Los tres españoles están en el top de “objetos de deseo de coleccionistas” en la Gran Manzana.
Brújula Digital|EFE|15|02|26|
Alicia Sánchez Gómez
En el interior de una galería del SoHo, uno de los barrios más artísticos de Nueva York, llaman la atención al público decenas de piezas de los españoles Picasso, Goya, Dalí y Miró, pintores que además forman parte del “top ten” de los más codiciados entre los coleccionistas de la Gran Manzana.
Frente a una recopilación de grabados de Dalí en la Park West Gallery, el director de operaciones de la galería, John Block, enfatiza la importancia del arte español, que “moldeó la manera en que el mundo entero se relaciona con el arte”. “Desde sus raíces españolas, estos artistas conectaron al mundo con un concepto más amplio” del mundo de la pintura, insiste el ejecutivo, rodeado también de piezas de pintores europeos como Rembrandt, Henri Matisse, Renoir o Marc Chagall.
A sus espaldas, cuelgan de la pared 100 grabados en los que Dalí ilustra los versos de La Divina Comedia de Dante Alighieri, que le fueron encargados en 1950 por el gobierno italiano con motivo de la futura conmemoración del 700 aniversario del nacimiento del autor, celebrado en 1965. La entidad adquirió la colección a través de la editorial Les Heures Claires, que asumió la publicación de una edición ilustrada de La Divina Comedia con las pinturas del catalán, explica Block.
Más allá del poema épico, la galería expone otros dibujos y acuarelas de Dalí, entre los que destaca una litografía de 1979 de la bahía de Portlligat, un pequeño pueblo de Cadaqués. Y es que Dalí es, junto con Picasso, la estrella de la exposición: “hay mucho misticismo y una especie de emoción en torno a su obra. La gente puede quedarse en esta galería durante horas, mirando una sola pieza y tratando de descifrar qué quería decir”.
Picasso, el más codiciado
Picasso, Dalí y Miró están entre los diez artistas más codiciados, explica Block, aunque el pintor malagueño sobresale por encima de los demás. Y es que el cubista “es el estándar de oro del arte”, según Block. “La gente lo asocia con el valor igual que asociaría el oro. Todo el mundo quiere tener un Picasso en su colección”.
El inconfundible estilo del artista brilla en unas 40 piezas que se exponen a lo largo de la primera planta de la galería, como un retrato de una mujer cabizbaja que forma parte de su “etapa azul” y que está firmado a lápiz por su nieta Marina. También se exponen varios dibujos del pintor, entre ellos un boceto en el que retrata de perfil a una mujer con semblante serio y una pequeña pieza de un caballo que firma con “Pablo R. Picasso”.
Del catalán Joan Miró, que destaca en la muestra con tres grandes piezas (Le Grand Ordinateur, de 1969; Litograph IV, de 1972; y La Pierre Philosophale, de 1975), Block aplaude su capacidad para crear “su propio lenguaje visual basado en el arte popular catalán, el arte infantil y las pinturas rupestres”. “No todo el mundo lo entiende. O lo aman o lo detestan, pero si lo aman no pueden irse de la galería sin una de sus obras”, asegura.
Francisco de Goya, por su parte, queda relegado en la muestra a un pequeño espacio en la planta baja de la galería, donde se exponen pequeños grabados del artista de 1799, época en la que se quedó sordo y comenzó a explorar una pintura más íntima y oscura.