La recuperación de Bolivia no vendrá solo de los recursos extractivos, sino de la capacidad de formalizar y potenciar el talento de la mitad de nuestra población. Es importante que el país actúe comprendiendo que “la mayor ventaja competitiva de Bolivia tiene rostro de mujer”.
Brújula Digital|21|02|26|
Elizabeth Reyes
Bolivia se encuentra en un momento clave para su transformación económica. Tras la caída del modelo del MAS, busca darse oxígeno con créditos internacionales que superan los $us 8.000 millones. En este contexto, la pregunta en los pasillos de la Asamblea Legislativa Plurinacional no debería ser solo “cuánto dinero ingresará”, sino principalmente “en manos de quién” se pondrá.
El plan de desarrollo económico debe ser más que un parche financiero. Debe tomar en cuenta al motor más resiliente pero desaprovechado de nuestra economía: la mujer boliviana.
Los datos son el mejor referente. Entre 2000 y 2012, la incorporación de la mujer al mercado laboral fue responsable del 30 % de la reducción de la pobreza extrema en Latinoamérica. Además, la mujer ha sido históricamente la "amortiguadora" de las crisis. Cerrar la brecha de género en Bolivia no solo es una deuda moral; es la estrategia más rápida para estabilizar la economía.
Por todo esto, aprobar los créditos de los organismos sin vincularlos a políticas de género estructurales sería un error de cálculo macroeconómico.
Para esto se necesita cumplir algunas tareas fundamentales:
Se debe institucionalizar un Sistema Nacional de Cuidados y construir infraestructura de cuidado infantil y para los adultos mayores que liberen miles de horas de trabajo en cuidados no remunerados.
Se debe democratizar el capital. Es necesario impulsar créditos con visión de género que apuesten por microempresas lideradas por mujeres, que son las que presentan mejores tasas de retorno y mayor reinversión en salud y educación familiar.
Se debe canalizar recursos externos hacia la creación de fondos de garantía soberanos que eliminen la barrera del patrimonio para obtener financiamiento productivo.
Los créditos y permisos de inversión en energía y minería deben condicionarse a programas de formación técnica para mujeres.
Se debe tecnificar el comercio minorista, cuyas unidades, la mayoría de las veces, están lideradas por mujeres. El plan debería enfocarse en la digitalización financiera de estas personas.
Es urgente que las leyes 348 y 243 contra la violencia hacia las mujeres dejen de ser declaraciones de buenas intenciones y se beneficien de presupuestos reales y modificaciones normativas que las blinden frente a una justicia corrupta que ha convertido estas leyes en una herramienta de extorsión y abuso a mujeres y hombres. Hoy la educación y la prevención de la violencia por parte del Estado son casi nulas; esto es lo que debe cambiar.
Por supuesto hay muchas mas acciones que deben tomarse, además de las propuestas.
La Asamblea Legislativa tiene el deber de fiscalizar y garantizar que la aprobación de los créditos venga con un plan serio de políticas públicas de largo y mediano plazo que respondan a esa pregunta fundamental de la que ya hablé: “en quién se invertirán esos recursos”.
Un plan de desarrollo que no garantice seguridad jurídica y física para las mujeres es un plan con fecha de caducidad.
Las primeras señales en el nuevo ciclo no han sido del todo buenas. Existen asuntos preocupantes como una participación de la mujer en el Ejecutivo similar a los porcentajes de los años 90, sin instancias institucionales que muestren una vinculación estratégica con el sector. Un viceministerio que parece desconectado del resto del Ejecutivo.
Pocas o nulas referencias de la visión del Presidente y su gobierno respecto a la agenda de las mujeres y, en cambio, algunas referencias discursivas preocupantes porque traducen la mirada asistencialista del pasado, cuando el apoyo a la mujer estuvo relegado a la oficina de la primera dama o a algún programa aislado de cooperación sin rumbo ni planificación. Esperamos que estas señales no se confirmen y que el gobierno tome otro camino de ahora en adelante.
Sin duda alguna, el manejo corrupto y despilfarrador de la economía de los gobiernos del MAS no será fácil ni rápido de desmontar. Transformar un Estado diseñado para excluir a las mujeres exige tiempo, recursos y políticas bien estructuradas y concertadas, pero sobre todo necesita del compromiso de quienes hoy tienen la oportunidad y también la responsabilidad de hacerlo.
Todos esperamos que al gobierno le vaya bien, pues así también le irá bien al país. En este tema como en otros le hemos dado “100 días” de gracia. Ha llegado la hora de asumir las responsabilidades, tanto por parte del Ejecutivo como del Legislativo.
En 2026, la recuperación de Bolivia no vendrá solo de los recursos extractivos, sino de la capacidad de formalizar y potenciar el talento de la mitad de nuestra población. Es importante que el país actúe comprendiendo que “la mayor ventaja competitiva de Bolivia tiene rostro de mujer”.
Elizabeth Reyes es presidenta de Unidad Nacional.