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Bitacora | 22/03/2026   07:05

El incendio de una biblioteca y el nacimiento de otra

A propósito de la publicación de la Obra completa de Gabriel René-Moreno.

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Brújula Digital|22|03|26|

Mauricio Souza 

El incendio

El 8 de enero de 1882, el ensayista e historiador boliviano Gabriel René-Moreno recibe por la carta de un amigo noticias del incendio de su biblioteca. Las recibe en Buenos Aires, donde se había refugiado al salir de Chile –por la Guerra del Pacífico– y de haber escapado de Bolivia –acusado, falsamente, de ser un “agente chileno”. La respuesta de René-Moreno a la desgracia de sus papeles es clara: “la verdad neta que usted comprenderá –le escribe al amigo– es la siguiente: aquello era el único jirón de la patria, la sola familia, el último refugio”. 

Las perseverancias históricas de René-Moreno, las insistencias de su escritura, acaso tengan en este episodio un principio vocacional, trance en el que por fin se definen o adquieren sentido las labores librescas que lo habían ocupado hasta entonces y las que lo ocuparían por el resto de su vida. En la misma carta, René-Moreno intuye que la destrucción de su biblioteca –una calamidad más entre las que, durante los años de la guerra, lo habían perseguido– lo obliga al reconocimiento de su situación y de la necesidad de hallar la forma apropiada, o definitiva, de su destino. La desaparición o el daño del único jirón restante de una patria que ya no lo quiere no es un hecho que pueda ignorar y demanda la toma de decisiones. Y esas decisiones son las que René-Moreno ensaya o presiente en su carta: no sabe si perseverará en su oficio y, si persevera, adónde irá para hacerlo. De lo que se trata es de “tratar de ver claro en las ruinas a fin de adoptar un partido que no sería tal vez sin consecuencias en mi ulterior destino”, concluye, como hablando consigo mismo.

René-Moreno perseguirá una obra que quiere ser, en buena medida, la fidelidad a esas (y otras) ruinas. Porque quizá en eso consista el oficio del historiador: “tratar de ver en las ruinas” del presente. Cuatro años después, en 1886, al justificar uno de sus libros mayores, lo propone, modestamente, como uno de esos actos de restitución a los que ha decidido dedicar su vida: Matanzas de Yáñez (1886) es, dice, la lectura de los papeles que “mis amigos rescataron de las llamas, junto con no poca parte de mi biblioteca”.

La biblioteca

En siete tomos impresos (en tapa dura y blanda) y una docena de digitales (cobijados en un sitio web creado para el efecto), la Obra completa de René-Moreno reúne todos sus ensayos de breve y largo aliento, toda su crítica y teoría literaria, sus grandes crónicas y sus curiosos comentarios bibliográficos, sus cartas y sus libros inconclusos. Incluye más de un texto inédito, hasta hoy, y añade, para el esclarecimiento y solaz de los lectores, dos estudios introductorios –de Gustavo Prado y Mauricio Souza–, además de cientos de notas aclaratorias de los editores de los siete tomos, Alfredo Ballerstaedt y Souza.   

La publicación de la Obra completa de René-Moreno había sido hasta hoy, por más de un siglo, un proyecto largamente contemplado, discutido y buscado. Pero solo ahora, en un esfuerzo de Plural editores –y su director, José Antonio Quiroga– y el Museo de Historia de la Universidad Gabriel René-Moreno –y su directora, Paula Peña– (y con el crucial apoyo financiero de la CRE), este proyecto finalmente se cumple. Otros lo habían intentado antes: el crítico Carlos Medinaceli, por citar el caso de uno de los tantos escritores que admiraron con perseverante devoción la obra de René-Moreno, alentó la idea a lo largo de su vida, inútilmente. Y, luego, una ilustre nómina de morenistas insistió cada uno a su manera en la necesidad de esa obra completa, tampoco con mayor o mejor suerte que Medinaceli. Entre tanto, aquel que René Zavaleta Mercado llamó “sin duda el más grande de los escritores bolivianos” permanecía como extraviado y algo solo entre ediciones imposibles de obtener o simplemente malas. 

El purgatorio de René-Moreno por fin se acaba. Puede que, incluso, con esta edición, la suya sea una obra que le abra las puertas del paraíso de nuestros clásicos, que no es otro que el paraíso de los lectores.

El autor, en números

Gabriel René-Moreno nació en Santa Cruz el 7 de noviembre de 1836, hijo de Sinforosa del Rivero y Gabriel José Moreno. En febrero de 1851, cuando tenía 14 años, se trasladó a Sucre para continuar sus estudios secundarios en el Colegio Junín. 

A los 19 años, a fines de 1855, viajó a Santiago, Chile, para continuar sus estudios. Salvo un periodo de asilos desencadenados por la Guerra del Pacífico, vivió el resto de su vida en Santiago: 50 años. Regresó a Sucre –donde de cuando en cuando residía su madre– en 1871, 1874 y 1879: durante los dos primeros regresos, exploró archivos y rescató documentos; durante el tercero y último, se defendió de los que lo acusaban, con minuciosa mala fe, de traición a la patria. 

Se asiló en Buenos Aires entre 1881 y 1882, atareado, como siempre, con bibliotecas y transcripciones. Estaba en Buenos Aires cuando recibió la noticia del incendio de su biblioteca personal, acaecido el 28 de diciembre de 1881. Y desde Buenos Aires, con el apoyo de Aniceto Arce, partió hacia Europa en un viaje intercontinental. Publicó 20 libros y, en revistas, más de 60 ensayos, la mayor parte trabajados en los ratos libres que le dejaban sus obligaciones en el Instituto Nacional, en Santiago, donde fue bibliotecario y profesor. Entre sus obras, hay por lo menos dos maestras: Matanzas de Yáñez (1886) y Últimos días coloniales en el Alto Perú (1896-1901). No se casó y tampoco tuvo hijos. Murió en Valparaíso el 28 de abril de 1908, a los 71 años.



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