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Bitacora | 01/03/2026   07:03

Acerca de Intersecciones, un hacer

Bajo la premisa de que “el teatro boliviano produce mucho más de lo que registra”, surgió una iniciativa clave para impulsar las artes escénicas.

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Brújula Digital|01|03|26|

Omar Rocha Velasco

Dije en la primera entrega que hablaré de algunas señales, las que estén a mi alcance, de lo que actualmente está pasando en el teatro boliviano. Inicio este camino escribiendo sobre “Intersecciones: cuerpo, pensamiento y letras teatrales”. Pensé en anteponer la palabra “proyecto”, pero prefiero no hacerlo por su íntima relación con el futuro; es decir, con una posibilidad, una potencia o un proyectar. Estos sentidos no tienen correspondencia con lo que quiero decir. Intersecciones, claramente, no es un “proyecto” y, por eso, allí donde tenga la tentación de escribir esa palabra, escribiré otra más certera: “hacer”.

En febrero de 2023 participé de una reunión convocada por Katy Bustillos, Ramiro Mendoza, Toto Torres, Samadi Valcárcel, Alejandra del Carpio, Darío Torres y Camilo Gil. Era sábado o domingo por la mañana, hacía frío y ocupamos uno de los espacios de la Casa Grito en San Miguel. Es difícil reconstruir una escena sucedida hace tres años, pero es imposible olvidar el impulso, la determinación y la claridad de unos jóvenes que anunciaban que pondrían el cuerpo, actuarían y trabajarían para mejorar las condiciones del teatro en Bolivia. 

En un país en el que el arte en general es concebido por el Estado como tarima, colorido o actividad distractiva que cobra legitimidad solo si está al servicio de los que gobiernan (ya ni siquiera de sus ideas), y por la empresa privada como un activo de fácil y efímera circulación, travestido de responsabilidad social y estetización digital de lo cotidiano, el diagnóstico no es difícil de imaginar: fondos concursables inexistentes, pocas publicaciones, formación insuficiente y un larguísimo etcétera. En esas condiciones, ¿existe realmente el teatro en Bolivia? Tremenda pregunta que aquellos jóvenes tomaron a su cargo, no desde el lamento, sino desde un “hacer”.

Pensé mucho en las diferencias generacionales, en las motivaciones que generan tanta responsabilidad y derivan en labores, dones y tareas. ¿Qué ha logrado mi generación? ¿Qué hace que alguien se involucre de verdad en algo? Quizá las acciones de estos… ¿milenials, generación z? sean metonimias de la crianza de gatitos o derivados de su conciencia ambiental, lo cierto es que sus compromisos personales se presentan más potentes y sólidos que aquellos sustentados por grandes ideales, cada vez menos creíbles, menos sustentables y más desmentidos.   

Sea como fuere, este “hacer” se concretó rápidamente y en tres años han logrado avances impresionantes en cada uno de sus componentes: cuerpo, pensamiento y letras. Así, los clicks que permiten surfear por sus redes sociales, dejan ver lo siguiente: convocatorias para presentar textos dramáticos a ser publicados (“tus textos pueden formar parte de una publicación impresa que circulará en festivales, bibliotecas y espacios culturales dentro y fuera de Bolivia”); lecturas dramatizadas (“una oportunidad para compartir procesos, escuchar nuevas escrituras y encontrarnos en torno a la dramaturgia boliviana contemporánea”); conversatorios (“se llevará a cabo en modalidad híbrida. ¡Una excelente oportunidad para aprender más sobre la dramaturgia y el arte escénico en Bolivia!”); cursos (“Cartografías dramáticas es un programa gratuito de formación en dramaturgia contemporánea dirigido a artistas de Bolivia, con talleres intensivos y clínicas de escritura, en modalidad híbrida. Podrás participar de manera virtual o presencial”); investigaciones interdisciplinares (“te presentamos la serie de libros Picnic frente al abismo: una exploración transdisciplinar sobre la temporalidad y la ficción”); publicación de libros (“de la serie “Obras selectas”, uno dedicado a la dramaturgia de Claudia Eid y el otro a la dramaturgia de Percy Jiménez); talleres de dramaturgia (“De cero es un taller de dramaturgia con Claudia Eid, donde exploraremos cómo encontrar nuestras fuentes de escritura, cómo investigar y transformar referencias en historias, cómo estructurar una obra teatral desde la escaleta”) y otros cursos (“creemos conveniente fortalecer el área de redacción académica para tener escritos de alta calidad y que puedan ser publicadas. Si tienes una investigación en curso, o te gustaría iniciarla, este taller te guiará a plasmar tus ideas, tus prácticas escénicas y tus propuestas artísticas en la escritura”).

Salen, entonces, a relucir las incomodidades que motivaron a estos “haceres” y sus hacedores: el teatro boliviano produce mucho más de lo que registra. No tenemos una historia seria del teatro boliviano. No se tienen estudios sobre las poéticas y estéticas que configuraron lo que actualmente es el teatro en nuestro país. No existen espacios donde la dramaturgia boliviana sea recopilada y publicada. No existen espacios que asuman la investigación sobre las artes escénicas bolivianas. La forma de responder a estas falencias fue asumir la responsabilidad de resolverlas a través del cuerpo –territorialización concreta, hacerse cargo de investigación y archivo–, pensamiento –reflexión, producción de conocimiento, teorización, conceptualización– y letra ‒fijar por escrito lo que ha circulado en ensayos y puestas, recopilar y publicar‒. 

¡Larga vida a Intersecciones!



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