cerrarSAVE_20260301_150414SAVE_20260301_150414
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
Bitacora | 08/03/2026   07:09

Las dos casas de Marina

Un paseo, de la privilegiada mano de un guía con conocimiento de causa, por las dos casas-museo de Marina Núñez del Prado, la artista boliviana más universal.

El patio de esculturas en la casa museo de La Paz / Alfonso Gumucio Dagron
Banner
Banner

Brújula Digital|08|03|26|

Alfonso Gumucio Dagron 

Los bolivianos tenemos el privilegio de contar con una artista del nivel internacional de Marina Núñez del Prado, la escultora que trascendió más allá de nuestras fronteras como muy pocos artistas de Bolivia lo habían logrado en su tiempo. 

Y algunos, cada vez menos (por razones de fuerza mayor), tuvimos el privilegio de conocerla y de conversar con ella. En mi caso, mi conexión fue el cine. Me encontraba investigando sobre la historia del cine boliviano cuando Marina llegó a Bolivia de visita. Ya había establecido su residencia en Lima, pero conservaba su casa en La Paz, que todavía no era un museo. Nos vimos allí, en la calle Ecuador el 23 de septiembre de 1975. Mi inquietud en aquel momento era averiguar el derrotero de don José María Velasco Maidana, a quien muy pocos recordaban todavía en Bolivia. Fue ella quien me dio la pista para buscarlo y felizmente encontrarlo en Houston poco tiempo después. 

Pero sobre ese capítulo ya he escrito otras veces. Ahora pretendo abordar las dos casas de Marina, la de La Paz y la de Lima, ambas convertidas en museos repletos de obras de ella. Aunque no son comparables, ambas tienen enorme significado, porque son testimonio del propio desgarramiento de Marina entre su patria de nacimiento y su patria adoptiva. Su espíritu habita todavía las dos casas, y hay una continuidad afectiva y artística en ambos espacios que hoy brillan sin competir. 

Muchos han leído o saben de José Carlos Mariátegui, el escritor peruano fallecido prematuramente a los 35 años de edad, que dejó una de las obras más importantes de la reflexión política y cultural de su país: 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), publicada dos años antes de su fallecimiento. Mariátegui es también conocido por su actividad política, que llevó adelante con César Falcón, el hermano mayor del esposo de Marina Núñez del Prado, Jorge Falcón, uno de los especialistas de la obra de Mariátegui, precisamente. De una veintena de libros publicados, Jorge Falcón le dedicó seis a Mariátegui, tres a su hermano César y dos a Marina Núñez del Prado. Como su hermano mayor, Jorge militó también en el Partido Comunista y padeció exilios mientras mantenía una actividad constante en el periodismo. 

La casa que Marina y Jorge compraron en el Bosque del Olivar de San Isidro en 1973, es bella por su arquitectura y por el lugar privilegiado donde se encuentra. Marina y Jorge decidieron crear en 1984 la Fundación Marina Núñez del Prado para preservar la obra de la escultora que murió el 9 de septiembre de 1995. La casa de San Isidro estuvo cerrada muchos años mientras era convertida en museo, pero gracias a mi amistad con Luis Peirano, una de las figuras más importantes de la cultura peruana contemporánea, pude visitarla en marzo de 2001, nada menos que guiado por el propio Jorge Falcón. Fue un verdadero privilegio escucharlo hablar de Marina y de lo que habían proyectado en esa casa cuyo amplio jardín está repleto de esculturas de gran tamaño. 

Falcón murió dos años después de mi visita y, como suele suceder, la Casa Museo Marina Núñez del Prado estuvo a la deriva muchos años, hasta que un acuerdo de comodato entre la fundación y la municipalidad de San Isidro, en 2008, permitió la catalogación de todas las obras, un diseño museográfico renovado y la reapertura de la casa-museo, a la que he regresado varias veces, la más reciente en octubre de 2025, también acompañado por mi amigo Peirano. 

