Cultura | 08/01/2019

Roma, más cercana a Bolivia de lo que esperábamos

Roma, más cercana a Bolivia de lo que esperábamos

Poster de la película Roma

“Los mexicanos son como los bolivianos, solamente que con más autoestima”. Lo escuche alguna vez y la verdad es que si nos remontamos a la época de oro del cine mexicano, muchos de nuestros paradigmas y aspiraciones se veían reflejados en los personajes de Pedro Infante, en el “timing” cómico de Cantinflas o en las tantas historias sobre los “menos afortunados”. No me referiré a las telenovelas, que son un tema aparte.
Como decía Carlos Mesa en La Aventura del Cine Boliviano: “(el cine mexicano) es más cercano a nuestra sensibilidad” que cualquier otro.

Alfonso Cuarón nos trae la película Roma, que hace referencia al barrio de clase media alta donde él vivió durante su infancia a principios de la década de los 70. El filme trata sobre Cleo, una nana de origen indígena (oaxaqueña), quien, con sus silencios, su mirada inocente (a ratos nos recuerda a Bambi), su estoicismo ante los momentos duros (nunca se queja cuando le pasan cosas malas) y su energía serena se roba la película de principio a fin.

Desde su estreno el 14 de diciembre de 2018 en Netflix y en diferentes salas de cine alrededor del mundo, Roma ha generado tantas opiniones como hay granos de arena en la playa. Bueno tal vez exagero, pero se ha dicho mucho sobre la película de Cuarón: que es aburrida, que es una obra de arte, que podría ser la ganadora del Óscar, etc.

Independientemente si a uno le guste o no la película, lo que sí vale la pena mencionar es que al verla nos recuerda mucho algunas películas nuestras. La primera que se viene a la mente es Zona Sur (2009) de Juan Carlos Valdivia. Tanto Zona Sur como Roma hacen referencia a la forma que se conectan las distintas clases sociales (la privilegiada y la marginada), que muchas veces se da mediante el trabajo doméstico.

Una parte que es vital en Roma es cuando Cleo habla en idioma mixteco con su compañera de trabajo sobre su vida personal y sus impresiones de la familia con la que trabaja. Esto se replica en Zona Sur, cuando “Wilson” y “Domitila” hablan en quechua sentados en el living; también hablan sobre sus frustraciones. Es como que en ese instante todos estos personajes se dieran permiso para ser ellos mismos sin las convenciones sociales impuestas por sus patrones.

Otra critica que hacen ambas películas es el doble estándar de las clases medias y altas, que se empecinan en la ostentación aunque eso les cueste su propia felicidad.

Roma también nos hace recuerdos a las películas de Jorge Sanjinés, en la manera que retrata la vida de los indígenas en la ciudad y la forma en que tienen que adaptar sus costumbres (o negarlas) en pos de ser aceptados por una sociedad que los discrimina a cada momento.

Por esto y muchas otras películas más, Roma es muy cercana a nuestra sensibilidad. Es una película que hay que ver.

Jerussa Pozo escribe temas de cine para Brújula Digital.