El texto cuestiona el argumento según el cual el Estado, al igual que un hogar, no puede gastar más de lo que recauda. Velazco señala que esta analogía es inaplicable, ya que el Gobierno es el emisor de la moneda que circula en la economía.
Brújula Digital|23|01|26|
El documento “Tiempo para repensar lo que se abrogó con el DS 5503”, del investigador en desarrollo productivo Enrique Velazco Reckling, plantea que el déficit fiscal no constituye un problema en sí mismo y que, lejos de ser una anomalía, ha sido la norma tanto en la historia económica de Bolivia como en la mayoría de las economías del mundo. Además, sostiene que, desde la contabilidad macroeconómica, el déficit público equivale al ahorro neto del sector privado.
El texto cuestiona el argumento según el cual el Estado, al igual que un hogar, no puede gastar más de lo que recauda. Velazco señala que esta analogía es inaplicable, ya que el Gobierno es el emisor de la moneda que circula en la economía. Según el documento, para que el Estado pueda recaudar impuestos, primero debe gastar, de modo que los contribuyentes dispongan de ingresos monetarios.
Desde esta perspectiva, el autor afirma que el Estado no enfrenta una restricción financiera en moneda nacional, siempre que la economía tenga capacidad productiva para responder al gasto público. El documento subraya que la verdadera limitación no es financiera, sino real: la disponibilidad de bienes, servicios y capacidades productivas.
El análisis recurre a la historia fiscal boliviana para sustentar su argumento. Entre 1900 y 2024, de 124 gestiones fiscales registradas, al menos 100 concluyeron con déficit. El periodo comprendido entre 2006 y 2014, caracterizado por superávits fiscales, es descrito como una excepción atribuible principalmente a los elevados ingresos por exportaciones de hidrocarburos.
El documento amplía el análisis al contexto internacional. Según datos del Banco Mundial citados en el texto, desde 1990 el 75% de las gestiones fiscales de 196 economías (un total de casi 6.000 gestiones anuales) cerraron con déficit, proporción que se elevó al 80% tras la crisis financiera global de 2008. En el caso de Estados Unidos, menos de diez gestiones fiscales desde 1950 habrían registrado equilibrio o superávit.
Velazco destaca los casos de China y Viet Nam, países que lograron entre 1990 y 2010 la mayor reducción histórica de la pobreza a pesar de operar con déficits fiscales primarios de forma sostenida. El documento subraya que estos resultados se alcanzaron porque el déficit aceleró el crecimiento económico con la mejora de las condiciones sociales y la expansión del consumo.
Desde el punto de vista contable, el texto explica que el déficit público es el reflejo del ahorro del sector privado interno y externo. En ausencia de ahorro externo, el déficit fiscal equivale, “centavo a centavo”, al ahorro neto del sector privado interno. En ese sentido, insistir en el equilibrio o superávit fiscal como condición para el crecimiento es calificado como conceptualmente inconsistente.
El documento también cuestiona la idea de que el Banco Central “financia” el déficit mediante la impresión de dinero. Según el análisis, el Banco Central actúa como agente operativo del Tesoro General de la Nación y no enfrenta restricciones para procesar los pagos del Estado en moneda nacional. El gasto público deficitario se traduce en un aumento del circulante en manos del sector privado, sin constituir una deuda que deba ser pagada por futuras generaciones.
Velazco señala que la emisión de bonos y otros instrumentos financieros para “financiar” el déficit no es necesaria desde el punto de vista operativo. Estas operaciones, según el texto, en realidad cumplen principalmente la función de regular la tasa de interés que el Banco Central desea dentro de la política monetaria, pero además generan transferencias de renta hacia los sectores con mayor disponibilidad de recursos.
El documento agrega que, al cierre de cada gestión fiscal, el déficit contable desaparece y la parte no financiada permanece en la economía como ahorro privado y dinero circulante. Lo que sí perdura, advierte el autor, son las obligaciones asociadas al pago de intereses por la (innecesaria) venta de bonos públicos y, en especial, a las amortizaciones y pago de intereses en moneda extranjera por créditos con gobierno u organismos multilaterales.
En este marco, el análisis concluye que el déficit fiscal puede ser un instrumento para fortalecer el patrimonio productivo real del país, siempre que el gasto público se oriente a crear nuevas capacidades productivas, infraestructura, capital humano y bienestar social.