Los ambientes son espaciosos, pero no lo suficiente para mostrar las 1.492 obras catalogadas (según el inventario de 2023) que, de acuerdo a los amigos peruanos, es la colección más amplia de su obra. El recorrido museográfico incluye obras del “periodo musical” en madera de nogal, el “periodo maternal” que evoca la fertilidad y la figura femenina, el “periodo social” que nace durante su estadía en Nueva York durante los años 40 (donde conoció a Jorge), y el “periodo andino” que se prolonga en la serie de “Mujeres andinas en vuelo cósmico”, sus últimas obras. Marina esculpió también dos bustos de Mariátegui, expuestos en el patio interior. 

Si en Lima tuve la suerte de visitar el museo guiado por Jorge Falcón, en La Paz conocí la casa de Marina cuando todavía no era museo. Fue ella misma la que me permitió recorrer su taller. 

Al igual que la casa-museo de Lima, la de La Paz pasó por muchas vicisitudes, de las que solía hablarme Gil Imaná, que era consejero en la fundación que se creó en Bolivia para preservar la obra de la escultora. Por una parte, desacuerdos y dificultades internas, entre personas, tan típicas de nuestra sociedad que parece vivir de la confrontación como si fuera un deporte olímpico, y por otra parte la calamidad de la desregulación urbana, otra característica típica de nuestra ciudad: un edificio construido a poco metros resquebrajó los cimientos de la casa y además del pleito legal que siguió, hubo que resolver el tema estructural, de manera que durante más de 10 años la casa-museo de Marina estuvo cerrada al público. Felizmente, está abierta de nuevo desde el 1 de agosto de 2025, y está mejor que nunca. 

Se decidió construir un pequeño edificio de tres pisos, casi invisible desde la calle Ecuador, que ha resuelto con mucha sabiduría y buen criterio la necesidad de ampliar el espacio para la exhibición de las obras. La entrada al edificio, discreta, a un lado de la casa, permite acceder también a varios ambientes de la casa paterna, donde se conservan objetos familiares, fotografías y un patio de esculturas techado, además de una sala dedicada a su hermana Nilda. 

En uno de esos ambientes he visto el retrato de Marina que pintó Oswaldo Guayasamín y me sorprendió sobre todo porque es el mismo retrato que se exhibe en la casa-museo de San Isidro. El original es el de La Paz. En el nuevo bloque luminoso y minimalista que se yergue integrado sin conflicto a la antigua casa familiar, hay dos niveles en los que se distribuyen (en forma de L, para no obstruir la vista sobre un patio en el segundo piso) las obras de Marina en una lógica museográfica similar a la de la casa-museo limeña, lo cual no es difícil, en la medida en que la evolución de su expresión artística está marcada por periodos temáticos y estilísticos bien definidos. Una excelente línea de tiempo en el piso superior nos recuerda la riqueza de la vida que tuvo Marina en muchos países donde estuvo.

En el nivel del patio, que se encuentra con el último piso de la casa antigua, destaca el “Semillero” el pequeño taller donde Marina moldeaba en arcilla las figuras que luego se convertirían en obras mayores en bronce o en piedra: ónix blanco, granito, mármol o basalto.  

Regreso regularmente a esta casa-museo en La Paz porque me parece un espacio agradable y apacible, salvo cuando se les ocurre usarlo para alguna celebración inapropiada que colapsa el patio del segundo nivel, en cuyo caso suelo salir huyendo. 

Mucha gente en Lima y muchos más en La Paz se privan de la magia de pasar una hora deambulando entre las obras de Marina Núñez del Prado, descubriendo en cada visita algo nuevo, o un ángulo de mirada diferente. Como no soy crítico de arte, no voy a pretender definiciones sesudas sobre el estilo; lo que importa es la “alegría estética” (como decía Sartre) de dialogar con las obras que interpelan a cada visitante. Cada quien tiene sus obras preferidas, y no hay “experto” que pueda afirmar que unas son mejores que otras. Solo diré que las dos casas de Marina son un remanso de paz, ambas completamente gratuitas para los visitantes, gracias al apoyo del Estado, como debe ser.



Tags:



BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
BEC_DPF-Digital-970x120px
BEC_DPF-Digital-320x50px