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Economía | 29/11/2025   02:52

|ANÁLISIS|Litio, diplomacia y estrategia: la reconfiguración decisiva|Ricardo Alba|

Bolivia necesita una diplomacia sólida y moderna, capaz de asegurar resultados y plenamente alineada con la estrategia del litio y de otros metales críticos. Solo una visión global coherente permitirá a Bolivia transformar su enorme potencial en recursos.

Planta industrial de litio en el Salar de Uyuni. Foto ABI. Archivo.
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Brújula Digital|29|11|2025|

Ricardo Alba 

La herencia institucional del litio obliga al país a replantear su modelo, abrirse al mundo y ejercer una diplomacia económica moderna que promueva y defienda sus intereses estratégicos.

El punto de partida

El nuevo gobierno de Bolivia hereda el proyecto “industrialización estatal del litio” con resultados limitados, ejecutado durante 17 años con escasa transparencia y un costo cercano a los $us 1.000 millones. La estatal YLB deja plantas con tecnología de extracción directa que aún no ha logrado consolidarse industrialmente. La producción de carbonato de litio sigue siendo baja y sin la pureza requerida por la industria de baterías para vehículos eléctricos, y en cuatro años las exportaciones apenas alcanzaron 3.825 toneladas por unos $us 85 millones.

YLB deja también dos contratos suscritos en 2024 con empresas de Rusia y China −aún sin vigencia jurídica− firmados en un contexto en el que los anteriores gobiernos del MAS se alinearon políticamente con esos países. Esto genera riesgos para el país que distintas instituciones cívicas y profesionales han señalado. Esta situación obliga al nuevo Gobierno a adoptar decisiones técnicas y estratégicas con rapidez prudente, para evitar avanzar en un camino sin resultados claros.

Reconfiguración integral de la estrategia y el modelo

Se requiere una reconfiguración integral del proyecto del litio para alinearlo con los intereses estratégicos del país y resolver los problemas estructurales que hoy frenan su potencial. Esta reconfiguración debe apoyarse en una visión nacional de largo plazo y en una “Estrategia Nacional del Litio”, acompañada de un modelo de negocio eficiente y sostenible en el tiempo.

Elementos clave de la reconfiguración

La estrategia debe incorporar las lecciones aprendidas y basarse en una lectura prospectiva de la industria mundial del litio, clave para la transición energética. Debe integrar la dinámica de un mercado de innovación rápida, competencia intensa y variaciones permanentes en precios, oferta y demanda.

A su vez, la estrategia debe ser abierta al capital, la tecnología y los mercados internacionales, con una pluralidad de actores privados que compitan en condiciones transparentes y donde el Estado actúe como árbitro y no como jugador. También debe impulsar la creación de capacidades científicas y tecnológicas sostenibles.

Además, es esencial equilibrar la actividad del litio con el turismo, mediante una evaluación rigurosa de sus impactos sociales, ambientales y económicos, garantizando la conservación del salar y su entorno. La implementación de esta estrategia exigirá actualizar −y cuando corresponda, revisar− el marco jurídico−institucional y fortalecer la institucionalidad nacional.

Los contratos con empresas de Rusia y China deberán ser readecuados, renegociados o descartados si no resultan compatibles con la nueva estrategia nacional del litio. Y, si la ventana de oportunidad internacional no permitiera avanzar de inmediato hacia una explotación plena del litio, existe la opción de un desarrollo gradual y condicionado, concebido como un proceso de aprendizaje tecnológico que no comprometa el futuro del recurso.

La construcción de esta estrategia requiere un acuerdo nacional amplio, que integre a las comunidades de Potosí y Oruro, actores cívicos y regionales, expertos, academia y sector privado, y que permita superar resistencias asociadas a visiones estrictamente extractivistas.

Política exterior y diplomacia económica

Siendo el litio un recurso profundamente globalizado y crítico para la transición energética y las nuevas formas de movilidad, su estrategia es también una estrategia de posicionamiento internacional de Bolivia.

La política exterior permite comprender las dinámicas geopolíticas, tecnológicas y económicas del mundo multipolar y de una realidad internacional mucho más diversa en actores e intereses, identificar oportunidades, riesgos y restricciones, generar equilibrios y reducir dependencias de manera coherente con la soberanía y la seguridad estratégica del país. También permite gestionar temas ambientales internacionales y abordar posibles conflictos diplomáticos o comerciales.

La diplomacia económica es el pilar operativo que conecta al país con mercados, tecnología y financiamiento; negocia transferencia tecnológica, asegura alianzas estratégicas favorables, en un marco comercial y jurídico estable y protege los intereses nacionales frente a actores globales con mayor capacidad e influencia.

Mirando hacia adelante

Por eso Bolivia necesita una diplomacia sólida y moderna, capaz de asegurar resultados y plenamente alineada con la estrategia del litio y de otros metales críticos. Solo una visión global coherente permitirá a Bolivia transformar −y no simplemente exportar− su enorme potencial en recursos mineros, forestales, hídricos, biodiversidad y turismo, en desarrollo real y sostenible.

Ricardo Alba Balderrama fue embajador ante la OMC, en Ginebra.



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