El merito central de la serie, producida y dirigida por los hermanos Duffer, es el de haber logrado mantener el interés de la audiencia, con un producto que se prolongó demasiado, y que de una manera u otra ya es parte de la cultura popular.
Brújula Digital|15|03|26|
Rodrigo Ayala Bluske
Los capítulos de las primeras temporadas de Stranger Things, cuya última temporada se estrenó hace unas semanas en Netflix, duran aproximadamente 45 minutos; en la cuarta y la quinta pasan la hora, y en algunos casos se aproximan a las dos. En general, el desarrollo de las cinco temporadas de la serie es un viaje a la desmesura, que se expresa en el crecimiento del número de sus personajes principales, el volumen de la producción, etcétera.
Stranger things es la serie estrella de Netflix, por excelencia. Aparentemente hay otras que la superan en número de visualizaciones por temporada, pero en este caso hablamos de una serie conceptualizada y creada específicamente para la cadena, diferente al caso de Merlina (2022, 2025), por ejemplo, cuyo personaje principal tiene varias décadas de desarrollo anterior. Por otra parte, si se suma el total de visualizaciones de las cinco temporadas en su conjunto, probablemente supere a cualquier competidor.
Uno de los mayores encantos de la serie se encuentra en que se ambienta en los años 80 y toma como referencia de su trama y de sus personajes a uno de los mayores éxitos de esa década; la cinta Los Goonies (1985), dirigida por Richard Donner y producida por Spielberg. El mismo Spielberg produjo en el 2011 Super 8, dirigida por J.J. Abrahams, donde se seguía el mismo esquema, también con un notorio éxito de público. Y si hablamos de culto a la cultura de los 80, Spielberg produjo y dirigió Ready player one en el 2011, donde, al igual que en Super 8, se rindió varios autohomenajes.
¿De donde sale el éxito de la nostalgia por los 80? ¿Pesa mucho el hecho de que los adolescentes de entonces se hayan ido convirtiendo en los adultos jóvenes de estas últimas décadas? ¿El que en esa década se hayan producido un tipo especifico de estética que ya iba tendiendo al conservadurismo, a diferencia de los 60 y 70, decenios más revoltosos y transgresores? En todo caso, se trata de un fenómeno cultural y comercial reconocible.
En Stranger Things un grupo de puberes se adentra en un mundo misterioso. Uno de ellos desaparece y en, contrapartida, sus amigos encuentran una niña desconocida que cuenta con poderes paranormales. Los puberes viven en Hawkins, un pequeño pueblo rural, y descubren que “al otro lado” hay “otro” Hawkins, oscuro, con reglas propias.
En el lado oscuro hay monstruos. Está el Demogorgon, que es una suerte de humanoide con cabeza en forma de planta carnívora, luego aparece el Mind flayer, una conciencia colectiva que coordina al conjunto de los monstruos. Finalmente llega Vecna, que funge como villano principal en la temporada cuatro y la mayor parte de la quinta. Una de las virtudes de la serie se encuentra en la forma progresiva en que va presentando estos antagonistas, y cómo va enlazando unos con otros.
Pero el escenario del conflicto en Stranger Things no solo es el que se da en la dualidad Hawins luminoso/Hawkins lado oscuro. También se desarrolla en laboratorios secretos, instalaciones militares, prisiones soviéticas; la mente de alguno de los villanos e, inclusive, alguna dimensión alternativa. Así como crecen los protagonistas y los monstruos, también crecen los antagonistas humanos y la “geografía” del conflicto.
Los papeles protagónicos y los secundarios importantes crecen tanto capitulo a capitulo, en Stranger things, que en las últimas temporadas se organizan por “grupos”. Así, cada grupo de personajes tiene su propio subconflicto y todos confluyen hacia el conflicto principal. Y en la medida en que crece el número de los personajes y los subconflictos, crece también la logística, los escenarios, los efectos especiales, la decoración, etcétera.
¿Cuál es la dinámica argumental de Stranger things? En cada temporada se va combinando los conflictos de la adolescencia (y en algún caso los de los padres de los adolescentes) con los planteados por monstruos y villanos. En general, la formula funciona, pero hay momentos, especialmente en las temporadas tres y cuatro, en que los líos emocionales se hacen cansadores, quizás debido a que los hemos visto demasiadas veces en otros productos. Por el contrario, la línea argumental referida al “otro lado” y los villanos está bien desarrollada.
El merito central de la serie, producida y dirigida por los hermanos Duffer, es el de haber logrado mantener el interés de la audiencia, con un producto que se prolongó demasiado, y que de una manera u otra ya es parte de la cultura popular, global, de la actualidad. El tiempo dirá si se trata de la cumbre en el trabajo de sus realizadores, o de un peldaño hacia otras producciones interesantes.