Una lectura de "El comienzo del paraíso" (Páginas de espuma / Nuevo Milenio, 2025), el más reciente libro de cuentos de Edmundo Paz Soldán, que viene a dar continuidad a los universos ya explorados en sus dos anteriores novelas.
Brújula Digital|25|01|26|
Martín Zelaya
La intervención del hombre le dio vida a un pantano; una vida radiactiva, una vida antinatural, una vida en reacción violenta. Un piloto cae en su nave, derribada por el enemigo, y el fango y las ramas de los árboles podridos, poco a poco lo devoran, se encarnan en él, cobran su consciencia y razón.
El hombre sigue ocupado en guerras y angurria por riquezas, y no se da cuenta de la estela de destrucción que va dejando. Así es “El increíble hombre del pantano”, el cuento que abre el libro.
Un lugar lleno de fósiles y bacterias sumergidas que ningún científico había descubierto todavía, conjurándose para abrazarlo en su caída. (16)
En “Sideral”, un planetario es tomado por arañas luminosas genéticamente modificadas a nombre del arte. La intervención humana no solo degenera otras especies; genera algo nuevo, espurio; algo que, lógicamente, terminará volviéndose en contra de su creador.
En “La Madre”, una organización naturalista alternativa gana poder e impone una nueva verdad contra la ciencia. Las prácticas extrañas, la corrupción no tardan en sobreponerse, afectando la vida de la comunidad. Todo gira en torno a la “Madre”, líder creadora, ser supremo que, a fin de cuentas, nadie sabe si realmente existe.
El miedo es por dónde nos controlan. Se trata de una batalla espiritual y hay que ganarla. Como dice la Madre, debemos purificar nuestro ser, enseñarle a crear anticuerpos de manera natural. (37)
Al igual que en sus dos anteriores novelas, La mirada de las plantas (2022) y Área protegida (2024), en este libro Paz Soldán vuelve sobre una idea que sigue dando vueltas y vueltas en su mente: la cada vez más cercana hora final en la relación naturaleza-humanidad tal como ahora la conocemos.
¿Qué se vendrá después? Cuando lo inminente ya sea una realidad, cuando debamos empezar a lidiar con los efectos irreversibles de nuestra devastación.
Aparece una tortuga gigante en el Chaco. Se la entregan a una veterinaria sordomuda que se comunica mediante un chip implantado que le ayuda a emitir una voz desde su celular. La tortuga emite una vibración constante que atrae a otros animales que se pegan a su caparazón.
“Soy una tortuga” está ambientado en un contexto en el que la sobreexplotación gasífera destruye hábitats y provoca fenómenos raros. Las mutaciones y evoluciones artificialmente provocadas, bien pueden llevar a la regresión.
El animal los convocaba y les hacía ver que ellos, los desamparados del mundo, podían crear juntos una nueva forma de vida en la tierra. (55)
Sigue en esa línea “La reserva del puma”: los árboles de un parque nacional cercano a un botadero industrial empiezan a desarrollar material sintético como parte de su organismo. Hay uno, “el estrangulador”, que es una especie de enredadera autónoma que mata y parasita no solo a otros árboles.
Otra vez la naturaleza cobra vida y cobra otras vidas. Se adapta para resistir la contaminación, la vulneración que proviene del hombre. Siempre va a sobrevivir, porque tiene capacidad de acomodarse, de modificarse para mejorar.
Las que se extinguen son las especies que nos caen bien, con las que nos relacionamos más, los animales grandes y lindos y de mayor peso simbólico, los árboles imponentes como el castaño, pero los verdaderos dueños del mundo son los microbios y ellos están mejor que nunca. (80)
“Las enloquecidas estrellas” vuelve sobre algunas interrogantes aún no esclarecidas: ¿qué secretos guarda el abisal? ¿Qué sorpresas aún no nos revela la naturaleza? Un científico perfecciona las exploraciones submarinas; su amante plasma en dibujos y textos lo que él le describe: criaturas inverosímiles. Un delirante ataque, una desaparición, una intriga…
“Mi problema con los fantasmas” es una historia polifónica con un solo trasfondo: lo ausente, lo aniquilado que trasciende y queda como un fantasma que perdura en la memoria.
El fuego arrasa California. Una pareja vuelve a las ruinas de su casa, una fotógrafa y su hermana van al foco del incendio y las acusan de iniciarlo, una naturalista lamenta la casi extinción de una especie de búho, un cura empieza a exorcizar a la gente invadida por los fantasmas de los muertos que no se quieren ir. Y en medio de todo, Emeterio Villamil de Rada tratando de hacer fortuna en la San Francisco de un siglo atrás.
