de otros pozos, y por no haber diversificado su modelo productivo–, Bolivia se encuentra sumergida en agudos problemas económicos que han obligado a tomar medidas de emergencia cuya sostenibilidad no está garantizada.
Si bien existen otras posibilidades de generación de riqueza, todas en el marco del extractivismo, parece pertinente no dejar sin aprovechamiento la riqueza hidrocarburífera existente en el país (en particular el gas, por la infraestructura de transporte y distribución en la que se hicieron cuantiosas inversiones y es aún aprovechable).
Sin embargo, esto requiere invertir en exploración, y la tecnología que en la actualidad se oferta en los círculos empresariales involucrados en el tema petrolero de Bolivia es muy costosa, ambientalmente ofensiva (tal es el caso de Tariquía) y sus resultados se obtienen en tiempos extremadamente largos.
Efectivamente, la tecnología más usada, la sísmica, consiste en colocar en la zona explorada explosivos cada cierto trecho y sensores que registran las ondas sísmicas provocadas por las detonaciones a determinadas distancias. Estas generan información con la que se elabora lo que sería la estructura geológica del área de interés, con la cual se puede estimar la posibilidad de la presencia de reservas de hidrocarburos en determinadas áreas.
Se reconoce que esta tecnología conlleva múltiples inconvenientes derivados de su intervención en el ecosistema ya que, por la necesidad de colocar cientos de sensores y decenas de explosivos por km², se deben hacer múltiples senderos, caminos y campamentos, en una actividad drásticamente invasiva con afectación de la fauna y las poblaciones asentadas.
Los costos pueden llegar a los 150.000 USD/km² (imágenes en 3D), especialmente en regiones de pie de monte como es el subandino boliviano, donde se asume que están las mayores reservas. Los tiempos, que incluyen el procesamiento e interpretación de datos, se estiman en decenas de meses para tener resultados consistentes. Está claro que, dependiendo de la extensión y la duración, los costos serán diversos; tener la información geológica de las áreas probables (gran parte del subandino boliviano) puede significar montos exorbitantes que el Estado, por lo que se conoce, no está en condiciones de asumir.
La otra tecnología, complementaria a la anterior, es la magnetotelúrica, que es un método geofísico de prospección pasiva que permite mapear la resistividad eléctrica en la estructura del subsuelo a grandes profundidades. Aprovecha las variaciones naturales de los campos electromagnéticos de la Tierra, cuyas fuentes provienen de la actividad eléctrica atmosférica global y de la interacción del viento solar con la magnetosfera y la ionosfera.
Es un trabajo también de campo donde se instalan sensores que miden las variaciones naturales de los campos eléctricos y magnéticos. Estos, a lo largo de días, generan datos que se procesan con softwares de alta complejidad que permiten valorar la conductividad/resistividad eléctrica de los componentes geológicos encontrados por la sísmica y establecer si existen fluidos que pueden ser hidrocarburos o agua.
Ante los inconvenientes de costo, duración y afectación ambiental de la sísmica, la tecnología alternativa más relevante es la AEEET (Anomalías en las Emisiones Electromagnéticas Espontáneas de la Tierra), desarrollada específicamente para regiones con importante actividad tectónica.
En ese caso, la energía piezoeléctrica generada por la interacción mecánica (presiones extremas) entre estructuras de cuarzo del subsuelo, producida por la actividad tectónica (desplazamiento y resistencia), es emitida a la atmósfera y puede ser detectada por sensores instalados en aviones o drones de vuelo bajo que recorren vastas extensiones en tiempos muy cortos (semanas). Esto permite la generación de imágenes de la estructura geológica en 3D hasta 6.000 metros de profundidad, con precios drásticamente más bajos y sin tomar contacto con la superficie del suelo, por lo que el impacto ambiental es nulo.
Siendo que el subandino es la región de mayores probabilidades de reservorios de hidrocarburos y que precisamente tiene una actividad tectónica importante (la cual interfiere con la sísmica por generar el llamado “ruido” tectónico), queda claro que un análisis serio de la situación debiera conducir a definir la sustitución de la sísmica por la AEEET, para proveer las imágenes que requiere la magnetotelúrica.
La conjugación de estas dos tecnologías permitiría lograr en tiempos cortos, con precios manejables y sin impacto ambiental, la información de la exploración que no se hizo por años en las anteriores gestiones de gobierno y conocer las reservas de hidrocarburos de grandes extensiones, sobre la base de procedimientos ya estandarizados. Corresponde asentar que esta tecnología (la AEEET) ya se utilizó en la prospección de campos en Bolivia; sin embargo, no se consolidó por cuestiones vinculadas a intereses que deberán develarse en su momento.
Como se ve, parece no haber sido solamente desidia la causa por la que el gobierno anterior no invirtió en exploración. Además de otras causas inherentes a su estilo de gobierno, fue la ineptitud para conocer tecnologías adecuadas y para formular soluciones a cada problema según su cualidad, lo que condujo al país a la situación actual. Tenemos confianza en que las gestiones actuales y futuras no incurrirán en repetir dichas condiciones de atraso. En ese orden, en un siguiente envío nos referiremos a la existencia de tecnologías poco costosas para la extracción de minerales diversos en condiciones aptas para su purificación, superando así la exportación de simples concentrados, que es lo que se hace ahora con gran parte de los minerales.
Para avanzar en la línea de acción referida a la prospección tecnológica, con el fin de resolver los acuciantes problemas actuales, las políticas del gobierno deberán virar en un ángulo suficiente como para cumplir con las expectativas de modernización tecnológica y cuidado ambiental que formuló el actual presidente en su discurso de inicio de gestión.
Roger Carvajal Saravia es PhD.