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Cultura y farándula | 31/01/2026   18:37

Los mineros bolivianos viven su carnaval con el tradicional descenso del Cerro Rico

En el recorrido, efectuado en la ciudad de Potosí, los grupos de mineros ingresan bailando portando sus cascos, adornados con mixtura y serpentina en el cuello.

Una imagen de la entrada de este sábado en Potosí / EFE
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Brújula Digital|EFE|31|01|26|

Miles de mineros bolivianos desarrollaron este sábado el tradicional descenso, desde el histórico Cerro Rico de Potosí, del Cristo crucificado o Tata Q'ajcha, una tradición declarada Patrimonio de Bolivia y que busca que sea reconocida por la Unesco.

El descenso del Tata Q'ajcha es el nombre de una procesión folclórica, una actividad central del Carnaval Minero, que parte del Sumaj Orko o gran cerro, en quechua, y llega hasta la ciudad de Potosí, en la que la imagen religiosa destaca junto a la advocación de la Virgen de la Candelaria. El recorrido mezcla la religiosidad católica, el trabajo con los minerales y la convivencia de las deidades que, se cree, también habitan en el interior de la mina, todo protagonizado por las decenas de mineros asociados en cooperativas.

La bajada del Tata Q'ajcha “se hace en esta ocasión con (la participación) de 60 cooperativas”, declaró a los medios locales el principal dirigente de la Federación Departamental de Cooperativas Mineras (Fedecomin) de Potosí, Oscar Chavarría.

En el recorrido, es típico que los grupos de mineros ingresen bailando portando sus cascos, adornados con mixtura y serpentina en el cuello, cantando, aplaudiendo o replicando algunos gestos propios de su actividad en la mina, como cuando con un combo y un cincel ablandan el interior de la tierra.

El espíritu de efusión que hay en el recorrido también hace que los mineros encargados de cargar las estructuras de madera o paso, que sostienen las imágenes, bailen de forma un poco descoordinada, y hacen tambalear ese armazón.

A esto sigue el gran desfile de fraternidades que exhiben los ritmos típicos de la región como el pujllay, una danza en la que se usan monteras o cascos que representan a los conquistadores españoles, y ojotas con plataforma alta con espuelas grandes.

También destaca el t'inku, que en quechua significa encuentro, propio de la región del norte del departamento de Potosí, que consiste en el combate de fuerzas opuestas representado en la pelea simulada entre bailarines. A esto se suman otras manifestaciones como la diablada, morenada y los caporales, danzas que también nutren otras festividades bolivianas.

El Carnaval Minero une tradiciones de la época precolombina, el catolicismo adoptado en la colonia y la práctica de la mita, que era el trabajo obligatorio impuesto en esa misma época, principalmente en el Cerro Rico de Potosí, que fue el mayor yacimiento de plata del mundo durante el siglo XVI. A esto se suman elementos propios del ciclo agrícola y el trabajo minero contemporáneo.

Los historiadores locales sostienen que el Carnaval Minero es un ciclo que dura alrededor de un mes, que consta del domingo de vitichi en el que se hacen los primeros rituales, la bajada del Tata Q'ajcha, la posterior T’ikachada y ch'alla, que consiste en decorar los sitios del trabajo minero con flores, mixtura o serpentina.

El cierre del ciclo culmina el lunes de carnaval con la ch'alla o ceremonia de agradecimiento a la Pachamama o Madre Tierra, esta vez en el lugar de la maquinaria y las herramientas de trabajo mineras. El Carnaval Minero fue declarado Patrimonio Cultural de Bolivia en 2013.



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