Los muertos no aceptan que están muertos. Sus vecinos, sus compañeros de trabajo, incluso los gatos y perros que murieron en el incendio y los árboles que se quemaron. Usted es puro y bueno y todos esos fantasmas entraron a su pecho en un descuido y se refugiaron allí. Es un recipiente para ellos que expresan su pena y resentimiento a través de usted. (115)
Cierran el libro dos cuentos que no desentonan con la premisa, pero que además forman parte de otro eje de las exploraciones de Paz Soldán en los últimos años: un posible futuro mediato, o lejano, en el que la Madre Tierra es ya apenas un viejo recuerdo y la tecnología cunde omnipotente.
“Animales de la península” es la historia de una isla a lo largo de varias décadas: animales que se extinguen, hombres que no pueden hacer nada, robots que van tomando la posta. Viéndolo de otra manera, más que solo sobrevivir y reponerse, el ecosistema en realidad hace que los demás se adecúen a su imperecedera presencia.
Había que ceder al humano y al animal potente de errores. Lo normal no es el mundo, decía, lo raro es el mundo. (136)
Hace mucho que el planeta Tierra ha dejado de ser lo que ahora es. Humanoides que dirigen a humanoides lo exploran. Seres que recién aprenden a sentir, temer, abstraer, se enfrentan a su prehistoria. Así es “Aire”, el último relato.
Quienes nos crearon decidieron que en ciertas cosas no debíamos imitar a los humanos: fuimos hechos a su imagen y semejanza, dice el texto sagrado, pero con cada nueva versión nos hemos ido alejando de ellos. Amemos a nuestros antepasados, pero sepamos ser otros. (146)
Este es un libro que reflexiona y advierte sobre las inexorables llegada y efectos del Antropoceno. Un pantallazo concentrado –en 150 páginas– de lo que podría pasar con la Tierra y sus especies en los siguientes años, por un lado; en los siguientes siglos, además. Para que aparezcan y se consoliden nuevas formas, muchas actuales deben extinguirse.
Bonus
Edmundo sigue en una reflexión –decíamos– sobre el destino ya inevitable que nos forjamos a punta de una inexplicable autodestrucción. Repasemos lo planteado en sus dos anteriores libros.
- La mirada de las plantas
Rai participa en un proyecto experimental que busca recuperar el efecto de los “viajes” provocados por las plantas alucinógenas e incorporarlos en la realidad virtual. A partir de esto se suceden una serie de hechos que –más allá de pertenecer a una realidad ficticia– ponen en entredicho muchas de las ineludibles realidades que las sociedades actuales viven y a las que están condenadas.
Todo lo que imagina el autor parece perfectamente posible y a la vuelta de la esquina. El dominio total sobre naturaleza y tecnología, en vez de propiciar la omnipotencia, bien pueden ser el gatillador de la decadencia que hace ya mucho se cierne sobre la sociedad: recién cuando el hombre se quede solo frente a sí mismo (cerebro, memoria, pasado, identidad) se dará cuenta de que su (auto)destrucción será irreversible.
- Área protegida
En la Amazonia boliviana del futuro cercano campea la minería invasiva; las oenegés ecologistas crean hologramas y animales de laboratorio para reemplazar a los extintos, que cada vez son más; y la gente recurre a sectas apocalípticas y ufólogas para llenar el vacío y contrarrestar el creciente desasosiego.
¿Qué pasará cuando el clima cambie de verdad de un día a otro y los desastres sean la normalidad? Cuando las disputas por espacio, recursos naturales y poder naturalicen la violencia y el crimen. Cuando el poder político pierda al fin las máscaras y se sirva abierta y despóticamente de la gente y de la Madre Tierra.
Área protegida es un libro que habla de política y violencia. De las utopías que nos prometen y que creemos. De los sueños e ideales que militamos y muchas veces dejamos, decepcionados. De la terrible certeza de que el hombre cambió el clima, cambió su hábitat, cambió su entorno, cambió –para mal, se entiende– todo lo que tocó… pero en sí mismo, no cambiará jamás en su tozuda pequeñez.
El “cambio” terminará de llegar algún día tras el declive lento pero irremisible que ya vivimos. Y las dudas se tornarán en negación y violencia. La sociedad de lo inminente está a la vuelta de la esquina.