cerrarSAVE_20260301_150414SAVE_20260301_150414
SAVE_20260314_223345
SAVE_20260314_223345
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
Bitacora | 08/03/2026   07:05

La vida es un regalo difícil

Veinte apuntes en torno a El monte de las furias (Random House, 2025) de la escritora uruguaya Fernanda Trías.

Fernanda Trías y la portada de su novela / Random House
Banner
Banner

Brújula Digital|08|03|26|

Martín Zelaya

La historia

1. Ella cuida la montaña. Vive aislada como último bastión para proteger la cerca eléctrica, para cuidar las tierras de los dueños de la cantera que devasta el monte.

2. Más abajo está la caseta del Celador. Más abajo está pueblo pobre. Más abajo aún está la ciudad roja. Presente, pasado, pretérito.

3. Ella, su madre, su abuela empezaron en la ciudad y terminaron en el pueblo. Ya sin sus mayores, para ella fue necesario un paso más; un aislamiento aún más extremo.

4. Comer, cocinar, lavar. Limpiar el alambrado, deshierbar los alrededores. En eso se le iría la vida si no fuera por el cuaderno de apuntes donde vive otra vida, donde se permite ser más.

5. Y también en recordar. Como cuando descubrió que la mejor manera de atenuar un dolor (del alma) es producirse otro (del cuerpo). Y cuando descubrió la fotografía: más que ver fotos, saber que las sacó, que capturó un momento.

Guardo el secreto de los cuerpos porque él no lo entendería. El secreto queda en mí como las fotos en la cámara (digámoslo así), porque mientras la imagen está adentro, sin revelar, no es lo uno ni lo otro: todavía no es una fotografía pero existe como una anticipación. (134)

6. Un día aparece un cadáver. Ella avisa al Celador y lo entierran. Luego aparece otro y otro y orto y siete y ocho y nueve… y 17… y ya no avisa más, se encarga ella sola.

7. Un día también, mucho antes, apareció un amante. Fue y volvió, fue y volvió muchas veces. Y un día no volvió más. Y un día, ella tampoco volverá.

La mujer se levanta y sale de la casa. Va descalza; no necesita machete.   Atraviesa e pastizal hasta el alambre, empuja el portón y el monte se abre,

        lacio,

        para enseguida cerrarse sobre ella. (232)

Algunas pautas

1. La montaña tiene vida y, pese al ultraje, la explotación, siempre mantiene el control: todo lo que es y está en ella, le pertenece, le necesita.

La montaña no desperdicia nada. La montaña se sana a sí misma, manda a sus criaturas a limpiar la muerte. Se lame las heridas hasta que estas se convierten en alimento. (13)

2. Ella siempre tuvo algo diferente, un “veneno” interior que se activaba ocasionalmente. Pero cuando llega al monte y decide no salir más, empieza un proceso de deshumanización: volver a lo primigenio, instintivo; si la montaña, las plantas, los animales pueden vivir autónomamente, ¿qué pasará con ella?

Yo contenía la respiración para oír el silencio demasiado lejano. Ni un ruido me llegaba, pero sentía un suave movimiento bajo los pies, la tierra temblando con cada golpe de tronco, con cada árbol talado. (188)

3. Empieza a sentir empatía y cariño por los cuerpos: a falta de lazos humanos, le cae bien chuparles los últimos rastros de vida antes de devolverlos a la tierra.

Ahora el frío del cuerpo decía sí y mi sudor decía sí sí sí, mientras poco a poco lo iba calentado. Le murmuré algunas palabras sueltas, atropelladas, pero podría jurar que al contacto de esos sonidos el cuerpo fue cediendo a la forma de mi abrazo. (153)

4. El monte de las furias es una novela sobre los instintos y su cada vez menor cabida en la vida moderna, tan de tutorial. Sobre la fuerza interior que se sobrepone; sobre aquello que va ligado directamente a la naturaleza y su inextricable ley que solo se ve afectada –más no interrumpida– por la enajenación del hombre.

5. Es, además, una novela sobre la memoria como forma de vida vicaria: ella vive las vidas de su abuela y su madre, desde la nostalgia y el rechazo, respectivamente.

6. Cada vez más la individualidad, signada por el individualismo, nos empuja a hallar nuevas formas y estrategias de sobrevivencia. “La vida es un regalo difícil, dije, pero a mí me gusta vivir”. (112)

Diálogo

1. Esta novela dialoga (y avanza, a la vez) con dos obras precedentes de la autora: La azotea (2001) y Mugre rosa (2020)].

2. Mugre rosa: catástrofe ambiental. El mar está muerto y tormentas rosas acechan la ciudad costera. La sociedad ya se acostumbró a cuarentenas, restricciones, escasez, pánico, abusos de poder… Ella sobrevive recordando y manteniendo una cada vez más débil esperanza en un futuro. No en “el futuro”, apenas en “un futuro” que se antoja casi imposible. 

3. La azotea: ella se niega a abandonar el departamento donde pare y atiende a su hija y a su padre enfermo. Pero la angustia, la fantasía de un escape imposible son un motor irrefrenable. 

4. Novelas de espera, desesperación y esperanza. Gran parte de las tramas se desarrollan en pequeños departamentos y con las protagonistas junto a un(a) niño(a) que, aunque superficialmente intensifican su asfixia, en el fondo son un bálsamo que las ayuda a resistir. ¿A resistir o a prolongar la agonía? 

5. En ambas hay un peligro latente, inmediato. El miedo se encarna en cada pasaje. En ambas, las mujeres se rehúsan, hasta el final, a romper el vínculo odio-amor.

6. Trías hace gala de una especial pericia para transmitir el desasosiego que agobia a sus personajes y que se trasunta en los escenarios: encierro voluntario, en un caso; contexto apocalíptico, en el otro. 

7. ¿Cuánto de común (diálogo) hay entre estas dos novelas y el El monte de las furias? Poco y mucho, según perspectivas. En todo caso, es evidente que Trías tiene algunos temas y búsquedas que le dan vueltas, que le obsesionan, que repite y que plasma en obras redondas y de alta factura. Esta nueva novela vale tanto como las otras dos, aunque, si hay que elegir, se queda en un honroso tercer peldaño apenas un poco abajo



Tags:



BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia