La comunicología de Beltrán, como sería reconocida internacionalmente, correspondía al llamado por una “comunicación liberadora”, casi en semejanza con la llamada “educación liberadora” que propuso Paulo Freire.
Brújula Digital|11|02|26|
José Luis Aguirre
Luis Ramiro Beltrán Salmón, orgulloso orureño, nació el 11 de febrero de 1930, y en este año estaría alcanzando sus 96 años de nacimiento. La virtud del maestro de la comunicación y que trasciende a través de los tiempos fue la de señalar que la naturaleza humana de la comunicación no podría entenderse en su magnitud, y potencialidad transformadora, si no era a partir de la experiencia del diálogo y del encuentro. En este espacio los sujetos se exponen mediante un contacto horizontal, libre y democrático a construir su propio ser ya que existencialmente se es a partir de la presencia de un otro.
Él nos dejó como prueba del dominio de su arte, la comunicación y así la palabra, la reflexión que ésta únicamente es real y siempre posible si se traduce en cercanía, si se hace efectiva con el abrigo hospitalario a la realidad y existencia de un ser distinto y a su vez semejante quien se abre a nuestro encuentro. Así, el mismo producto del hecho comunicativo es el respeto amoroso y la responsabilidad por el Otro.
Beltrán tuvo la especial genialidad de develar que la comunicación humana no es ni la hacen los medios ni los aparatos amplificadores de los mensajes, sino que ella se construye en la acción de la palabra sobre el mundo. Así, el sentido de una comunicación horizontal, noción atribuida a él, y que tuvo inspiración en Frank Gerace, sería alcanzar la condición de equilibrio en la palabra que se construye y edifica justamente en la manifestación libre e interesada de las partes.
Beltrán, abriendo y sumándose a toda una corriente que luego se denominaría la Escuela Latinoamericana de la Comunicación, y bajo esa perspectiva de horizontalidad, denunció, a su vez, los desequilibrios que se daban en los espacios de circulación de contenidos, no solo en los espacios educativos, sino en los de la circulación de la información y así en el acceso y uso a los recursos tecnológicos de la información.
Así, la comunicología de Beltrán, como sería reconocida internacionalmente, correspondía al llamado por una “comunicación liberadora”, casi en semejanza con la llamada “educación liberadora” que propuso Paulo Freire.
Entonces, en este nuevo aniversario de su nacimiento, vale la pena preguntarnos cuál es el legado de Beltrán y qué debería trascender el tiempo: quizás su propuesta y constante sería la de no confundir comunicación con información, ya que la segunda solo propone entrega unidireccional de contenidos, mientras que la comunicación humana se experimenta en el encuentro entre sujetos con fines de entablar un entendimiento.
Esta meta no podrá ser eterna ni definitiva, por nuestra naturaleza humana, pero, a su vez, es invitación latente y cada vez más trascendental ya que nos devuelve a reconocer que nadie puede existir sin la palabra de un otro.
El pensamiento de Beltrán vive y es cada vez más necesario.
José Luis Aguirre Alvis es comunicador social, director del Secrad-UCB y vicepresidente de la ABOIC.